La historia de un historiador

La historia de un historiador

28Dic21 0 Por Daniel Campione

Eric Hobsbawm ha sido el historiador más leído de las últimas décadas. Comenzó su obra con investigaciones sobre la clase trabajadora y continuó ocupándose de distintas formas de rebeldía. Luego fue autor de grandes trabajos de síntesis histórica, que llegaron a darle fama universal. Otro destacado historiador británico ha escrito una biografía de ricas facetas.

Richard J. Evans

Eric Hobsbawm. Una vida en la historia.

Buenos Aires: Crítica, 2021.

880 páginas.

Cosmopolita y políglota, Hobsbawm fue un historiador académico de formación marxista y asimismo militante comunista durante décadas, primero en Alemania, donde vivió de joven. Luego en el pequeño partido comunista del Reino Unido.

Sus posiciones de izquierda en sus acciones públicas y la base marxista de sus investigaciones se atenuaron con los años. Lo que no lo llevó a “saltar de vereda”. Nunca se arrepintió de su militancia ni de su identificación con la causa de la clase obrera.  Y sostuvo la reivindicación del pensamiento de Karl Marx hasta sus últimos días.

En su labor historiográfica supo aquilatar  una gran capacidad para hacer generalizaciones, junto con la facilidad para encontrar detalles reveladores e incorporarlos a su análisis. Y acompañó esos méritos intelectuales con la aptitud para desarrollar exposiciones atractivas y de comprensión asequible,  que le permitieron sumar multitud de lectores, mucho más allá del ámbito académico.

Su recorrido intelectual tuvo mucho que ver con su integración a grandes grupos de investigación y enseñanza, como en su momento el Grupo de Historiadores del Partido Comunista. También el colectivo de conducción de la extraordinaria revista Past and Present. El genio individual no eludió, al contrario, la construcción y difusión colectiva del conocimiento.

Miradas sobre un historiador en ascenso.

Evans acomete la biografía decidido a aportar un abordaje integral de la figura del autor de Rebeldes Primitivos. Se propone seguirlo en las diferentes dimensiones de su trayectoria vital e intelectual.

Rebeldes Primitivos - Eric Hobsbawm Ed Ariel | MercadoLibre
El de la foto estuvo entre los más importantes de sus libros tempranos.

Así inicia el libro con una pormenorizada narración acerca de su origen familiar, su infancia y sus años formativos, que le lleva más de doscientas páginas. Una extensión que puede resultar excesiva para lectores a los que cabe suponer interesados sobre todo en el lapso en que Hobsbawm ya se halla en el desarrollo de su obra historiográfica.

El empeño del biógrafo resulta de todos modos comprensible. Ha accedido a un vasto conjunto de materiales inéditos que incluye los papeles personales y familiares de su biografiado, que forman por sí solos un corpus imponente. Resulta lógico que haya querido volcar esa masa de información en su obra.

A medida que se avanza en el libro toma relieve la actuación académica de E.H, tanto en el terreno de la enseñanza como en el de la investigación, a partir de sus años de formación en la muy tradicional y elitista Universidad de Cambridge. Y destaca como, sin formar una escuela histórica, Hobsbawm supo orientar y asistir a historiadores del mundo entero, sin encerrarse en cenáculos restrictivos.

De hecho dedica  muchas páginas a la actuación académica en Birbeck College, una institución destinada a estudiantes a tiempo parcial (con obligaciones laborales) y en muchos casos bastante maduros respecto a la edad mínima para un alumno universitario. El historiador se desempeñó allí durante gran parte de su vida, en detrimento de espacios más “selectos”.

La biografía se detiene también en la vida privada del historiador, con sus avatares afectivos incluidos. Resulta tal vez más interesante la intersección entre sus costumbres privadas y su trabajo intelectual. Así su vagabundear de años por sitios de jazz dentro y fuera de Inglaterra. Lo que lo llevó a convertirse en todo un experto en el género, sobre el que escribió en abundancia.

Evans es un entusiasta de la obra y la personalidad de su biografiado y no se preocupa en disimularlo. Lo que no quita que dedique espacio a aspectos de su actuación que pueden resultar controvertibles, como su extrema preocupación por el cobro de derechos de autor tan elevados como fuera posible. Y el gran empeño puesto en que sus libros se tornaran éxitos de ventas.

En este último aspecto el autor incurre en detalles que no parecen de elevado interés. El lector se encuentra con páginas enteras dedicadas a la negociación con editoriales, al regateo de regalías y a resumir las cifras de ventas y las ganancias obtenidas por Hobsbawm. También se fascina con las presentaciones promocionales de sus libros ante grandes auditorios o en medios masivos.

Investigador marxista y hombre de izquierda

Al abordar la producción historiográfica Evans elude la tentación, muy presente en nuestra época, de brindar una mirada más o menos “aséptica” de esa obra, limitada a los planos más académicos. Remarca el compromiso político y la identificación de Hobsbawn con el marxismo, que influye sobre la elección de sus temas y en el enfoque con los que los desarrolla.

Aunque aclara desde un comienzo que nunca compartió los ideales políticos de su biografiado, enfatiza el refuerzo que su bagaje marxista significó para el nivel y la complejidad de sus aportes. Y el papel que jugó su identificación política en su comprensión analítica de movimientos cuestionadores del poder del capital. Y en particular en su vasto estudio de las grandes revoluciones europeas.

La Era De Las Revoluciones Eric Hobsbawm | MercadoLibre 📦
La era de la revolución fue el paso inicial de grandes síntesis sobre la historia moderna

Sí le achaca su insuficiente comprensión acerca de determinadas cuestiones, como toda la problemática en torno a naciones y nacionalismo y acerca de la perspectiva de género. Y sin acusarlo con todas las letras, señala cierto “eurocentrismo” en sus planteos.

Igualmente rescata la preocupación del historiador por encarar algunas de esas falencias, sin abdicar de la defensa de sus principales puntos de vista. Destaca que Hobsbawm destinó un libro, por cierto que exitoso en público y crítica, a las “cuestiones nacionales” hacia las que sentía escasa predisposición.

Le presta continuada atención a los esfuerzos de Eric por vincular el trabajo historiográfico con su ideología y a su relación con grandes historiadores marxistas. Pasan por estas páginas Edward P. Thompson, Rodney Hilton, Christopher Hill; en un período más reciente Perry Anderson, entre otros. También pasa revista a sus vínculos fuera de Gran Bretaña y del marxismo, en particular la escuela francesa de Annales.

El autor destina amplias secciones de la obra al proceso de  conversión del gran historiador en un “escritor para el gran público”. Es la época de sus libros titulados La era de… en los que combina la gran aptitud para la síntesis con una vastísima erudición y un envidiable ingenio expositivo. Será en ese período en que Eric es traducido a decenas de idiomas y se vuelve aún más viajero de lo que siempre fue.

Como complemento de ese período de masificación y universalización de su obra y su reputación, el biógrafo resalta cierta “absorción” de Hobsbawm por el establishment cultural e incluso político. Evans no le da a estas apreciaciones un sentido crítico, sólo lo constata como una atenuación del perfil radical que el gran historiador asumió en su juventud y madurez.

Sigue en detalle la repercusión de sus libros, la difusión que hace de ellos el propio autor, y la multitud de reseñas que generan. Tal vez hubiera sido deseable que dedicara un tratamiento más detallado al contenido de las obras, sin detenerse tanto en su recorrido público. Lo que queda claro es que en torno a la década de 1990 Eric se convirtió en una figura global, reverenciado en latitudes tan diversas como India o Brasil.

¿Por qué leer un libro de más de ochocientas páginas?

Se echa en falta un tratamiento más amplio de las diferentes etapas históricas que transitó el autor de Rebeldes Primitivos durante su larga vida. Si bien hay breves referencias a grandes sucesos políticos e incluso  a procesos socioeconómicos, el lector se queda con las ganas de una contextualización histórica más profunda.

De todas maneras, queda claro que el biógrafo hizo una opción por atender al recorrido personal de Eric por encima de cualquier otra prioridad. Profesor de historia moderna europea (y autor de una monumental trilogía sobre el Tercer Reich), Evans no vuelca esos conocimientos en la obra, salvo en pequeña proporción.

Tal vez estuvo presente en su decisión la inquietud porque la extensión del libro se volviera inmanejable e incluso la de que esto pudiera atentar contra su éxito comercial.

A la hora del balance acerca de esta minuciosa biografía, cabe ubicar en el haber que construye una mirada, informativa y con pasajes de reflexión, sobre aspectos de la construcción del saber historiográfico del siglo XX e incluso el de los albores del XXI.  

Y nos aproxima a una comprensión del trabajo y de la figura de Hobsbawm, más allá de que se añore un mayor tratamiento de algunas de sus dimensiones.

La prosa de Evans es de fácil lectura, hasta el punto de hacer que el recorrido de casi 900 páginas no sea abrumador. Claramente no es una obra sólo para especialistas. Basta el amor por la historia, que puede estar enriquecido por la voluntad de debate  con alguna de las opiniones que se vuelcan en el libro.

Lecturas: Las muchas vidas de Eric Hosbawm - LA NACION

Daniel Campione

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter