Amor de juzgado

Amor de juzgado

6Ene22 0 Por Alfredo Grande

El beso de la Jueza es análogo al beso de la mujer araña, la inolvidable novela de Manuel Puig.

Hay dos formas de vivir.  Aunque es probable que haya más. – Vivir con lo nuestro, como proponía Aldo Ferrer. O vivir con lo ajeno, como propone el Fondo Monetario Internacional. Dicho esto, me interesa realizar un breve análisis de como el vivir con lo ajeno forma parte del ser nacional, incluso nacional y popular. Una de las formas de la alienación, ya que hay varias mutaciones posibles, es tomar lo ajeno como propio y tomar lo propio como ajeno. Racionalidad invertida que le dicen. La jueza se deja filmar cometiendo un delito tipificado como “abuso de posición dominante”. Una jueza y un preso no es un buen ejemplo de una relación horizontal ni simétrica. Si le dio un beso o un sopapo no hace al fundante de la cuestión. Tampoco los delitos aberrantes cometidos por el agraciado con los mimos de la magistrada, es tema de esta reflexión. Lo preocupante es la flagrancia, la evidencia sensible y cuasi audible, de que los lados del mostrador cada vez son más delgados. Pienso que si hubiera sido un juez besuqueando a una detenida, la repercusión hubiera llegado a los cimientos del patriarcado. Pero como ya he mencionado, el patriarcado no tiene género. Justamente el Orden Patriarcal toma lo ajeno como si fuera propio. Y sostiene prácticas de sometimiento constante. El beso de la Jueza es análogo al beso de la mujer araña, la inolvidable novela de Manuel Puig. Pero la tela de esta araña es la industria del delito, en la cual participan de los dos lados del mostrador. La denominada “puerta giratoria” no es solamente un tema jurídico. Es también político y económica. El delito organizado entre varios poderes del Estado (del Estado propio y del Estado ajeno) es una industria. Decir problemas de “seguridad” es ingenuo, cómplice o ambas cosas. Industria que tiene trabajadores de distinto grado de calificación. Desde los “fungibles” habitualmente conocidos como “perejiles” hasta los instigadores, siempre en las sombras. Sin rostro y con mis máscaras. La jueza actualiza la verdad que escribiera Nicolás Guillén: “no sé por qué piensas tú, “asesino” que te odio yo, si somos la misma cosa, tu y yo”

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