Badiou y la confianza en la juventud

Badiou y la confianza en la juventud

9Ene22 0 Por Pablo Peron

El filósofo Alain Badiou se dirige específicamente a les jóvenes, no con el afán de brindar verticalmente un instructivo sobre cómo vivir dicha etapa vital sino para poner sobre la mesa, cómo el capitalismo intenta aprovechar para sí el derrumbe de las simbologías tradicionales. Alerta “ni la tradición, ni lo contemporáneo dominante” y hasta se permite ironizar sobre construir una alianza jóvenes-ancianos contra el mundo de los adultos.

“La juventud está perdida” escuchamos más de una vez, desde hace décadas, hoy inclusive de modo amplificado desde el conservadurismo de los medios masivos de comunicación. Pero nos preguntamos si realmente la juventud es una entidad que “se pierde”. Y eventualmente ¿sola? ¿deliberadamente? ¿No será que el poder dominante, a sabiendas del carácter disruptivo de esa franja social, necesita distraerla, desorientarla o moldearla en su beneficio? Una vez más, un lugar común y arraigado como la citada frase, nos obliga a repensar en su sentido y alcance. Particularmente, en el papel de les jóvenes en los procesos sociales, más aún en el presente contexto de pandemia.

Casi a sus 80 años, y a partir de una serie de charlas con estudiantes, Alain Badiou ofrece un conjunto de diagnósticos e ideas relacionadas con la juventud, en pos de evitar la falsa dicotomía entre “volver al pasado” o reproducir graciosamente las lógicas de mercado, y propone disponer el terreno para experimentar lo que da nombre al ensayo al que nos referimos: “La verdadera vida”. El pensador francés afirma que la juventud hoy ostenta dos enemigos fundamentales. Por un lado, la pasión desmesurada por lo inmediato, lo que redunda en una falta de sentido unificado de la vida. El otro enemigo es el apetito por ajustarse al orden existente, encontrando un lugar de mera comodidad y consumo. Es decir, posibles derroteros que respectivamente sugieren un no future o, una lisa y llana, reproducción del statu quo (la falsa vida).

En un mundo globalizado, con una obscena brecha material entre el 10% más rico y el resto de la humanidad, el sistema promueve un individualismo que distorsiona o anula la figura del otro, en una agresión permanente hacia nuestra disposición a lo comunitario, al bien colectivo, a ser con otres. Por supuesto, les jóvenes no solamente no están exentos de ese ataque, sino que en los últimos años particularmente son blanco de una pauperización en sus condiciones de vida, en sus derechos sociales y en sus libertades civiles. El Neoliberalismo, a través de una ingeniería de dispositivos, promueve libertades ficticias para quien esté en condiciones socioeconómicas de ejercitarlas.

Para el resto, la nada misma o peor aún: el adiestramiento del sujeto ante el brillo de los objetos de consumo. La frustración, la sensación de que no se puede por ineptitud personal, los horizontes desdibujados y la ausencia de puntos de apoyo firmes, son moneda corriente, pero no azarosos. Ese es el tránsito que como una vasta arena movediza prevalece delante de millones de muchachas y muchachos cuyas condiciones de trabajo o de estudio son cada vez más míseras. Así, se elevan como supuesta alternativa, las voces de las viejas jerarquías patriarcales, clericales y oligárquicas. Curiosamente pretenden prescribir el tratamiento, aquellos que durante siglos fueron causa de una enfermedad de la que son históricamente responsables. Más allá del terreno que dichos sectores han ganado en la opinión pública en los últimos años, tampoco hay allí una salida promisoria.

Para Badiou (que precisamente fuera un joven activista en el Mayo Francés) es impostergable cambiar el mundo, de raíz, para lo cual lógicamente es inevitable asumir riesgos. También implica la unidad de las mayorías para sortear la confrontación entre quienes tienen poco y quienes nada tienen, antagonismo que el capitalismo aviva y requiere. La verdadera vida no vendrá de la mano de la neutralidad mercantil ni de las jerarquías arcaicas sino de la formación de nuevos sustratos subjetivos, de la colectivización de bienes, de la pulverización de las desigualdades y del respeto de las diferencias. En ese orden, anima a “utilizar aquello de lo que uno es capaz, pero también aquello de lo que ustedes no saben todavía que son capaces, y justamente es lo más importante”. En palabras del Che, “la juventud tiene que crear”. Y es posible crear otro escenario, otro sujeto, otro planeta, aunque el discurso hegemónico insista en desdeñar nuestras capacidades, en obturar el paso de la historia, en negar que detrás de cada mundo a construir, hay una ideología.

Pablo Perón

Alain Badiou, (2017) – “La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes”
Buenos Aires: Interzona [126 pp.]

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