La Semana Trágica: dos judíos en la tormenta

La Semana Trágica: dos judíos en la tormenta

9Ene22 0 Por Daniel Silber

La represión antiobrera de enero de 1919 tuvo un fuerte sesgo antisemita, con rasgos de pogrom. Aquí se recuerdan esos hechos y también a dos figuras de origen judío que actuaron en esos días: Alberto Palcos y Pinie Katz.

Muchos consideran a la Semana Trágica de enero de 1919 como el primer pogrom en Buenos Aires. Lo cierto es que la brutalidad con que actuaron las fuerzas represivas oficiales (ejército, policías, bomberos) y las paramilitares (las bandas organizadas por la Asociación [patronal] del Trabajo y la naciente Liga Patriótica Argentina) fue extraordinaria, con un ensañamiento en particular sobre la comunidad judía.

Todo había comenzado con una huelga de los trabajadores en los talleres Vasena. Los dueños no tuvieron mejor idea que contratar “carneros” para romper el paro.

El enfrentamiento entre obreros y “carneros” (acompañados por matones) derivó en la muerte de varios trabajadores. Su sepelio fue masivo. Durante la marcha del cortejo, se produjo nuevamente la agresión patronal, lo que derivó en otras víctimas. El 9 de enero, miles de trabajadores se concentraron en diversos lugares y el paro metalúrgico se transformó –impulsado por los anarquistas de la FORA del V Congreso, los sindicalistas revolucionarios, socialistas y comunistas de la FORA del IX Congreso y por la combatividad espontánea de las masas– en paro general. Pararon portuarios, alpargateros, tranviarios y otros. La movilización fue general y el paro total en la ciudad. Hubo enfrentamientos armados entre huelguistas y fuerzas represivas.

Ante el curso de los acontecimientos y al no poder mantener el control, Hipólito Yrigoyen nombró Comandante Militar de la Capital Federal al General Luis J. Dellepiane, un oficial que había sido jefe de policía luego del ajusticiamiento del Coronel Ramón Falcón –también jefe de Policía, caracterizado por su “mano de hierro” ante las luchas obreras de comienzos del siglo XX- y se había destacado en la represión antiobrera en los días del Centenario, cuando desplegó tropas de marinería, ejército y policía en Buenos Aires.

General Luis J. Dellepiane

Como el movimiento popular no disminuía, se desató la represión. Por un lado, las fuerzas “oficiales”, pero por otro, bandas de mercenarios y “niños bien” –entrenados y armados por el Círculo Naval y la Asociación del Trabajo-, recorriendo los barrios a la caza de “maximalistas”. La Revolución de Octubre en Rusia de 1917 y los bolcheviques en el poder habían causado espanto en las clases dominantes argentinas.

Para ellos y para ese matonaje a su servicio todo judío era ruso y todo ruso era maximalista. Se desató una inmunda oleada de antisemitismo y numerosos “niños bien” recorrían los barrios humildes cazando “rusos” y “catalanes”, denominaciones con las que se unificaba, en el primer caso, a los judíos, eslavos y comunistas y, en el segundo, a los anarquistas. La escarapela, los brazaletes celestes y blancos y la denominación de “argentinos”, unía a los represores, bajo una xenófoba concepción del “patriotismo” y el “argentinismo”.

Se asaltaron bibliotecas, centros culturales, sindicatos, domicilios particulares. El gobierno permitió que las organizaciones paramilitares funcionasen en las comisarías. Estas, al estilo de los pogroms que se hacían en la Rusia zarista, atacaban los locales de las organizaciones judías. Según José Ingenieros, la responsable de la persecución antisemita fue una “sociedad semisecreta de estudiantes, ex alumnos de colegios jesuíticos, manejados por algunos sacerdotes que hacen política clerical militante al servicio de las clases conservadoras”.

Días después de esta verdadera ordalía, terminó la represión. El saldo fue una gran cantidad de personas muertas, heridas, detenidas y represaliadas; según las fuentes, se habla más de 4000 muertos.

Al igual que en Berlín, luego de la represión a los espartaquistas –que se daba paralelamente-, “el orden reinó en Buenos Aires”.

Como era de esperar, los judíos de aquel Buenos Aires no solo fueron víctimas del ensañamiento patoteril policíaco y del ilegal. También fueron participes activos de la lucha del lado de los trabajadores. Dos personalidades diferentes –Alberto Palcos (un tanto oculto, incluso ignorado) y Pinie Katz (redactor jefe de Di Presse y fundador del ICUF (Federación de Unidades Culturales Judías), ambos desde la izquierda, estuvieron entre ellos. Palcos desde fuera de la colectividad y como militante del recién creado Partido Socialista Internacional (luego Partido Comunista) y Katz desde dentro de la colectividad, en tanto animador de Di Presse

Alberto Palcos

Alberto Palcos (1894-1965) fue un intelectual poco conocido en el presente; hijo de inmigrantes judíos nacido en Nueve de Julio (provincia de Buenos Aires) fue protagonista de la creación del Partido Socialista Internacional (1918 – luego Partido Comunista), integrando su Comité Ejecutivo.

Como militante de la izquierda revolucionaria, estuvo presente en las barricadas de la Semana Trágica de 1919, donde las “fuerzas del orden” (policías, ejército, bomberos) del gobierno de Yrigoyen, junto con organizaciones parapoliciales y paramilitares (la Liga “Patriótica” Argentina) reprimieron al movimiento obrero en general y a la colectividad judía en particular, desatando un verdadero pogrom en los barrios de Buenos Aires. La Federación Universitaria Argentina (FUA), de la cual él era dirigente nacional, emitió un duro documento al respecto con la firma de personalidades (futuras) como Gabriel del Mazo y Gregorio Bermann.

Militante socialista (desde 1913) en sus comienzos, simboliza esa generación juvenil que recibió el impacto de la Revolución Rusa. Como dirigente estudiantil de la FUA, fue uno de los articuladores de la Reforma Universitaria a nivel nacional y un gran difusor de sus contenidos democráticos y progresistas.

Dentro del Partido Socialista, junto con Gregorio Bermann y Simón Scheimberg y otros más integró la fracción “tercerista” (así llamada por propiciar la adhesión a la Tercera Internacional) y cuyo principal portavoz en la dirección partidaria fue Enrique del Valle Iberlucea. Perteneció al círculo de jóvenes socialistas de izquierda que rodearon en sus últimos años a José Ingenieros. Bajo el padrinazgo de Ingenieros integra el grupo editor de Claridad.

 Esta era una revista quincenal socialista de crítica, literatura y arte (Buenos Aires, 1920), cuyo nombre recogía el llamado del grupo Clarté de París a través del cual estudiantes e intelectuales de todo el mundo apoyaron a la Unión Soviética en sus primeros años de existencia. Palcos había dirigido la Revista Socialista de 1917 y en 1918 dirige la revista La Internacional, órgano del Partido Socialista Internacional y es candidato a diputado por ese partido en ese año. Producida la Revolución Rusa de 1917 expresa –en un artículo escrito en 1919: “La revolución rusa. Su segundo aniversario”-  que refiere a la conmoción del tiempo histórico de la mano de un tiempo propio que propone la experiencia rusa, valiéndose para ello de la frase de Romain Rolland: “el reloj del mundo anda atrasado y es necesario ponerlo a hora con el de Petrogrado (antes Leningrado, hoy San Petersburgo)”.

La mayor parte de los integrantes de esa fracción “tercerista” fue expulsada del PS tras su IV Congreso Extraordinario (Bahía Blanca, enero 1921). El “Grupo Claridad” realizó el “Congreso de las Izquierdas” (Avellaneda, febrero 1921), donde algunos sostuvieron la postura de proponer al PC un congreso de fusión, mientras que otros propugnaron ingresar incondicionalmente al Partido Comunista. Tiempo después (1922) Palcos –con una postura “centrista”, de acuerdos con el PS- se retiró del PC y acompañó a Aldo Cantoni en su gestión como gobernador de San Juan.

Entre sus numerosos trabajos, como intelectual de valía, Palcos –integró la Academia Nacional de Historia- escribió Echeverría y la democracia argentina (1941), El Facundo: rasgos de Sarmiento (1934), El genio: ensayo sobre su génesis, sus factores biológicos y sociales y sus funciones en la especie y en la sociedad (1926), Sarmiento, la vida, la obra, las ideas, el genio (1929), Hechos y glorias del general San Martín: espíritu y trayectoria del gran capitán (1950)

Echeverria Y La Democracia Argentina - Palcos, Alberto | MercadoLibre

Pinie Katz

Nacido cerca de Odesa en 1881, llegó a la Argentina en 1906. En 1918 funda el diario Di Presse, que pronto se convierte en vocero de los sectores progresistas de la colectividad judía.

Como tal, es un testigo privilegiado de la Semana Trágica y nos cuenta que “…se crearon dos organizaciones profundamente ligadas entre sí y que se complementaban una llamada ‘Asociación del Trabajo’, unión de los grandes industriales (…) y la otra, la ‘Liga Patriótica’ (…) La primera financiaba a la segunda…con los aportes de la primera, la otra organizó en todas las ciudades y pueblos ‘brigadas’ compuestas por gente del hampa, gente de trabajo ocasional, rompehuelgas junto con la ‘juventud dorada’ y cuya finalidad era acudir donde hubiere una huelga (…) a fin de proteger a la industria nacional contra los obreros criminales que la querían hundir con sus exageras pretensiones (…) ‘La guardia blanca’ era el apodo dado a estos matones y rompehuelgas, de acuerdo a la terminología de la Revolución Rusa (…) Los obreros de la fábrica metalúrgica Vasena se declararon en huelga y la Liga Patriótica, cumpliendo su ‘patriótico’ deber mandó a la fábrica sus matones y rompehuelgas. Los obreros y sus mujeres comenzaron a ‘piquetear’ las fábricas, a fin de convencer a los rompehuelgas de que no les quitaran el trabajo. La policía disparó contra los obreros y sus mujeres, cayendo muchas víctimas. La clase obrera declaró la huelga general, acompañando el sepelio de las víctimas en grandiosa manifestación hacia el cementerio, y allí ¿qué se vio? Las ‘brigadas’ de Manuel Carlés (máximo dirigente de la “Liga”) en formación, rodeadas de policías y ayudando a la policía. Y esta última, de a pie y a caballo, armada, formada por Corrientes, desde Pueyrredón a Callao, el barrio de los comercios judíos, y detrás de ella, nuevamente las ¨brigadas¨ que, revolver en mano disuelven al público y persiguen (… ) a los judíos, a los ‘rusos’. Rápidamente se cierran los negocios (…) y de vez en cuando (…) se comenta ‘los rusos de m… hicieron una revolución, incendiaron una iglesia, quemaron, quieren implantar el bolchevismo aquí’.

 Era el 9 de enero de 1919. Los judíos no salieron a la calle ese día. Pero en cambio, la policía y las brigadas los fueron a buscar a sus casas, especialmente a los locales de las bibliotecas judías. Al que lo encontraban en o cerca de una biblioteca (…) lo golpeaban (…) y después lo llevaban a la comisaría a golpearlo de nuevo. Las bibliotecas fueron destrozadas sin pérdida de tiempo (…) saliendo de la organización Avangard había sido arrestado el miembro de la redacción de Di Presse Pinie Vald, ‘bundista’ y su compañera Rosa Vainstein. Vald era el presunto presidente de la República Bolchevique que los ‘rusos’, con los catalanes y anarquistas querían implantar en la Argentina (…) Los diarios de entonces escribían que la represión había costado a los insurgentes 700 muertos y 4000 heridos, y que la policía había disparado cien mil tiros (…) ningún trabajador andaba de noche por la calle; sólo circulaban la policía y la ‘guardia blanca’ (…)  Sólo resta relatar el final judío de este episodio (…) el Comité con el rabino al frente (…) hubo de presentarse ante el jefe de policía y (…) dispusiera la tarea de ¨ayudar a la policía a desarraigar los elementos nocivos de la colectividad judía.’”

Pinie Katz, “Argentiner yid” | Radio Sefarad
Retrato de Pinie Katz

Este escrito de Katz puede encontrarse en Paginas Selectas (Editorial ICUF, Buenos Aires, 1980, trad. de Mina Fridman, pgs. 68 a 74). Si se lee con atención, más allá de la narración de los sucesos, nos deja ver algunas permanencias y continuidades –transcurrido más de un siglo- dentro y fuera de la colectividad judía

Dentro, tenemos que la colectividad:

a) Nunca fue homogénea; había quienes eran progresistas y quienes no.

b) Las instituciones “representativas” –el Comité en ese entonces- estaba compuesto por los sectores acomodados.

c) Estas instituciones buscaron amparo cerca del poder; en este caso, la policía.

d) El amparo consistió en complicidad con el poder (“ayudar a desarraigar a los elementos nocivos” de aquel momento).

Fuera de ella vemos

  1. Los poderosos se niegan a reconocer los derechos de los trabajadores y aspiran a reducirlos aún mas
  2. Los poderosos financian la represión ilegal
  3. La represión ilegal tiene una línea de continuidad desde la Liga Patriótica a la Alianza Anticomunista Argentina (y sus sucedáneos), pasando por la Legión Cívica, la Alianza Libertadora Nacionalista, Tacuara, la Guarda Restauradora Nacionalista y otras formaciones similares.

Daniel Silber. Vicepresidente segundo de ICUF (Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina).

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