Magaldi: “La voz sentimental de Buenos Aires”

Magaldi: “La voz sentimental de Buenos Aires”

13Ene22 0 Por Daniel Campione

Agustín Magaldi fue un artista de gran popularidad en tiempos en que la industria cultural entronizaba a “cantores criollos” acompañador por guitarras. Ejecutaban repertorios que combinaban lo rural con lo urbano. A posteriori Agustín quedaría “desajustado” de ciertos cánones de la sociedad “culta”.

“Demagogia” musical.

“A tu padre, de joven, le gustaba más Magaldi que Gardel.”  A mi mamá le complacía jactarse de cierta superioridad intelectual respecto de las personas que la rodeaban, y mi papá no estaba  eximido. Y a sus ojos, aquella preferencia por el cantor al que habían llamado “La voz sentimental de Buenos Aires” denotaba falta de gusto.  

Algo difícil de sostener respecto a mi padre, que escuchaba con placer a Bach, Debussy o Rachmaninoff. O en su vertiente folklórica disfrutaba a Atahualpa Yupanqui o Mercedes Sosa. Mi mamá no compartía esas aficiones.

En aquellos días, adjetivos como “populachero” o “demagógico” siempre estaban disponibles para descalificar a todxs aquellxs que merecieran censura desde alguna muy imprecisa definición de “cultura” o de “elegancia”.

Para circunscribirnos al mundo del tango, estaba claro que las orquestas de Juan D’Arienzo o de Alfredo de Ángelis o un cantor como Alberto Castillo no cumplían los requisitos mínimos para ser incorporados al gusto de quienes aspiraban a un mínimo de refinamiento. Castillo era “exagerado”, de Ángelis sonaba a “música de calesita”, D’Arienzo “asesinaba” los tangos al reducirlos casi sólo a la marcación del compás.

Corría la década de 1960 y las razones de rechazo no pasaban sólo (y quizá ni siquiera principalmente) por lo musical. Los músicos  y cantores mencionados eran percibidos como emblemas del peronismo. Al menos en mi grupo familiar la condena no era a la mera identificación peronista sino a ser exponentes acabados de cierto “plebeyismo” despreocupado de cualquier búsqueda de calidad.

Eso explica que no cayera en la picota Hugo del Carril. Era quizás el más peronista de todxs pero a la vez portador de una dignidad ética y artística incuestionable. Haber grabado Los muchachos peronistas no opacaba el haber filmado Las aguas bajan turbias.

Ni las múltiples manifestaciones de adhesión  a la “tiranía” de del Carril  anulaban el valor de haber puesto la cara para sacar de la cárcel a Alfredo Varela, el escritor comunista autor del guión de Las aguas…

Un muchacho de Casilda

Agustín Magaldi no formaba parte de ese universo. Había muerto en 1938, bastante antes del advenimiento del peronismo. Eso no lo eximía de las tachas desfavorables. No se trataba de desvalorizar la veta sentimental, también la habían cultivado Gardel, Corsini y otros cantores “respetables”.

Se suponía en cambio que Magaldi había dejado atrás la “mesura” del “Zorzal Criollo” y “El caballero cantor” y había pecado de “sensiblería”. No merecía por tanto un lugar en el campo de la “seriedad” y “moderación” que era casi la razón de vivir de la “clase media”.

Las décadas de 1920 y  1930 asistieron al auge de los cantores solistas, con acompañamiento guitarrístico más que orquestal.  Eran frecuentes los dúos para contraponer voces de colores diversos. Faltaba tiempo para que se produjera el apogeo de las orquestas. Por esos mismos años las cantantes mujeres, las llamadas “cancionistas” ocuparon un lugar de privilegio, que nunca recuperaron del todo.

Dentro de los “cantores criollos” de la época unas pocas figuras brillaban por sobre el resto. Entre ellas estaba Magaldi, durante mucho tiempo en dúo con Pedro Noda.

Venía del “interior”, era de Casilda, Santa Fe, aunque había vivido en Rosario. Había estudiado canto lírico, cuando iba  tras una frustrada vocación de cantante de ópera. En él el tango era una vertiente entre otras posibles. Allí estaba la música folklórica, la muy famosa cueca Los 60 granaderos había constituido uno de sus grandes éxitos.

Fue compositor de muchos de los temas que cantó con gran éxito, como los tangos Libertad, Vagabundo, Dios te salve m’hijo y Levanta la frente. También fue autor de las notas de la que fue quizás la más famosa de sus interpretaciones, El penado 14. Allí se evoca a los penales del sur y Agustín llegó  a cantarlo ante los reclusos de distintas cárceles.

Su imagen estaba ligada a la de un “muchacho trabajador” que venía de origen muy pobre, que conservaba su sencillez y cierta bonhomía de “hombre de tierra adentro”.

Agustín había desembarcado en Buenos Aires en la misma época en que la radio se convertía en un medio de comunicación de masas. Se tornó en una gran “estrella” de las presentaciones radiales “en vivo”. Tuvo momentos de colaboración y de encontronazos con el magnate radial de la época, Jaime Yankelevich. Supo también ser atracción máxima de una compañía discográfica, Brunswick malograda en una controvertida quiebra.

A Magaldi le faltó el cine. No pudo concretar la aspiración a seguir los pasos gardelianos en Hollywood. Una intervención, secundaria, en la película Monte criollo, fue mutilada. El poderoso recordatorio proyectado por las imágenes no jugó a su favor.

 Tampoco tuvo la posibilidad de una trayectoria prolongada…  Su carrera se vio interrumpida por la muerte, aún antes de cumplir 40  años. Ya no había lugar para otro más en el panteón de las muertes tempranas y trágicas, estaba allí Gardel instalado para siempre.

“La voz sentimental…” siguió siendo hasta hoy lo que suele llamarse “un artista de culto”, con coleccionistas y hasta fanáticos, pero sin refulgir en el complejo mundo tanguero.

Nieve

Mi padre jamás confirmó ni refutó la aseveración de que Agustín había sido el favorito de su juventud. Quizás la única señal fue cierto escepticismo hacia el culto gardeliano, con la mención explícita de que muchxs preferían a Corsini…o a Magaldi.

En cuanto  a mi mamá, fue bastantes años después que vine a saber que una canción que ella solía entonar en sus ratos de ocio, cuyo estribillo arrancaba “No cantes hermano no cantes, que Moscú se ha cubierto de nieve”, había sido uno de los grandes éxitos, como compositor e intérprete,  del cantor nacido en Casilda.

Más allá de las menciones “siberianas” de los versos, Nieve no era una “canción rusa” como se anunciaba en el disco y la partitura, sino que respondía al hispano ritmo del pasodoble. Tal vez por eso le agradaba a mi “vieja”, cultora de la música española.

Lo cierto es que mis dos progenitores habían quedado atrapados por la magia de Magaldi, ese cantor que supuestamente no calificaba para sus aspiraciones de cierta “distinción”.

Agustín sigue habitando el campo de la “canción criolla”, cuando el tango convivía con otros géneros y los versos podían invocar a Buenos Aires, a Mendoza…o a Siberia. Allí tiene un lugar en la memoria colectiva, entre los ecos de una sociedad argentina que ya dejaba de confiar en ser  sitio de una prosperidad inacabable. Y escuchaba con atención creciente a los que cantaban a la pobreza, a las condenas injustas, al vagabundeo sin esperanzas…

Daniel Campione en facebook

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