2021 fue un año “caliente” en materia de precios

2021 fue un año “caliente” en materia de precios

14Ene22 0 Por Tramas

Los datos emitidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) permitieron corroborar que la inflación de todo 2021 estuvo por encima del 50%. El ritmo inflacionario no puede sino agravar una situación ya muy mala. Y no hay soluciones a la vista.

Diciembre de 2021 registró una inflación de 3,8%, lo que llevó la marca de todo el año a 50,9%.

En cuanto a los rubros de bienes y servicios más afectados por los aumentos, los de primerísima necesidad (alimentos y bebidas no alcohólicas) tuvieron en el último mes un incremento bastante por arriba del promedio, de 4,3%. Lo que maximiza el impacto sobre los sectores de bajos ingresos, que gastan casi todos sus haberes en esos bienes básicos.

Entre los trastornos que causan los aumentos de precios no cabe duda de que el principal es el deterioro del poder adquisitivo de los salarios. El alza de los bienes y servicios que consumen los asalariados siempre precede cualquier suba de sueldos. Cuando estos se reajustan, a posteriori,  lxs trabajadorxs ya han perdido poder de compra en el tiempo intermedio, perjuicio que nadie les retorna.

La contracara es el beneficio de los empresarios que proveen las mercaderías. Gracias a la inflación ellos pueden operar con precios “nuevos” para los productos que venden, ya aumentados y pagar salarios “viejos” antes de cualquier recomposición. La diferencia se la embolsan, pura ganancia.

Estas circunstancias se agudizan cuando las sufren economías que vienen de un prolongado deterioro de los ingresos populares en forma de salarios, jubilaciones y prestaciones sociales. Argentina sufre una caída en los salarios reales que viene por lo menos desde 2018. Año a año el porcentaje de pérdida se acumula.

Entre 2018 y  2020 los sueldos experimentaron una disminución  en términos reales del 17% y los observadores coinciden en que cuando se hagan los cálculos para el año que terminó esta pérdida se habrá profundizado. El pronóstico del gobierno acerca de que en 2021 los salarios le ganarían a la inflación ha pasado a la lista de las promesas sin cumplir.

Eso con un nivel de ingresos que sitúa a más del 40% de la población por debajo de los niveles de pobreza. Y potenciándose con cifras muy altas de precarización y desempleo, circunstancias que obturan cualquier mecanismo de recomposición.

Los observadores coinciden en que, en los sectores comprendidos en convenios colectivos la evolución de los salarios se acercó al nivel de la inflación pero sin llegar a emparejarse con ella.

Todas las previsiones en la materia fueron ampliamente superadas. Basta recordar que el presupuesto para el año que pasó incluía una pauta inflacionaria anual del 29%. Y que la pauta de suba salarial para las negociaciones paritarias estaba proyectada en torno al 30 o 35% anual.

Queda claro que las variadas políticas de control de precios no tuvieron éxito. En sentido contrario operaron ciertas presiones provenientes del exterior como el repunte del precio internacional de los bienes agrarios que Argentina exporta y el paralelo incremento de insumos que la industria nacional utiliza en su proceso de producción.

El nuevo acuerdo de “Precios Cuidados” firmado por empresarios y la Secretaría de Comercio Interior en estos días llama al escepticismo en cuanto  a sus resultados. El presidente Alberto Fernández acaba de afirmar que los precios se hallan en una “senda descendente”, basándose en que en igual mes del año pasado los aumentos estuvieron en orden al 4%. No parece muy serio tomarse de un dato puntual, de una diferencia “favorable” de dos décimas.

No hay elementos que permitan avizorar una mejora para 2022. Incluso pende como amenaza de mayores aumentos la posibilidad de que se “descongelen” las tarifas de la energía, el transporte y los combustibles.

Las laboriosas tratativas con el Fondo Monetario Internacional (FMI) también hacen lo suyo.  Por un lado ya circula la “amenaza” de que una eventual falta de acuerdo con el organismo llevaría la inflación a niveles aún más elevados. Y en caso de  que el pacto se concrete, la imposición de una devaluación y de aumentos en las tarifas públicas también alimentaría nuevos aumentos.

Todo indica que se avecinan tiempos de fuertes luchas para preservar los ingresos populares de pérdidas aún mayores que las ya sufridas. El margen de los sindicalistas burócratas para pactar salarios “a la baja” se reduce en la medida que el descenso del poder adquisitivo se profundiza.

Tramas

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