The gold covid

The gold covid

18Ene22 1 Por Alfredo Grande

Cuando los gobiernos deciden pagar estafa, la hacen llamar deuda” (aforismo implicado).

La Quimera del Oro (The Gold Rush) fue estrenada en 1925. Cine blanco y negro, mudo, sin animación computada. A puro talento y sin efectos especiales, pero llena de efectos esenciales. Imposible saber si en estos tiempos el talento de Charles Chaplin hubiera filmado una saga: The Gold Covid. Pero me gusta imaginarlo. La pandemia presentada como uno de los tantos “males absolutos”, origen y causa de todas las calamidades, tiene sus salones VIP y sus impresionantes “nichos de mercado”. Para decirlo en el lenguaje de las corporaciones y los creativos de mercado, el virus planetario ha sido un unicornio que ha permitido un nuevo reciclaje del capitalismo.

La pandemia del COVID sigue incrementando la desigualdad en el mundo. Los diez hombres más ricos han duplicado su fortuna, que ha pasado de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares durante los primeros dos años de la pandemia. Mientras, los ingresos del 99% de la humanidad han empeorado con la COVID, que ha empujado a la pobreza a más de 160 millones de personas. Esta es una de las conclusiones del informe de Oxfam Intermón  “Las desigualdades matan”, publicado este lunes con motivo de la “Agenda de Davos” del Foro Económico Mundial. 

Se podría decir que sin pandemia igual hubieran duplicado, triplicado, quintuplicado esas fortunas. Ese es el tema. El sentido común, el más reaccionario de los sentidos, muestra que el corona es una plaga terrible, un enemigo invisible, comparable con algunas de las pestes con las cuales Jehová castigó al Faraón, y otras deplorables comparaciones. Pero como alguien escribió alguna vez, “véndale a un capitalista la idea de la revolución y hará dinero con ello”. Y se están haciendo fortunas con los efectos del aislamiento, la protección a distancia, los barbijos, el alcohol en gel, dejando como última pero no menos importante, el mega negocio de las vacunas. Negocio político: el enemigo interior son los “antivacunas”. Negocio periodístico: el miau miau Silvestre hablando de los covidiotas. Hasta que apareció un covidiota inesperado: el presidente de la Nación. Miau Miau puso maullido en bolsa. Negocio de económico. Que incluye negocio de prestigio, difusión, pole position en los medios, los permanentes momentos de meditación a cargo de los especialistas en poco que terminan sabiendo todo de nada.

Aclaro antes que me denuncien al Comisariato Sanitario, también conocido como Organización Mundial de la Salud (OMS). Uso barbijo, tres dosis de vacuna, cuatro incluyendo la sabin, y cumplí el aislamiento en mi isla privada en el caribe. Pero hacer un reduccionismo viral de la pandemia, ocultando y encubriendo que en el modo de producción capitalista todo se mide en clave de lucro, es ingenuo o cómplice, o ambas cosas.

Pandemia mediante ya no hablamos de flexibilización laboral sino de teletrabajo. Pandemia mediante ya no hablamos de pisar las calles nuevamente, sino de mandar link de zoom o meet. Pandemia mediante las declaraciones de funcionarios tienen la coartada del contagio estrecho para discutir via Twitter. Pandemia mediante, los contagiados con y sin vacunas son apenas daños colaterales para que la gran industria del entretenimiento, turismo y fiestas oficiales autodenominadas clandestinas generen ganancias astronómicas. Pandemia mediante, el poder de los grandes laboratorios de investigación y mistificación científica, de producción de venenos y antídotos en partes iguales, lleven a sus CEO a la tapa de las revistas de los billonarios.

Mientras los CEROS siguen esperando reajustes jubilatorios que en el mejor de los casos serán material de estudio para los antropólogos del futuro.  El ORO COVID es la quimera actual. Y como siempre pasa, no hay lucro que por mal no venga.

Alfredo Grande

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