Pasar a los hechos

Pasar a los hechos

19Ene22 0 Por Guillermo Cieza

En la madrugada del 14 de enero dos personas atentaron contra el bar y librería LGBTIQ Maricafe en la zona de Palermo, dejando un almohadón incendiado en la puerta. Este es un hecho que, asociado a otros que han venido produciéndose en los últimos días, muestra que algunas manifestaciones que por ahora se mantenían en el plano de lo verbal, han pasado a los hechos.



En la ciudad de Bahía Blanca se atacó con una bomba incendiaria el domicilio del Director de la Unidad Sanitaria 1, Maximiliano Nuñez Fariña. El hecho se lo atribuyó un autodenominado Comando de Restauración Nacional quienes acusan a este funcionario y otros trabajadores de salud, muchos de ellos vinculados a la fundación Huesped, del “asesinato de personas sanas en las terapias intensivas durante la Falsa Pandemia Mundial”. Ese mismo grupo se responsabilizó por un atentado contra la dirigente mapuche Olga Curipan a quien han sentenciado a muerte. En los últimos meses se ha atribuído seis atentados en esa ciudad. Con características muy parecidas, se han producido dos en Santa Rosa, La Pampa.


El contexto social y político de estos atentados es el de una sociedad que ha ido perdiendo progresivamente condiciones de vida y de bienestar. Menos trabajo formal, salarios más bajos, extensión de la precarización laboral, deterioro de los servicios públicos, dificultades para el acceso a una vivienda propia, y jubilaciones que no alcanzan. En lo económico esa sociedad esta hipotecada desde hace décadas con una deuda externa heredada ilegítima y odiosa que algunos gobiernos aumentan y otros “honran”, pero que todos pagan sobre la base del ajuste a las mayorías, y la vía libre al saqueo a nuestros bienes naturales, con las consecuencias ambientales conocidas. En lo político, crece la percepción de que el sistema democrático representativo, se aleja cada vez más de la posibilidad de dar respuesta a la crisis planteada. Esta mirada está acompañada por un creciente desprestigio de quienes ocupan funciones institucionales tanto en lo ejecutivo, como en lo legislativo o judicial.


En el marco de esa decadencia y tratando de ocultar a los principales responsables de la situación de las mayorías, desde la derecha se ha instalado un discurso de odio contra las y los beneficiarios de planes sociales, las y los jóvenes del conurbano, el pueblo mapuche, los organismos de derechos humanos y las disidencias sexuales. .
La furia desatada hace dos años atrás por un grupo de rugbiers de clase media alta contra Fernando Baez Sosa, un joven moreno de ascendencia paraguaya, fue parte del castigo que un sector de nuestra sociedad considera debe ser aplicado a quienes identifican responsables de la decadencia.
La aparición de la violencia, certifica el fracaso de la política como conciliación de intereses. No es casual la aparición de personajes como Javier Milei, o que el gobernador Kicillof se empeñe en sostener a Sergio Berni, que ampara a la policía de gatillo fácil. Las encuestas respaldan a quienes encarnan soluciones violentas. Por ahora, los que pegan son los que defienden al capital, la propiedad privada y los privilegios de las minorias. Pero sólo, por ahora.

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