Los nietos de la dictadura

Los nietos de la dictadura

21Ene22 1 Por Alfredo Grande

Hace algunos años, quizá demasiado, escribí que el escándalo es la cara visible de la hipocresía. O sea: el escándalo es la reacción intensa y visible cuando lo conocido, lo tolerado, lo aceptado, lo admitido, lo permitido, al modo de un analizador espontáneo, emerge con intensidad. Hoy es la crónica de los delitos perpetrados en un country en San Vicente // Guernica. Un territorio privado, que alude a ciertas connotaciones de extraterritorialidad. Seguridad propia (inútil o cómplice, pero propia) un reglamento de consorcio que debe tener la densidad de un corpus legislativo, aduana propia, y seguramente servicios expropiados al uso público. Agua, energía, tierra. Para decirlo de otra forma: los barrios privados, el country, son las catedrales que conmemoran el colapso de las profecías socialistas. Ahí se rinde culto diario al Dios Mercado, cuyos designios, a diferencia del dios cristiano, no siempre son inescrutables.

Lo dicho, dicho está. El que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón. No es ingenuo que robar a un supermercado se denomine saqueo, y robar a una nación se denomine deuda externa. Sin embargo, en esta situación, no concedo los cien años de perdón. Cien años de soledad tampoco. No tanto porque piense que el empresario gastronómico dueño del palacio de san Vicente sea un ejemplo de la meritocracia de la burguesía nacional. Lo que me interesa señalar es que robar es una cosa, ejercer violencia para concretar esos fines es otra, y la práctica de la crueldad en forma sistemática es otra. En otro momento pensaré en si hay algo que podríamos denominar como “tortura legítima”. Y si aún no lo he pensado, es porque a priori pienso que nunca la tortura tiene legitimidad. Pero en este caso concreto, la tortura y las amenazas de mutilar a una niña, son la imagen proyectado en el tiempo de los métodos de los ladrones, asesinos y torturadores que lograron apropiarse del estado. Lo que algunos denominan “violencia sobrante, excesiva, innecesaria” no es violencia. Es crueldad. Marca registrada de toda cultura represora.

Décadas de tortura fácil, gatillo fácil, masacre fácil, causa armada fácil, enriquecimiento fácil, quizá incluso el pago fácil, (al menos el pago fácil de la estafa externa ) han consolidado una pedagogía de la crueldad por derrame. Ahora no son ladrones. Parafraseando a Von Clausewitz, son la continuación de la dictadura por otros medios. En una escala cuantitativa menor. Pero con una cualidad análoga. Los hijos de la democracia colapsaron. Parece que es el turno de los nietos de la dictadura.

Alfredo Grande

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