Soledad Acuña y el mundo de Sophia

Soledad Acuña y el mundo de Sophia

23Ene22 1 Por Darío Balvidares

Los recientes dichos de la ministra de educación de la Ciudad de Buenos Aires no sorprenden, pero no dejan de ser crueles, xenófobos y teñidos hasta desbordar de la ideología en que fue formada la funcionaria. Me refiero, concretamente, al mundo de Sophia.

No tenemos que confundirnos, el mundo de Sophia no es El mundo de Sofía (1991), la famosa novela del escritor noruego Jostein Gaardner, en la que la ficción se propone como vehículo para navegar por la historia de la filosofía occidental apelando a la ficcionalización de la pedagogía que sustenta la trama novelesca.

Pero supongo, que eso ya es demasiado complicado para el mundo de Sophia, de la fundación Sophia en la que fue formada ideológicamente la ministra Soledad Acuña.

La cuestión es más compleja que los dichos concretos de la funcionaria, por lo general con un distanciamiento como si estuvieran por fuera de las acciones de gobierno, que el grupo Sophia mantiene desde 2007, cuando la ONG, ganó las elecciones de la Ciudad en 2007 llevando a Mauricio Macri de candidato.

El mundo de Sophia es acotado, pero también responde a un modelo de pensamiento que lejos de ser ingenuo, impone una realidad y fija un imaginario, que lamentablemente, cooptó un importante porcentaje del electorado porteño.   

El velo ideológico, transformado en imaginario social se sustenta en la razón instrumental, en la que los instrumentos toman el lugar de los derechos. Dicho de otro modo, no hay una finalidad social en la razón instrumental sino que está regida por el principio de servidumbre, la famosa pregunta ¿Para qué sirve?

Ese modelo de pensamiento y de mirada de lo real, incluye el sesgo meritocrático y la postura individualista, frente a un escenario social que siempre se les presenta como amenaza, a la que tienen que destruir.

En el mundo de Sophia no hay lugar para el sindicalismo, no hay lugar para la disidencia, no hay lugar para la escuela pública como espacio plural de disputa ideológica y política.

Ese velo ideológico es en el que se recorta la realidad de los llamados medios hegemónicos, en sus manifestaciones televisivas, radiales (como queda evidenciado en la propia entrevista a Acuña en el programa Modo Plager emitido por radio Rivadavia), de la prensa escrita y en la publicidad como generadora de modelos exitosos.

Nada hay de casual, ni de exabrupto en el mundo Sophia de Soledad Acuña, lejos de eso es quien, tal vez, exprese con mayor precisión la ideología del grupo Sophia, es decir el gobierno de la Ciudad.

Si bien el enunciado: “después de dos años (en relación con la pandemia), es muy tarde para salir a buscarlos, (refiriéndose a les estudiantes) esos chicos seguramente ya están perdidos en un pasillo de una villa, ya cayeron en la actividad del narcotráfico o tuvieron que ponerse a trabajar”; es el que causó más efecto por el cinismo y la crueldad de quién como ministra no se hace cargo de los vulnerados por sus propias políticas y cuando digo propias, me refiero a los 15 años que llevan de la gestión en la Ciudad de la que siempre el gobierno al que pertenece la funcionaria, esgrime la autonomía. Sin embargo esa autonomía no llevó a inversiones “autónomas” en conectividad a todas las escuelas ni a los hogares que sus propias políticas signan como “vulnerables”.

Sin embargo, cuando habla de los contenidos, la ministra enfatiza en que hay que “acelerar los procesos de aprendizaje”. ¡Curioso! Los procesos de aprendizaje, son, justamente, procesos de aprendizaje, no se trata de aceleraciones como si habláramos de una carrera de postas.

Para la titular del ministerio de educación, atrapada en el mundo de Sophia, los procesos de aprendizaje se aceleran o desaceleran según el limbo político lo decida;  lo que da como resultado la eficiencia de la aceleración y no la formación educativa, puesto que para los reformistas los saberes no son lo importante, sino el desarrollo de las competencias y habilidades; con lo cual vale la pregunta a la ministra: ¿De qué aprendizajes habla?

¡No importa! Para el mundo de Sophia entrar en el proceso de aceleración de los aprendizajes es: ”… con un plan, siempre evaluar, evaluar permanentemente, no una vez al año, nosotros hicimos evaluaciones el año pasado en el mes de abril, en el mes de mayo, mes de julio, en el mes de septiembre, en el mes de noviembre y en diciembre las nacionales, toda esa información nos permitió saber en qué había que capacitar a los docentes y cuáles eran las áreas más problemáticas de los chicos para armar planes…”; luego refiere al calendario extendido, “…más horas, más días…” también afirmó que “no estar preparado para el mundo del trabajo es no tener libertad, no poder decidir un proyecto de vida…”.

Para la razón instrumental, la educación no es un derecho, es un instrumento que sirve para tener o no éxito individual, es un servicio de escala meritocrática, porque está asociada a la pedagogía instrumental, que queda manifestada en cada uno de los dichos de Acuña, que podría ser cualquiera de lxs formadxs en la fundación Sophia, incluso uno de sus directores, Horacio Rodríguez Larreta, actual jefe de gobierno de la Ciudad, o Mercedes Miguel, que también tuvo cargos ministeriales en educación en la Ciudad y en la Nación, durante el gobierno de Macri; o  Esteban Bullrich, famoso por su célebre frase de que la “incertidumbre es un valor”; o Max Gulmanelli, quien tuviera varios cargos en la Ciudad y fuera secretario de gestión educativa entre 2015 y 2018 en la Nación;  o el empresario Gabriel Sánchez Zinny, dueño de Kuepa.com y de otras compañías off shore, con un cargo, actualmente, en Evaluación Educativa de la Ciudad, luego de haber sido Director de Escuelas en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de María Eugenia Vidal, a la sazón, también integrante del mundo de Sophia.

La otrora fundación Sophia, se ha plasmado a ella misma como gobierno y ha transferido su “mundo” con su imaginario e ideología. No importan los nombres, no se trata de tal o cual, se trata de una cosmovisión que tampoco les es propia porque jamás van a dejar de estar bajo la tutela de los grandes poderes mundiales sostenedores de la razón instrumental, guía del capitalismo y exacerbada en su actual versión neoliberal. Desde sus comienzos el mundo Sophia recibía financiamiento de la banca mundial, como el  proyecto de escuelas autónomas que fue financiado por el Banco de Boston (1994) y se lo presentaron a la entonces ministra de educación del gobierno del gobierno de Carlos Menem, Susana Decibe.

Nada es nuevo, los enunciados de Sophia tienen 30 años, siempre en consonancia con los enunciados de las políticas macroeducativas propuestas por los organismos internacionales.

El mayor problema es porqué creció el imaginario del mundo de Sophia y la respuesta está en que los gobiernos que se llamaron a sí mismos, progresistas, no tomaron un claro rumbo diferenciado, porque tampoco quisieron ir en contra de las políticas imperiales de los organismos internacionales y la corporación empresarial que subsumió a la educación pública a sus propios intereses.

La importancia de poner en discusión todo el sistema educativo y un modelo de país por fuera del mismo modelo productivo nocivo para las grandes mayorías no pasa por enunciados encontrados en  una más que dudosa grieta en términos macropolíticos.

La educación no se resuelve si los unos ponen el programa conectar igualdad y los otros lo sacan; si hay más o menos becas, porque, esa es también política instrumental, importante en cuanto a la coyuntura, pero no resuelve los problemas de fondo que hacen que siempre estemos discutiendo lo coyuntural y resolviendo con la dialéctica de un partidito de futbol.

Hace más de 30 años que se enuncia que la educación está en crisis, que los docentes son los responsables del sistema, pero resulta que los docentes no gobiernan, que en las escuelas no se genera pobreza y que el mundo corporativo ha incursionado en el sistema educativo con sus fundaciones, de los dos lados de la insignificante, ya la llamaría, “rajadura” y no “grieta”.

Tengo claro, como docente que fui durante 30 años y como ex rector de una de las escuelas más grande de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, me refiero a la Escuela N° 3 Hipólito Vieytes; quién es el enemigo. Pero también tengo muy claro, como investigador de la reforma educativa desde hace 26 años que la desposesión pública de la educación no empezó en 2007 con el grupo Sophia en el gobierno de la Ciudad, ni con el gobierno de Mauricio Macri.

En la ficción novelesca de El mundo de Sofía la pregunta es “¿quién eres?”, pregunta disparadora del viaje por la filosofía. En cambio, para el mundo de Sophia no hay pregunta, hay sentencia: “Yo te digo quién eres”, sentencia que es válida para todo el reformismo educativo, con poca variabilidad entre los gobiernos de derechas y los llamados progresismos aunque se puedan reconocer diferencia de matices en las políticas coyunturales, no se manifiestan divergencias macropolíticas.

La necesidad de un congreso educativo – pedagógico se hace urgente, antes de que el avance de la desposesión pública de la educación sea irreversible.   

Darío Balvidares

Imagen destacada: Radio Gráfica

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