Riso-Centro, un clásico caliente

Riso-Centro, un clásico caliente

26Ene22 0 Por Héctor Zuñiga (Panini)

Estaban en juego tres puntos de oro de un campeonato al rojo vivo. Había que ganar.

Es un pillo el negro. Combina rapidez mental y habilidad al mismo tiempo. Panorámico, sobre todo. Si lo dejas pensar un segundo, el tipo te pinta la cara. Como cuando pone esos pases que te dejan con la boca abierta. Jugaba con la diez en la espalda. Nosotros girábamos alrededor de él. Éramos un complemento. 

Estábamos en la cancha de Arroyito, cerca del Río Aranillas. La Liga de Veteranos de Los Campos de Acheral había mandado a jugar allí al clásico de los clásicos del futbol local.

Ellos tiraron la casa por la ventana y se armaron para ganar el campeonato que le venía siendo esquivo desde hace cuatro temporadas. En lo personal, saboreé la tarde más gloriosa desde que volví a mi Riso querido después de mi incursión por ‘el poderoso equipo de Alto Verde.

Cerca de cuatrocientas, o quinientas personas se habían dado cita desde temprano para olvidarse de las angustias cotidianas y de los problemas sin solución.

Los que llegaron, irremediablemente tuvieron que pasar por el ex- bolichito del ahora finao “Tortilla”, a refrescarse del calor con unas cervezas bien frescas; entonarse, como se dice, cosa de alentar, putear o maldecir si es que algo no salía como ellos lo esperaban.

Estaban en juego tres puntos de oro de un campeonato al rojo vivo. Había que ganar. De alguna forma hacernos valer, demostrando ser mejores que nuestros rivales. Si ganábamos nos escaparíamos a cuatro puntos. Quedando unas cuantas fechas por finalizar era como asegurarse otro galardón, otro título.

Cuando llegó el momento de la verdad saltamos al campo de juego, después de la habitual charla de Paleta, jugador y técnico a la vez.

Puré, (bajo los tres palos). 

Pernía (el que nunca se metió un gol en contra), Chimenea, Mamahía (pedazo de jugador) y de tres, “Ayudame a Pillar la Gallina”, (defensores).

Viejita, Cabeza y el Negro Piza, (medio campo) 

Motoneta, Rata y el que escribe las cosas que ustedes están leyendo, (delanteros)

‘Hay que ganar”

“Poner huevos” 

“No cagarse” 

Era la arenga a puño cerrado de jugadores y barra (fieles seguidores) que nos ilusionábamos con dar, otra vuelta olímpica. Las banderas con los colores del equipo flameaban en lo alto y se veían carteles.

“Riso sos mi vida” 

“Riso, un sentimiento” “podrán imitarnos, pero igualarnos jamás”

Del lado contrario también tenían sus carteles. Es el folclore del futbol, que le vamos a hacer.

El partido resultó friccionado. 

Era lógico que lo plantearán así los cerebritos del Centro Atletic Club. Había que trabar con faltas y sobre todo con mucha presión el buen juego nuestro. 

El también extinto “Sopa i’ Chancho” dirigía el encuentro. 

No sé si estaría cagado en las patas o qué, que no les cobraba las faltas ni les sacaba tarjeta a los bozachudos del Centro que pretendían ganar a lo prepo para pasar al frente en la tabla. 

“siga, siga, decía Sopa”. 

Si le reclamábamos no contestaba con palabras sino con Silbato: pi pi pi pi pi.

¡Pero Sopaaa, qué carajo cobraaa!: pi pi pi pi pi.

¡No le hago nada viejooo, se cae solo! Pi pi pi pi pi. En las voces de la barra se escuchaba “que cajeeet..”, ¿cómo va a cobrar eeeso, changooo? Sopa negaba con la cabeza y con el dedo, y tronaba con el pi pi pi pi pi del Silbato. Muchas veces se le iban de las manos los partidos porque no corría. Bueno, pongamos que la edad no lo ayudaba al pobre, que en paz descanse. No veía bien las posiciones adelantadas, ni las manos o algunas faltas dentro del área, precisamente por la distancia en la que se encontraba en el momento de cobrar.

El nueve de ellos, ligerito como una liebre, de la ciudad de Monteros, uno de los tantos refuerzos, encaraba por el lado más flaco de nuestra defensa: Ayúdame a Pillar la Gallina no lo agarraba ni con una piola. Hacía aguas. Se dejaba cuerpear. En cuanto el grandote ganaba la posición llegaba hasta el fondo y tiraba centro que por suerte los delanteros de ellos no conectaban gracias a Chimenea y Mamahía que ganaban todas por arriba.

Por ahí vino a los treinta del primer tiempo la cagada para nosotros. Ayudame a Pillar la Gallina hizo una falta dentro del área (boludo) que Sopa I’ Chancho juzgó fortísima, cobró penal y encima le sacó la amarilla. Ayudame a Pillar la Gallina chinchudo como es y jetón, le gritó a Sopa I’ Chancho que era un culiao he intentó “quesiarlo”. Nosotros nos metimos agarrándolo para que no haga problemas. Ahí, aprovecharon la barra y los suplentes del Centro para meter ficha y provocar que Sopa le sacara tarjeta roja. 

Se armó una discusión general y unos a otros se echaban a la mierda.

Paleta, caliente nos reunió a un costado y nos dió un buen tirón de bolas por los goles que erramos y bajó a Motoneta a que ocupara el puesto de Ayudame a Pillar la Gallina. Quedamos con el Rata bien arriba para mantener a raya a los defensores del rival. 

Puré, parado en medio del arco se escupía las manos y le hablaba al vago que iba a patear diciéndole que le atajaría el penal. La barra nuestra enojada seguía insultando a Sopa, que contó los pasos y puso la pelota en el piso.

El vago la acomodó y tomó distancia. El silbato sonó, el vago patea…ufff. 

Menos mal…la mandó a la conch… la lora por arriba del travesaño como mi añorado amigo Cuchí Mundi unas pilas de años atrás, allá, en una cancha de Monteros. Nos volvió el alma al cuerpo. El griterío de júbilo de nuestra barra nos animó nuevamente. ¡Vamos, vamos carajo, dijimos, hay que ganar! ¡El partido tiene que ser nuestro! Claro que tenía que ser nuestro, si hasta el penal y a pesar de la presión, los agarrones, las faltas y de toda la artimaña que usaban, tuvimos más chance que ellos. Como cuatro claritas, claritas contabilicé: el tiro libre del negro, un cabezazo mío que pegó en el travesaño, Rata que por hacer una de más no definió y la otra de Motoneta que solo, sin ninguna marca no pudo convertir.

Nos fuimos al descanso con un cero a cero mentirosos pues en mi opinión merecíamos un resultado favorable. Hicimos mejor las cosas. 

Para el segundo tiempo

Paleta hizo su ingreso por Viejita que se resintió de una lesión en la rodilla. Y Motoneta dejo el puesto a Nevao que se posicionó de central junto a Mamahía, pasando Chimenea de cuatro y Pernía de tres. 

En el Centro Atletic Club sacaron un defensor y pusieron un medio campista, alguien que haga marca personal al Negro Piza, el diferente. (Con el correr de los minutos ingresaron dos changos que no le rindieron por suerte).

Se largó el segundo tiempo y la barra de los dos lados a gritar de entrada nomás. Las mujeres, más guarangas que los hombres, se despachan con un insulto tras otro hacia Sopa.

Salieron con todo, los muy culiao, pero nosotros tranquilo, marcábamos atento a no cometer faltas dentro del área para no dar lugar a Sopa a cobrar otro penal.

Irían pasando los quince minutos de juego cuando el Negro Piza mandó esa pelota magistralmente y que yo supe aprovechar transformándola en el único gol del encuentro.

Tuvimos otras oportunidades para rematar el encuentro cuando ellos desesperados buscaban con fuerza más que con ingenio hacer el gol para, aunque sea, empatar el encuentro y de esa manera, resignado, seguir a un punto nuestro. Pasamos algunos sofocones, no lo voy a negar pero aguantamos. Terminó el partido. Las barras junto a nosotros saltaban y cantaban contento 

“A dónde están, a dónde están, esos boludos que nos iban a ganar”

“Riso, mi buen amigo, esta campaña volveremos a está contigo. Te alentaremos de corazón porque ésta hinchada ya te quiere ver campeón. No me importa lo que digan, lo que digan los demás. Yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más”. 

Entre todos formamos una ronda mandando a Paleta y al Negro Pisa al medio mientras todos girábamos alrededor. 

Un pedal me alcé esa vez que ni yo me conocía. Con esa ventaja en puntos salimos campeón de ese año. Inolvidable, ta’ que lo parió.

Panini – Acheral – Tucumán – Argentina

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter