Desde la historia hacia el rescate de la utopía

Desde la historia hacia el rescate de la utopía

30Ene22 0 Por Daniel Campione

En un libro reciente del profesor de Historia de Rusia Martín Baña se hace un recorrido que va desde los años de la perestroika a la actualidad. El autor combina una buena síntesis narrativa del período con atractivas reflexiones acerca de la herencia de la Unión Soviética de cara a una perspectiva emancipatoria.

Martín Baña

Quien no extraña al comunismo no tiene corazón:

De la disolución de la Unión Soviética a la Rusia de Putin.

Buenos Aires. Crítica. 2021

288 páginas

Baña toma distancia desde el comienzo de su obra de las visiones que pintan toda la historia soviética como una negra noche totalitaria.

Un tipo de miradas que llegó a ser predominante con posterioridad a la disolución del sistema inaugurado con la revolución de 1917. Del que el único saldo sería un gigantesco fracaso económico, social, político e ideológico. Signado sólo por el terror estatal, las persecuciones y las muertes.

El autor llama la atención acerca del carácter dinámico  de la historia de la U.R.S.S., con la consiguiente diferenciación de distintas etapas. Y de diversos aspectos de sus orientaciones políticas y de la vida cotidiana de los ciudadanos. En este último plano remarcará que, a cierta altura de su desarrollo histórico, la generalidad de los ciudadanos soviéticos dispuso de trabajo, vivienda, educación, salud y otros bienes materiales o simbólicos.

Baña se ocupa de aclarar que su enfoque no incluye una reivindicación de la Unión Soviética teñida de cierto romanticismo cargado de añoranza. Sino que procura un análisis riguroso sobre el tema. Que ha sido hasta ahora menos frecuente que lo deseable.

De burócratas a capitalistas: El tránsito menos pensado.

Un aspecto más que interesante del trabajo del historiador es que en su interpretación de la caída de la URSS le asigna preponderancia a un factor que no suele ser enfatizado.

Sostiene que fue decisiva la configuración de una coalición que propició el paso al capitalismo y terminó imponiéndose. En ella jugaron un papel fundamental, a su juicio,  muchísimos miembros de la burocracia soviética. Que pasaron de ser el sector privilegiado del sistema de propiedad estatal a constituir el núcleo de una nueva clase capitalista.

Enriquece ese planteo con varios ejemplos concretos. Los que muestran que incluso los ocupantes de los más altos cargos lograron reconvertir prebendas asociadas a la detentación de sus puestos. Las que podían perderse por un tropezón en sus carreras respectivas.

En el proceso de instauración del capitalismo consiguieron que esos privilegios se trocaran en vitalicios y transmisibles a sus descendientes, de acuerdo a las reglas burguesas de propiedad. Lo que en algunos casos se tradujo en la acumulación de grandes fortunas.

Ese componente decisivo se sumó a los desequilibrios estructurales de la economía y al peso de los conflictos en torno a los renacidos nacionalismos. Y a la pérdida de eficacia de los mecanismos de legitimación del poder del Partido Comunista y del Estado.  Lo que no hace al autor adherir a la idea de que el sistema implosionó bajo el solo peso de sus contradicciones.

También se remarcan las falencias internas del proceso de reforma conducido por Mijail Gorbachov. Que pretendió superar los rasgos centralistas y burocráticos al tiempo que incurría en un enfoque de ese mismo tipo.

Con esos abordajes Baña se distancia asimismo de miradas que centran la interpretación del proceso en el asedio de los Estados Unidos en su etapa “reaganiana”. Lo que habría forzado a la URSS a gastos militares que provocaron o al menos aceleraron su crisis.

Los males del “poscomunismo”.

El autor es saludablemente impiadoso con el nuevo capitalismo ruso y con el dominio del capital en general. Al tratar la transición que atravesó la década de 1990 remarca el inevitable imperio de la rapiña y el saqueo de un tránsito hacia el capitalismo.  Y  pinta la transformación como un cambio para peor respecto al precedente soviético.

El mismo proceso de transformación que generó una elite de multimillonarios en la que se mezclaron la burocracia reciclada y los científicos y profesionales convertidos en más que prósperos “emprendedores”. E incluso los representantes del crimen organizado.

La contracara, como no podía ser de otra manera, fue el empobrecimiento generalizado, la pérdida de derechos y la total incertidumbre para la mayor parte de la población de la ex Unión Soviética. Y el renovado autoritarismo político: Boris Yeltsin, a la cabeza de los verdugos del  sistema anterior, no vaciló en arrasar incluso con el Parlamento para conservar su poder.

Boris Yeltsin borracho estuvo a punto de causar un incidente mundial en  EE.UU.
Foto de Boris Yeltsin

A la hora de examinar la etapa aún en curso, colocada bajo el signo de las dos décadas largas de Vladimir Putin en el poder, Baña también se lanza contra algunas de las interpretaciones al uso.

Descarta las referencias a una autoritaria y perenne “alma rusa” o a un mesianismo producto de resabios de la era soviética. Sin desdeñar la gravitación del paso de Putin por la KGB, tampoco asigna carácter esencial a ese rasgo de su trayectoria en la configuración de su dominio.

Destaca en cambio los fuertes componentes de continuidad entre el período Yeltsin y el de su sucesor. El predominio de los “oligarcas” multimillonarios ha continuado y el neoliberalismo persiste como armazón ideológica.

La colocación de algunos “paños fríos” sobre el capitalismo de rapiña para devolver elementos de un bienestar básico a la población no han cuestionado el predominio del gran capital. Que el “hombre fuerte” ha sabido convertir en su aliado.

 Los acendrados elementos de nacionalismo exacerbado, machismo, homofobia son expuestos como condimentos gravitantes que no alteran la sustancia del sistema putiniano.

Tampoco lo hace cierto rescate interesado y unilateral del período soviético por parte del régimen, cuyos logros se incorporan a un relato patriótico, integrador de mil años de historia rusa. Mientras se desdeña hasta el límite de la negación el componente revolucionario.

El desenvolvimiento de la Rusia  actual en el plano internacional tampoco  es asimilado a un resurgimiento del “imperio soviético”. Sino a una instrumentación del poderío militar supérstite para desafiar la posición semiperiférica que ocuparía hoy Rusia en términos de desarrollo económico y tecnológico.

Vladimir Putin reveló que trabajó como conductor de taxi tras la disolución  de la Unión Soviética - LA NACION
Foto Vladimir Putin

Una síntesis sobre el pasado para la meditación acerca del presente.

Sobre el cierre del libro, el historiador introduce algunas reflexiones muy atendibles. Vaya un pasaje como muestra: “Las derrotas suelen ser buenos puntos de partida para el desarrollo de nuevas teorías críticas que reflexionen no solo sobre lo que está dado sino también sobre lo que es deseable. Afortunadamente, el pensamiento crítico hoy está descentralizado y diseminado por todo el mundo.”

A riesgo de abusar de la paciencia de lxs lectorxs, nos permitimos otra cita: “El planeta seguirá siendo saqueado y continuará dominado por la opresión y el desamparo si entre todos no pensamos en proyectos más allá y en contra del capitalismo. Quien no extraña el comunismo no tiene corazón. Las razones para extrañarlo son muchas y variadas, a menudo paradójicas y están lejos  de ser una reivindicación tout court de la experiencia soviética.”

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Esta obra está dedicada a un público amplio. Se puede considerar este objetivo cumplido. Quien recorra sus páginas podrá percatarse de que no se necesita ser historiador ni experto en política internacional para disfrutar el libro y obtener a través de la obra elementos útiles para el análisis.

Lo dicho no convierte al texto en un ensayo de libre interpretación (dicho con todo el respeto por los mejores exponentes de ese género). A lo largo de todo el recorrido Martín Baña recurre a una copiosa bibliografía tanto en español como en inglés, con alguna referencia al ruso.

Inserta en el texto las menciones a ese material, sin volcarlas en formato erudito, lo que concuerda con el carácter del trabajo.

Y al final incluye una amplia información que comprende adecuadas indicaciones para el que quiera ampliar sus lecturas sobre distintos aspectos del tema tratado.

Esta obra puede oficiar como síntesis introductoria a una de las cuestiones más debatidas de las últimas décadas. O bien a modo de un sugerente repaso y fuente de nuevas búsquedas para quienes ya tengan un recorrido hecho por la historia reciente de la Unión Soviética y de Rusia.

Daniel Campione

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