La puerta China

La puerta China

7Feb22 0 Por Tramas

La gira del Presidente Fernández ha contribuído a abrir un poco más la puerta de las relaciones comerciales con China. La Argentina ha padecido desde hace décadas la vinculación con Estados Unidos, y conocemos los problemas emergentes de mantener relaciones carnales con ese país. China, no es su contracara solidaria. La vinculación con la potencia asiática, es una decisión inteligente, en un mundo donde la disputa entre dos gigantes ofrece algunas ventajas.

La gira del Presidente Alberto Fernández en China, ha sido calificada como exitosa por el gobierno nacional que destaca haber concretado la incorporación del país a la Ruta de la Seda que sumará un financiamiento de 23 mil millones de dólares. Ese financiamiento se obtendría en dos tramos. El primero, que ya está aprobado bajo el mecanismo del Diálogo Estratégico para la Cooperación y Coordinación Económica (Decce), es de 14 mil millones de dólares. El otro tramo, que es de 9.700 millones corresponde a proyectos presentados por Argentina, y apunta a obras relevantes de infraestructura para el sector energético, cloacas, transporte, viviendas, etc.
Desde hace más de dos décadas, la Argentina tiene un fuerte intercambio comercial con China, que es el principal cliente de sus producciones de soja y carnes. El crecimiento de las inversiones chinas es un fenómeno creciente en toda Latinoamérica.
En 2002 el volumen total de comercio entre China y América Latina era sólo de 18 mil millones de dólares, pero llegó a 316 mil millones en 2019. China es el primer socio comercial de Chile, Perú, Brasil y Uruguay, y el segundo de Argentina.
China no sólo ha crecido en su relación comercial con América Latina, sino también con otros países del mundo. El proyecto de la Ruta de Seda que al principio estuvo diseñado para Asia Central se fue extendiendo a otros continentes y actualmente ha incorporado a 140 países de Asia, África, Medio Oriente, América Latina y Oceanía. El crecimiento de las redes comerciales chinas se sustenta en su sólida economía local que creció en 2021 un 8,1 %, por encima de las grandes economías occidentales.
La puerta china ha demostrado algunas ventajas para países que se han visto sometidos a sanciones o bloqueos por razones ideológicas como es el caso de Cuba, Venezuela e Irán.
Desde 2017, China es el primer socio comercial de Cuba. Esta relación se fortaleció cuando en 2011, condonó una deuda con el país caribeño de 6.000 millones de dólares. En 2017, Cuba importó materiales eléctricos y le vendió azúcar y niquel. En los últimos años las inversiones chinas se han dirigido a las biofarmacéuticas y las energías renovables.
Desde la llegada al gobierno de Chávez, Venezuela fue el principal destino de las inversiones chinas en Latinoamérica. Como resultado de esta relación, en cifras de diciembre de 2018, se habían generado más de 790 proyectos y préstamos por más de 50 mil millones de dólares. Venezuela ha pagado 30 mil millones de dólares en petróleo y otros recursos estratégicos, y actualmente debe 20 mil millones, los cuales China continúa cobrando en oro, petróleo y otros materiales. Al producirse la crisis económica en el país caribeño, producto del bloqueo estadounidense y problemas internos, China ha mantenido su relación con ese país y sigue siendo su principal comprador de petróleo. Los barcos chinos han tenido un papel muy importante para sortear el bloqueo y el chantaje contra todas las empresas que compren o transporten exportaciones venezolanas.
Pero, para no idealizar la puerta china, también es cierto que por el hecho de que los inversores chinos no tienen ningún reparo ideológico, también las inversiones chinas han ayudado a sostener regímenes dictatoriales en Africa y otros continentes. También debe considerarse que las inversiones chinas se preocupan particularmente por abastecer a su economía local que es una fuerte demandante de materias primas y una exportadora de productos industriales y tecnológicos. En consecuencia la vinculación comercial con China profundiza la primarización de las economias de los países asociados, y desalienta la producción de bienes que generan trabajo en industrias y empresas de tecnología. Ese tipo de vinculación no es gratuita porque promueve el extractivismo y traslada costos ambientales (proyecto de las megagranjas porcinas). También la invasión de mercaderías importadas desalienta la producción local. A modo de ejemplo, los industriales textiles que importan telas chinas advierten que el paño necesario para confeccionar una prenda es más caro que la propia prenda importada de ese país. Es decir, sus precios de exportación estan pautados dentro de su política económica que prioriza el agregado de valor en su propio territorio.
Abrir un poco más la puerta China, puede ser una decisión inteligente, para conseguir algunas ventajas de la competencia entre los gigantes de Oriente y Occidente. Pero para aprovechar esas ventajas haría falta un proyecto de país soberano, sustentable y solidario, que por el momento parece estar ausente.

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