Palito Ortega, un producto argentino

Palito Ortega, un producto argentino

12Feb22 0 Por Daniel Campione

Un libro muy reciente ilumina diversos aspectos de la figura y trayectoria del que ha constiuido un personaje central del consumo cultural a lo largo de varias décadas.

Abel Gilbert y Pablo Alabarces

Un muchacho como aquel: Una historia política cantada por el Rey.

Buenos Aires. Gourmet Musical Ediciones. 2021

312 páginas

“Palito” ha sido uno de los grandes protagonistas de las industrias culturales  y de la cultura de masas en Argentina y en otros países. Llegó a tener una repercusión asombrosa que se desplegó en recitales en vivo, en los discos, el cine y los medios de comunicación.

La televisión lo tuvo como niño mimado, sobre todo en la década de 1960, con televisaciones de elevadísimo rating de acontecimientos como el regreso de su primera gran gira internacional o su boda con Evangelina Salazar.

Y el cine convirtió en éxito comedias triviales, con Palito cantando sus hits y cultivando su imagen de “buen muchacho” y de “novio ideal” para las madres de hijas casaderas.

Ya pasada su etapa de mayores éxitos, el cantante tucumano buscó otros caminos, que incluyeron la dirección cinematográfica de filmes que ensalzaban a las fuerzas armadas y de seguridad en plena dictadura del Proceso.

Retornado el régimen constitucional y después de unos años de refugio en Miami, Ortega vuelve al país y toma el sendero de la política. Gobernador de su provincia natal y senador, llega a tener aspiraciones de ser presidente, reducidas luego a una candidatura vicepresidencial, en una fórmula derrotada.

Luego de dar por terminada su carrera política, el cantante y compositor se dedicó al autorrescate de su figura artística, cultivando otros géneros musicales y mediante la organización de algunos homenajes. También cultivó el filón del altruismo y el perdón de antiguos agravios al erigirse en “salvador” de Charly García, otrora su feroz crítico, cuando el músico de rock vivía momentos muy duros.

Esa labor de promoción personal se vio no pocas veces coronada por el éxito, que incluyó premios y la amplia adulación en el campo periodístico.

El recorrido del “Rey”

Toda la secuencia está reconstruida en el libro de Gilbert y Alabarces, con una mirada que articula el análisis musical con las herramientas de las ciencias sociales. El enfoque no es el académico tradicional sino uno dedicado al gran público, que incluye frecuentes toques de humor.

Los autores eluden a conciencia mirar al fenómeno sólo desde el pedestal de la crítica a los pobres recursos de Palito como intérprete, compositor, actor y director cinematográfico. Tampoco se detienen en exceso en los mecanismos  de manipulación de su figura por las industrias culturales, activos desde la “invención” del “Club del Clan” para luego lanzar al “changuito cañero” como ídolo casi excluyente.

No en vano destacan que esos costados de la crítica ya estaban presentes en esa valiosa producción del cine nacional, Pajarito Gómez, estrenada en 1965, cuando Palito acababa de asumir su “monarquía” en la canción popular. Buscan algo más novedoso, con otras líneas de cuestionamiento.

Les interesa colocar al ídolo en una secuencia histórica más amplia, como anuncia el subtítulo. El punto de partida en los primeros años de la década de 1960 comprende su contextualización en el usufructo de la juventud por la industria musical, como decisivo estrato consumidor.

También analizar sus sucesivos posicionamientos (o la supuesta falta de ellos) acerca de la sociedad y la política. Asimismo diseccionan su obra, long play por long play, película por película. Incluso canción por canción, en el caso de sus grandes éxitos.

El examen musical se despliega incluso sobre lo  que podrían parecer sutilezas, como el abuso de onomatopeyas destinadas a hacer aún más pegadizas sus canciones. Esos y otros recursos son desmenuzados a lo largo de su producción,  desde Decí por qué no querés hasta Yo tengo fe. Incluso la resignificación y la presentación en diversos formatos de algunos de sus temas, como La sonrisa de mamá, trocada en instrumental y hasta acompasada a ciertos aires militares.

Para ello articulan los conocimientos musicales de un coautor con la vasta experiencia en el análisis de la cultura popular del otro. Los juicios son a menudo severos, sin demonizar por eso al protagonista de la obra. Se señala y se analiza su sintonía con sectores muy amplios de la sociedad argentina.

Allí está su apoyo al “Proceso”, compartido por millones de argentinas y argentinos, aunque a muchxs no les guste recordarlo. Antes de eso, su pasajera adscripción a inquietudes sociales transformadoras en los principios de la década de 1970. Y a posteriori, su alineamiento con el menemismo en horas de extendidos entusiasmos con las privatizaciones y la “farandulización” de la política.

Un costado más que interesante es el examen de algunos cruces del autor de La Felicidad con otros representantes de la cultura de masas que convergieron con él en algún momento de su carrera.

Así el Elvis Rojo Dean Reed, Johnny Tedesco, Leo Dan, la española Marisol o Sandro. Hasta  Mercedes Sosa, en una asociación irreverente. Se comparan sus trayectorias artísticas y políticas y la construcción y despliegue de sus figuras. Asimismo es significativo el estudio de su vínculo con Frank Sinatra, prohijado por la dictadura y que devino en un gran traspié de Palito en su rol de empresario del espectáculo.

También hacen los autores un fino análisis de su carrera cinematográfica. La crítica de algunas de sus películas alcanza momentos de brillantez, como la del despropósito El Rey en Londres, en la que las escenas se manipulan para colocar al ídolo argentino por encima de los Beatles.

Asimismo ocupan su lugar las reiteradas colaboraciones con Enrique Carreras como director y la “pentagonía” bajo su propia dirección, en la que se pone a tono con los sombríos aires que soplaban durante el Proceso.

Palito y el orden conservador

Ocupa un lugar destacado el examen de la invariable propensión acomodaticia de Ortega ante distintos climas de época y configuraciones de los estamentos con poder. Lo que no excluye el amplio predominio de una visión conservadora que abarca desde las letras de sus canciones a sus posicionamientos frente a la religión y la vida familiar.

Conservador también en lo estrictamente musical, campo en el que se resiste a impulsos innovadores en nombre de la “sencillez” y de la supuesta identificación con los gustos de “la gente común”. Ello no inhibe el rescate de composiciones ortegueanas como Sabor a nada o Canción del jacarandá, no sin marcar que la propensión a la ramplonería estropea sus propias versiones. Que no resisten la comparación con las realizadas por otros intérpretes de mejores recursos artísticos.

Ese acendrado conservadurismo es asimismo evaluado en relación al extendido papel de su propia biografía, reiterada o reescrita una y otra vez como un ejemplo de superación personal y esforzado ascenso social. Con la pobreza de su niñez y sus primeros pasos en Buenos Aires en los oficios más humildes como estandarte de un despliegue meritocrático, que aparece elevándolo a paradigma a seguir por la sociedad y la juventud en particular.

La construcción de un matrimonio ejemplar y próspero, con una prole numerosa que despliega variados talentos, completan un itinerario vital presentado a la admiración de sus seguidores.

Razones para una lectura

En su conjunto el libro proporciona un estudio integral, riguroso sin solemnidades, acerca del “fenómeno Palito”.  La significación del ídolo se merecía un trabajo de esta índole, hasta ahora no realizado. Sus atronadores éxitos, su prolongada vigencia, su despliegue en distintos planos artísticos y extraartísticos, acentúan su relevancia.

Para realizar su trabajo los autores han puesto en juego una minuciosa investigación, que abarca desde la bibliografía teórica acerca de las industrias culturales hasta el recorrido exhaustivo de su profusa discografía  y los numerosos films que lo incluyeron en uno u otro rol. El seguimiento periodístico a través de las décadas ocupa asimismo un lugar destacado en la indagación.

Despliegan un enfoque que trasciende disciplinas y cuyo desarrollo sin duda ha requerido la conjunción de una dedicación metódica con un toque de audacia y desparpajo que favorece la lectura e ilumina costados no fáciles de abordar. Así logran hacer un sustancioso aporte a la historia cultural y política de la sociedad argentina a lo largo de seis décadas.

Por su repercusión y prolongada vigencia, lo vinculado a Palito Ortega no debió ser omitido por las expresiones “cultas”. Ignorarlo sería renunciar al conocimiento de una faceta atractiva para interpretar a la sociedad argentina de las últimas décadas. Gilbert y Alabarces cubren ese espacio con solvencia y develan un costado de la “argentinidad” que no cabe soslayar.

Pablo Alabarces archivos - Ocio Casa de Libros

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