Juicio de Lesa Humanidad: Campo de Mayo, clasismo y derechos humanos

Juicio de Lesa Humanidad: Campo de Mayo, clasismo y derechos humanos

13Feb22 0 Por Damián Ravenna

La semana pasada comenzó el alegato conjunto del Estado nacional y provincial a través de la secretaría de derechos humanos de la nación y la subsecretaria de derechos humanos de la provincia, en las personas de Paula Álvarez  y Esteban Pereyra respectivamente.

La responsabilidad del Estado de impulsar los juicios de lesa humanidad enmarca a estos alegatos. Que por ello contienen un discurso sobre los hechos y las consecuencias del terrorismo de Estado que forma parte de una estatalidad de clase, que demarca una interpretación historicista propia de una facción de nuestras clases dominantes.

Con ello empezaron diciendo que no hubo guerra interna y que la dictadura fue antinacional, usando el término pueblo para realizar una referencia sobre quienes sufrieron el terrorismo de Estado.  Con ello sustanciaron en su alegato el delito de genocidio. Esta caracterización asimismo funda la interpretación de que falta ciertamente juzgar al sector civil, en relación a lo que denominaron delitos por motivaciones económicas.

Lo que nos lleva nuevamente a explicitar la cuestión de clase en el terrorismo de Estado asumiendo que a partir de estos relatos y ensayos interpretativos, el Estado y sus gestores, buscan separar la memoria histórica disruptiva, para subsumirla a la superestructura ideológica posneoliberal que una de las facciones de las clases dominantes sostiene.  

El neoliberalismo tiene como uno de sus fundamentos que rompe con la sociedad asalariada, para pasar digamos de un capitalismo industrialista a uno donde el foco se encuentra en un capitalismo de especulación financiera. Pero es de resaltar que ambos capitalismos mantienen los medios de producción en manos de las mismas clases dominantes. En cuanto a la superestructura política, ambos modelos capitalistas la sostienen, siendo en consecuencia el terrorismo de Estado una planificación de las clases dominantes en un momento histórico de la lucha de clases, para imponer transformaciones radicales del contrato social por ellos mismos orquestado.

De esta manera es que el bloque histórico que formó parte del terrorismo de Estado es tanto su instrumento militar, como la cúpula de la iglesia, los empresarios y sectores del capital que veían en el movimiento obrero a la clase social antagonista de sus intereses.

La importancia de que podamos llevar a cabo una mirada de clase sobre nuestra historia reciente y los fundamentos del genocidio, contiene toda su potencia y sentido a través de la Observación General Nº 21 del Comité del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC),[i]del año 2009 que se titula “Derecho de toda persona a participar en la vida cultural”  observación que busca clarificar el artículo 15, párrafo 1 del PIDESC, y por ello nos dice: A juicio del Comité, la cultura es un concepto amplio e inclusivo que comprende todas las expresiones de la existencia humana. La expresión “vida cultural” hace referencia explícita al carácter de la cultura como un proceso vital, histórico, dinámico y evolutivo, que tiene un pasado, un presente y un futuro.”

De este modo es que la interpretación que se desnuda en el alegato por parte del Estado, al no enmarcar el pasado en el antagonismo entre el proyecto societal revolucionario y radical de les 30 mil con el proyecto del capitalismo y sus facciones de clase, busca generar un presente ideológicamente conservador y un futuro sin posibilidad de utopías. Esto forma parte de una hegemonía cultural que se despliega sobre el pasado para contener el presente.

El rol de Campo de Mayo en el aniquilamiento de lo que podríamos caracterizar como un movimiento revolucionario popular, quedó claramente explicitado en cómo funciono como égida desde donde se  desplegó el genocidio sobre  lo que el terrorismo de Estado denominó la Zona 4 abarcando la misma los partidos de General Sarmiento (actualmente José C Paz, Malvinas Argentinas y San Miguel), Pilar, Exaltación de la Cruz, Escobar, General San Martín, San Isidro, San Fernando, Tigre, Vicente López, Tres de Febrero.

Esta demarcación de una zona altamente fabril, con un movimiento obrero que tenía en aquel entonces delegados de base, articulación entre el territorio, los sindicatos y las organizaciones revolucionarias, con empresas y fábricas como  la firma de cerámicas Lozadur (plateware) en Boulogne, la fábrica de autos Ford en General Pacheco o  Volswagen y Mercedes Benz, sólo por mencionar algunas, es un claro ejemplo de  la claridad instrumental del genocidio de clase.

El terrorismo de Estado es una de las formas en las cuales la opresión de clase se manifiesta, es un cenit desde donde la dictadura de una clase sobre otra muestra de forma descarnada lo que el modelo civilizatorio capitalista proyecta para el ser humano. De ahí la necesidad de comprender la memoria histórica desde nuestra clase.

Memoria, Verdad y Justicia

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE


[i] https://digitallibrary.un.org/record/679355?ln=es

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