Detienen por vínculos con el narcotráfico al ex-presidente de Honduras, Juán Orlando Hernández

Detienen por vínculos con el narcotráfico al ex-presidente de Honduras, Juán Orlando Hernández

16Feb22 0 Por Guillermo Cieza

¿Cómo fue posible que ese delincuente ocupara la presidencia del país durante ocho años? La respuesta hay que buscarla en la propia historia de Honduras.



Honduras se conforma desde el siglo XIX como un país bananero, con una población muy pobre y altos niveles de analfabetismo, gobernado por una pequeña élite ligada a las compañías estadounidenses de exportación y que mantenían una alianza con mandos de las fuerzas armadas, que garantizaban el orden interno. Desde finales de los años 60, los sucesos producidos en América Central, por la presencia de la Revolución Cubana, por la actividad de movimientos insurgentes en Guatemala, El Salvador y Nicaragua y por el despertar de sectores militares nacionalistas en Panamá, liderados por Omar Torrijos, modificaron sustancialmente la orientación de los gobiernos hondureños. El país se convirtió desde lo geopolítico en una base de Estados Unidos para operar en toda la región. Este cambio de orientación promovió un estrechamiento de vínculos entre las fuerzas militares estadounidenses y hondureñas, la concesión de prestamos blandos para que el país modernizara su armamento militar, y la concesión de una base militar a Estados Unidos, el aeropuerto de Palmerola-Soto Cano. También se montaron en Honduras campamentos de instrucción de mercenarios para poder operar en la región, lo más conocido fue el reclutamiento para organizar la “contra” nicaraguense. Las fuerzas mercenarias fueron financiadas por una asociación con el narcotráfico. Está documentado que la DEA dio luz verde a narcotraficantes colombianos para que pudieran operar en determinadas zonas de Estados Unidos y los beneficios fueron utilizados para pagar a los mercenarios. En el transporte de la droga, que ingresaba a Estados Unidos en aviones militares, la base de Honduras jugó un papel fundamental. Como es de suponer, no sólo sectores militares, sino también civiles hondureños fueron parte y obtuvieron ganancias con ese circuito mafioso. En ese nuevo contexto la actividad productiva pasó a un segundo plano, y no hubo posibilidad alguna de que los militares fueran sometidos a juicios por actos de corrupción, narcotráfico, o violaciones a los derechos humanos. La contracara social de esta orientación política fueron la consagración de la impunidad, la agudización del desempleo y la miseria, la proliferación de bandas criminales juveniles, las maras, y un creciente proceso de migración de la población hacia otros países de América Central, México y Estados Unidos.

Juán Orlando Hernández es un exponente de esa descomposición social y política, que cruzó tranversalmente a toda la sociedad hondureña. Se definía así mismo como “un indio de pelo parado”. Nació en una familia rural en el departamento de Lempira y fue el hijo número 15 en un hogar donde hubo 17 vástagos. Quienes lo conocieron desde muy joven advirtieron que era un muchacho inquieto, con una enorme capacidad de sobrevivencia, condiciones de líder, y vocación de planificar a largo plazo. Esa pretensión por no ser “uno más”, lo impulsó a completar sus estudios secundarios en el Liceo Militar del Norte, en San Pedro Sula, de donde egresó con el grado de subteniente de infantería. Después se graduó de abogado, más tarde cursó en Nueva York una maestría en Administración Pública, de 1994 a 1995. Ingresó a la política en 1990. No se conoce el momento en que se vinculó al narcotráfico, pero sí se sabe que cumplió el sueño que no pudo concretar Pablo Escobar. A los 53 años, en 2014, fue consagrado como el Presidente más joven de Honduras y se mantuvo en el gobierno durante 8 años, hasta el 27 de enero de 2022. Hernández tuvo activa participación en el golpe de Estado de 2010 que desalojó a Manuel Zelaya de la presidencia. Acompañó al nuevo Presidente, Porfirio Lobo Sosa, como presidente del Congreso Nacional.
Su hora más oscura empezó cuando su Partido Nacional, perdió las elecciones con Xiomara Castro. La Justicia de Estados Unidos tenía desde hace tiempo pruebas contundentes sobre sus vinculaciones con los narcos. Pero ponerlas sobre la mesa y detenerlo hubiera favorecido las chances de la candidata de la izquierda.
En el juicio contra su hermano, Juan Antonio “Tony” Hernández en 2019, el ex presidente había sido nombrado 104 veces. En 2017 lo mencionó Devis Leonel Rivera Maradiaga, alias “El Cachiro”, en una conversación mantenida con Fabio Lobo, preso en Estados Unidos por narcotráfico. También está probado que Víctor Morales, alias “El Rojo”, aportó miles de dólares para la diputación de Juan Orlando Hernández en 2005, pero quien más lo comprometió fue el ex-alcalde de El Paraíso, Alexander Ardón, que confirmó que hasta “el Chapo Guzmán“ había aportado para financiar su campaña presidencial. La vinculación de Hernández con distintos capos narcos iba de garantías de blindaje, hasta asociación para hacer negocios con el Estado.
El ex Presidente fue detenido ayer 15 de febrero por cargos surgidos de las investigaciones de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York y la Administración de Control de Drogas (DEA). Será extraditado y encarcelado en Estados Unidos donde puede compartir prisión con Fabio Lobo, el hijo del ex-presidente Porfirio Lobo Sosa, que precedió a Hernández. Resulta curioso que en un país como Honduras donde el hijo de un Presidente y quien gobernó a continuación por dos períodos, están detenidos por narcotráfico, nunca haya sido señalado como Narcoestado.
Sería una broma trágica que a Hernández lo extraditen utilizando el aeropuerto de Palmerola-Soto Cano, que era el que utilizaba el gobierno estadounidense para traficar la droga en los años 80. Es posible. Ese aeropuerto, que sigue siendo una base norteamericana, está afectado ahora a la lucha contra el narcotráfico.

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