Encanto o desencanto

Encanto o desencanto

16Feb22 0 Por Carlos Munevar

El encanto colombiano por el momento está embolatado, sus protagonistas pasan hambre y penurias, las mariposas amarillas están desaparecidas y el pueblo colombiano deberá perseverar para lograr esa segunda y definitiva emancipación. Hay vientos de cambio. 

A finales del año pasado se estrenó “Encanto”, la primera película infantil de Disney cuyo escenario es Colombia, como era de esperarse y fieles a esa costumbre provinciana de creerse el ombligo del mundo, salieron todos los presentadores y especialistas en cotilleo farandulero a afirmar que la película era uno de los mejores films de Disney de toda la historia.  Mas allá de tamaño despropósito, por lo menos la película evidencia entre líneas en una de sus escenas una de las situaciones mas dolorosas que aún siguen ocurriendo en el país: el desplazamiento forzado y el asesinato de campesinos a manos de ejércitos privados.

En la película cada uno de los personajes tiene un poder específico que lo hace especial, menos la protagonista que termina siendo la salvadora de su familia y del pueblo que se fundó a su alrededor: Encanto. Sin embargo, en la Colombia real, esa de los desplazamientos, las falacias, el hambre y el ciclo de violencia sin fin, los protagonistas también tienen poderes: 

En primer lugar, el cinismo, se necesita tener un desprecio total por el colombiano de a pie o subestimar profundamente al elector para seguir presentándose en el panorama de las elecciones como la fórmula “salvadora” de la “patria”. El uribismo y su discurso desgastado y rebajado a su mínima expresión con la nefasta presidencia de Iván Duque persevera en el discurso de presentarse como una fórmula mesiánica envuelta en el velo místico de su líder quien recorre como un profeta maldito, perseguido por sus enredos con la justicia, los rincones del país entregando sus sagradas escrituras a manera de panfleto en donde pone como requisitos para la salvación de la patria, acabar con FECODE y con la JEP, privatizar la educación y rechazar a ese “anticristo” representante del comunismo en la tierra llamado Gustavo Petro, quién tuvo como discípulo al propio Hugo Chávez y representa en sí, una amenaza para el orden democrático establecido. 

Este cinismo pareciera ser aún más contagioso que la misma variante del Covid19, el Omicron, pues se refleja en toda una serie de hechos y pronunciamientos caricaturescos que día a día se emiten desde canales del establecimiento hablando de una Colombia que solo existe en sus cabezas. Los últimos pronunciamientos que rozan en lo inverosímil y ridículo fueron los del propio presidente Duque en su “paseo” por Europa, en donde alardea de sus logros y de un “espectacular” crecimiento de la economía colombiana en el 2021 con un 10.2% colocándola en el liderazgo de recuperación luego de la pandemia, dato que contrasta con hechos reales tales como la gravísima situación económica:  una moneda nacional que  despuntó al inicio del 2022 como la más devaluada del planeta (Portafolio, 2022), cifras de desempleo rondando  el 12% (La República, 2022), el trabajo informal o la economía de semáforo subiendo  de un 44% durante el 2020 a un escandaloso 48% en el 2021 (El Tiempo, 2021) y según informes serios del DANE, el Banco de alimentos y la misma FAO la existencia de un problema real de inseguridad alimentaria, que coloca a Colombia en el rango de países en el mundo más críticos,  un promedio del 34% de colombianos solo pueden comer 2 veces al día, 7,4 millones de colombianos subsisten con 36.8 dólares al mes (El Espectador, 2022) y para completar el crudo panorama existen graves problemas de desnutrición, enfermedades y mortalidad infantil asociadas al hambre. La canasta familiar es un termómetro concreto para desvirtuar las afirmaciones de Duque. Dos ejemplos: la papa, alimento básico del mercado de las familias colombianas tuvo un aumento del 140%. El pan, otro de los productos de primera necesidad para millones de colombianos, paso en 6 meses de los 200 pesos colombianos a los 500 pesos. 

En segundo lugar, la memoria selectiva, los entes investigadores y de control del Estado tales como la procuraduría, la Personería, la Defensoría del pueblo, la Contraloría y la Fiscalía, que deberían propender por el equilibrio de poderes en un sistema de pesos y contrapesos, cayeron hace rato en manos de personajes muy cercanos al partido de gobierno y al propio presidente, en otras palabras, investigan lo que les conviene. En ese orden de ideas la impunidad con la que gozan los “amigos” y “aliados” del régimen es aberrante y si a esto le agregamos el papel de manipulación de diferentes medios de comunicación afectos al establecimiento, no existen garantías políticas ni jurídicas para la oposición política y los sectores sociales en conflicto con el gobierno nacional. 

En tercer lugar, el poder de la desaparición. En medio de una turbulenta situación social, desaparecen los lideres asesinados, desaparecen las pruebas, desaparece incluso la pandemia, no se explica como con una variante como la Omicrón catalogada como una de las mas contagiosas existentes desaparezca, en medio de un país volcado al rebusque en las calles, con cero disciplina social y un plan de vacunación deficiente y tardío. 

Lo cierto es que en plena campaña electoral el “Encanto” solo se puede referir a la hipócrita careta que los candidatos a las legislativas y presidenciales se han colocado para embaucar al ciudadano, ya me imagino los ríos de dinero que corren hacia los municipios más pobres para comprar el voto, las denuncias sobre irregularidades en la registraduría nacional responsable de los próximos comicios, la guerra sucia en contra del candidato Petro quien puntea las encuestas y la existencia de un caricato como el “ingeniero” Rodolfo Hernández bautizado por algunos como el “Trump colombiano” por su desfachatada campaña llena de barbaridades, audios amenazantes, golpes frente a las cámaras, amenazas con tiros a contradictores, y el slogan de que va a acabar con la corrupción, mientras está envuelto en situaciones que ponen en duda su conducta. Así de ”encantadora” está la campaña presidencial, una muestra grosera de infantilización de la política en donde los electores asisten a una especie de Reality Show, en un set de televisión que funge como “casa estudio” en donde presentadores totalmente parcializados interactúan con una mayoría de  candidatos juegan a ser simpáticos, no tienen una propuesta de país,  alardean de logros inexistentes, y  atacan incesantemente casi cayendo en un bullying escuelero a  aquellos que de manera seria y responsable vienen proponiendo un proyecto político incluyente, emancipador y de transición entre esa larga y oscura noche uribista y esa Colombia en donde los “nadies” sean escuchados, en donde la educación pública sea una política de Estado, en donde se supere el ciclo de la violencia y se transforme el modelo neoliberal, extractivista en un modelo económico que permita recuperar la soberanía alimentaria, la industria nacional y se superen los graves problemas de dependencia y subdesarrollo existente. 

El encanto colombiano por el momento está embolatado, sus protagonistas pasan hambre y penurias, las mariposas amarillas están desaparecidas y el pueblo colombiano deberá perseverar para lograr esa segunda y definitiva emancipación. Hay vientos de cambio. 

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