El Banco Central sube la tasa de interés. El ajuste se acelera

El Banco Central sube la tasa de interés. El ajuste se acelera

19Feb22 0 Por Mariano Féliz

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvió a subir sus tasas de interés de referencia. La tasa de las Letras de Liquidez (LELIQ) empuja al sistema financiero a aumentar también las tasas pagadas por plazos fijos y cobradas en los créditos. En acuerdo con el FMI, la suba de tasas busca reducir la inflación, pero corre el riesgo de desacelerar la economía. Además, acelera el ajuste sobre el pueblo.

El acuerdo con el FMI no está firmado pero ya se está implementando, e incluye medidas típicas del menú fondomonetarista para bajar la inflación. El BCRA decidió aumentar nuevamente el rendimiento de las Letras de Liquidez (LELIQ). Como sabemos, estos títulos sólo pueden ser adquiridos por los Bancos Comerciales, y son utilizados por el BCRA para intentar regular (al menos parcialmente) la oferta de dinero y crédito. Cuando los bancos tienen recusos ociosos (dinero que no quieren prestar o no pueden colocar en otro lado), compran estas letras por plazos de 28 o 180 días, cobrando una tasa de interés decidida por el BCRA. En el día de ayer, esas tasas subieron a 42,5% y 47%, respectivamente. Esa tasa está aun por debajo de la inflación anual (que en enero llegó al 50,7%).
Por supuesto, esto significa que el Estado argentino aumentará los pagos al sistema financiero. Hoy en día, el stock de LELIQ es de alrededor de 4 billones de pesos, y se estima que los bancos cobrarán en 2022 no menos de 2,33 billones de pesos! Cerca de 10 veces lo que se recaudó con el Ingreso Extraordinario a las Grandes Fortunas. Mantener el sistema bancario bajo gestión privada -o como si fuera privada (Banco Nación Sociedad Anónima)- desvía una enorme cantidad de recursos al capital financiero, cuando podrían usarse para resolver urgentes problemas sociales y económicos.
Pero volvamos al aumento de las tasas de interés. ¿Cuál es la lógica de esa decisión? Pues bien, los liberales y el Fondo (¿también el gobierno?) creen que llevar a la tasa de interés por encima de la inflación induce a quienes tienes excedentes de dinero a invertilos en activos financieros en pesos (por ejemplo, un plazo fijo en pesos) y no a gastarlos en ‘bienes’. Esta explicacion, asume que si sobra dinero (si hay mucha emisión de dinero, por ejemplo, porque el Estado tiene déficit) ese dinero ‘excedente’ aumenta la demanda de bienes, generando inflación. Según está explicación, subir la tasa de interés es un mecanismo imperfecto para contener este fenómeno; imperfecto, pues la solución perfecta sería llevar el déficit público a cero, junto con la emisión de dinero para financiarlo. Claro está, este proceso supone recortar el gasto público y por lo tanto recortar la transferencia de recursos y las actividades desarrolladas desde el sector público, en buena medida en favor de los sectores populares.
¿Lógico, no? Pues no necesariamente. En la práctica, si hay mucho dinero circulando, el excedente de dinero (excedente financiero) tiende a colocarse en el mercado financiero en inversiones en pesos o en dólares. Acá es dónde la suba de tasa juega un rol, pues una tasa más alta induce a que una mayor porción del dinero excedente vaya a inversiones en pesos (plazo fijo en pesos) y no a inversiones en dólares o compra de propiedades. Este es el argumento que enfatiza el gobierno. Subir la tasa de interés permitiría reducir la presión sobre el mercado del dólar. Ocurre que si el precio del dólar sube (devaluación de la moneda local), aumenta el precio de aquellos bienes, servicios y activos con precios dolarizados. ¿Cuáles? Pues fundamentalmente los alimentos, combustibles, viviendas y terrenos, entre otros.
Este argumento es una verdad a medias. El valor del dólar no se define simplemente por las alternativas financieras a corto plazo (es decir, por la tasa de interés pagada por un plazo fijo) sino fundamentalmente por la presión de la demanda sobre la oferta disponible. Mientras la oferta de dólares está esencialmente determinada por los ingresos de exportaciones (la soja es el principal rubro aquí), el endeudamiento externo (con la crisis actual, casi no hay ingreso por este motivo) y las posibles inversiones productivas o especulativas que vengan al país. La demanda, por su parte, tiene que ver en parte con la acumulación de dólares para atesorar (“la fuga”), pero también por las importaciones de bienes y servicios (incluido, el consumo para viajes internacionales), la transferencia de ganancias de las transnacionales a sus casas matrices, y el repago de la deuda externa. Estos últimos rubros son por lejos los más importantes, mientras que “la fuga” es muy importante pero no está determinada por la tasa de interés, sino por la dolarización de la economía en actividades muy importantes como la compra/venta de automóviles, y -sobre todo- propiedades. Argentina es uno de los mayores demandantes de dólar “billete” y uno de los pocos que tienen el valor de sus viviendas valuados y comerciados en dólares (ver el contraejemplo de Brasil).
¿Entonces? Pues la suba de la tasa de interés juega un rol medianamente importante para controlar la presión sobre el precio de esa moneda, en un contexto donde el problema principal es que la demanda estructual de dólares supera ampliamente su oferta. ¿Cuál es la solución del gobierno? Pues acrecentar el saqueo de las riquezas naturales para ampliar las exportaciones y así la oferta de dólares. Nada hace para reducir el gasto por importaciones producidas por la demanda de las transnacionales (que se dedican a “armar” en el país autos y celulares, por ejemplo), ni para bajar el gasto excedente de los sectores más enriquecidos (que gastan dólares en el exterior en consumo suntuario cómo si la Argentina pudiera emitirlos, o fuera Suiza), ni para reducir el peso de la deuda externa (que es ilegal e ilegítima). Tampoco se avanza en una estrategia que permita desdolarizar el mercado inmobiliario, automotor y otros tan fundamentales como el energético o alimenticio.
Más allá de esto, ¿qué efecto tendrá el aumento en las tasas de interés? Pues básicamente tiende a incrementar el costo del crédito (de consumo o para las empresas) y aumenta los ingresos de quienes viven de rentas financieras (ganan dinero sin trabajar o producir riqueza, ni controlar medios de producción).
El mayor costo del crédito de consumo supone que las familias trabajadoras super-endeudadas, tendrán que pagar más caro el acceso a bienes y servicios básicos. Recordemos, que en Argentina el Estado ha promovido sistemáticamante el endeudamiento familiar a través de programas de crédido general (Ahora 12, etc.) o de programas de endeudamiento orientados a jubilades, a beneficiarios de programas sociales, etc. Mientras las jubilaciones, programas sociales y salarios persisten mayoritariamente en valores de pobreza, la suba de tasa de interés sólo empobrece más a las mayorías endeudadas. Además, una mayor carga de intereses por la deuda personal obliga a las familias a recortar y ajustar el trabajo de cuidados y reproducción (pues tienen menos recursos para llevarlo adelante), acentuando la crisis en la reproducción inmediata de la vida.
Por otra parte, el aumento del costo del crédito ‘productivo’ conspira contra el crecimiento económico que el gobierno tanto anela. Aumentar la carga de intereses sobre las empresas supone, primero, una transferencia desde el capital productivo al capital financiero. Estos mayores costos financieros pueden ser transferidos al precio de los productos y/o pueden conducir a un menor ritmo de inversión o producción, y por lo tanto de creación de empleo.
Pero, además, la suba de tasas induce a las empresas endeudadas a que presionen al interior de sus actividades, ajustando los procesos productivos (aumentando la productividad y la intensidad laboral), buscando precarizar el trabajo, y/o bajar salarios. Para compensar los mayores pagos de intereses, las empresas cargan el ajuste sobre las y los trabajadores. De esa forma, el capital financiero y el capital productivo -en conjunto- operan para llevar un nuevo ajuste en las condiciones de vida del pueblo trabajador.
Subir las tasas de interés como política anti-inflacionaria, cualquiera sea la fundamentación (hemos comentado las dos principales) sólo carga el peso del ajuste sobre el pueblo. Sin atacar las causas fundantes de la inflación (que no analizamos aquí), los argumentos del Fondo (y del BCRA) siguen sometiendo a nuestro pueblo a condiciones de vida cada vez peores, favoreciendo simultáneamente a capitales financieros y productivos.

Foto. Izquierda Diario

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