Rusia vs Ucrania, mentiras para justificar una guerra

Rusia vs Ucrania, mentiras para justificar una guerra

21Feb22 1 Por Guillermo Cieza

Otra vez, mentiras repetidas y amplificadas por las grandes cadenas monopólicas de medios de prensa intentan promover una guerra que solo puede traer más muertos y miseria. Estados Unidos fogonea un conflicto armado en un territorio, donde serán otros los que pondrán los muertos y los daños materiales.



El conflicto entre la OTAN y Rusia que amenaza en convertirse en una guerra cuyo escenario sería Europa, debe contextualizarse en una disputa geopolítica mucho más compleja, en la que intervienen otros protagonistas.


La disputa chino-estadounidense
En primer lugar se debe analizar la disputa entre Estados Unidos y China. Estados Unidos todavía conserva su hegemonía como mayor potencia militar, y el dólar sigue siendo el principal instrumento de transacciones comerciales, pero ya está en discusión que sea la primera potencia económica. Desde hace años la economía China crece más que la estadounidense y la potencia oriental es dominante en las transaciones en EuroAsia que es la región del mundo que está adquiriendo mayor protagonismo económico. Las inversiones chinas se despliegan en todo el mundo, con presencia en Africa, los paises asiáticos del Pacífico Sur e incluso América Latina, donde es el principal socio comercial de Nicaragua, Venezuela, Perú, Chile, Brasil y Argentina. Rusia, es el principal aliado de China, el país con quien tiene más frontera. Sacar del medio a Rusia, ya sea por una derrota militar, o generando una gran desestabilización politica que facilite un cambio de gobierno, permitiría acorralar a China, e imponerle sus condiciones. El gobierno chino no alienta la guerra en la región, ni en otros lugares del mundo. Se siente ganador a mediano y largo plazo, por lo tanto no ve necesidad de forzar situaciones, ni de involucrarse en aventuras impredecibles.


Las relaciones entre Estados Unidos y Europa.
Durante los cuatro años de Donald Trump, la política de su gobierno se enfocó en tratar de resolver, con su perspectiva, los problemas domésticos y maltrató a sus aliados extracontinentales. El actual Presidente Joe Biden, que debutó con una humillante retirada de Afganistan, ha intentado recomponer relaciones con los aliados europeos, y reflotar la OTAN. Al retomar la importancia estratégica de la relación con Europa, el gobierno de Estados Unidos advirtió que en los últimos años, ni Rusia, ni China, perdieron el tiempo. A modo de ejemplo, Alemania, la gran potencia centroeuropea es dependiente de la importación de gas y es abastecida por Rusia mediante un gasoducto que pasa por Ucrania. La recuperación de Ucrania para el bloque estadounidense, fue un problema sorteado por los rusos que construyeron otro gasoducto que no pasa por Ucrania sino por el Mar Báltico. Ese gasoducto está terminado pero todavía no fue habilitado por el gobierno alemán. Para curarse en salud, por si Alemania se niega a comprarle el gas. la Federación Rusa empezará a construir un nuevo gasoducto que les permitirá ampliar sus exportaciones a China. En conclusión, el mayor dinamismo económico del eje chino-ruso lo pone a cubierto de las operaciones de chantaje de las potencias occidentales, y crea condiciones para ejercer presiones. Alemania queda cautiva de la opción de comprar gas ruso barato y correr el riesgo que le cierren la llave si disgustan al país proveedor, o comprar gas caro en Estados Unidos.
La guerra impulsada por Estados Unidos está sustentada sobre una fake news que todos los medios de las cadenas monopólicas asociados al imperio repiten en cadena: “Rusia va a invadir a Ucrania”. El gobierno de Estados Unidos no ha podido presentar una sola prueba de que esto sea cierto, salvo mencionar unos ejercicios militares de las tropas rusas programadas hacía un tiempo. El gobierno ruso ha desmentido reiterádamente que esté pensando invadir Ucrania.

Que una guerra se apoye en una mentira, no les preocupa demasiado a los gobernantes europeos. Al fin y al cabo, como dice Julián Assange, más del 50% de las guerras fueron justificadas con mentiras. Lo que les preocupa es que, si se produce, el escenario volverá a ser Europa. En consecuencia, sus negocios, su infraestructura productiva, de servicios y administrativa, y sus poblaciones, volverán a pagar los platos rotos. Para empezar siendo Ucrania uno de los principales abastecedores europeos de trigo y maiz, si estalla una guerra habrá una fuerte escasez y suba del precio de los alimentos. Los europeos saben un poco de historia, y por la experiencia de los ejércitos napoleónicos, y de la Alemania nazi, advierten que es fácil invadir a Rusia, pero es difícil ganarle. Y que el resultado de estas aventuras siempre terminan siendo catastrófico para los dos bandos. Seguramente por eso los gobiernos de Francia y Alemania acuerdan en ejercer presión sobre Rusia, pero han demostrado poco interés en incursionar en estas aventuras bélicas.


Debilidades y fortalezas de Rusia.
La derecha argentina suele asociar a Rusia y al gobierno de Vladimir Putin con la revolución rusa y el comunismo. Se parecen tanto como una víbora a una pantera. Son animales que comparten o han compartido el mismo territorio, pero todo lo demás es diferente. A modo de ejemplo, fechas símbólicas de la Revolución Rusa, como el 7 de noviembre, no son parte del calendario de conmemoraciones en la Rusia de Putin.
Putin, que fue agente del servicio de informaciones soviéticos, la KGB, es un político que encarna el nacionalismo ruso, que prescinde de cualquier consideración de clase. El pueblo que lo apoya, lo reivindica como un caudillo que, gobernando desde 2012, sacó al país de la anomia, la crisis política, la humillación internacional y el desastre económico que precedió a la disolución de la Unión Soviética. Sus críticos, le reclaman su escasa preocupación por las condiciones de bienestar de las clases populares y sus métodos autoritarios. Las actuales élites rusas combinan restos del viejo capitalismo de Estado, con el capitalismo de amigos de Putin y los Ceos de las filiales locales de empresas multinacionales. Todos estan comprometidos en el proyecto de convertir a Rusia en una gran potencia mundial. Los claroscuros de Rusia quedaron expuestos con la epidemia del Covid. Fue uno de los primeros países en crear una vacuna efectiva gracias al Instituto Gamaleya, que es un sobreviente de la medicina estatal soviética. Pero en Rusia hubo un importante número de contagios y fallecidos, por falta de disponibilidad de vacunas y por la fuerte resistencia a vacunarse de buena parte de la población, por oposición a cualquier iniciativa del gobierno.
La apuesta norteamericana no es aplastar militarmente a Rusia, sino derribar a Putin, utilizando las pérdidas humanas y materiales que genera un conflicto armado para fogonear descontentos internos. Pero también la experiencia mundial dice que ante agresiones externas, florece el nacionalismo y quién mejor que Putin para ponerse a la cabeza de la defensa del territorio nacional y la seguridad común.
Pensando en una confrontación bélica hay que apuntar que el ejército ruso no tiene el despliegue territorial, ni la cantidad de bases y efectivos de las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN, pero es el aparato militar más moderno del mundo. Y ese detalle puede ser importante en conflictos localizados. Lo demostró en el conflicto de Siria, donde Rusia probó nuevos armamentos.


El conflicto en Ucrania
Ucrania acentuó su lugar de centro de disputas geopolíticas en 2014, con el desplazamiento del presidente Viktor Yanukovich, un populista apoyado por Rusia, cuya gestión tenía fuertes críticas de distintos sectores de la población, en particular de las capas medias. La agitación escondía mucho más que legítimas demandas populares, por la activa participación de un sector neonazi y por la fuerte injerencia del gobierno estadounidense, que promovía desestabilizar un país con una posición estratégica privilegiada. Estados Unidos pudo cumplir su objetivo de mínima de utilizar a esta “revolución de colores” para imponer en Ucrania, un gobernante afín, pero no pudo cumplir su objetivo de máxima de controlar la península de Crimea. Esta región de Ucrania es de sumo valor estratégico porque domina el estrecho por donde sale la flota rusa al Mar Negro. Crimea ha sido un territorio que históricamente perteneció a Rusia, sus habitantes en su mayoría hablan el idioma y se identifican como rusos. Después del episodio del golpe de Estado que derrocó a Yanukovic, no reconocieron a las nuevas autoridades, convocaron a un plesbicito y por amplia mayoría decidieron adherirse a la Federación Rusa. Pecaríamos de inocentes, si alegáramos que el gobierno de Putín no alentó esa adhesión. El asunto hubiera terminado allí, pero ocurrió que otras ciudades y regiones, donde también la población es mayoritariamente rusa, tampoco reconocieron al nuevo gobierno ucraniano. Cerrada la posibilidad de seguir el ejemplo de Crimea por una negociación de los gobiernos de la OTAN, el gobierno de Ucrania y Rusia, se proclamaron Repúblicas independiente. Se trata de Lugansk, Donetsk y Mariupol. Estos territorios se han mantenido en conflicto permanente con el gobierno ucraniano. Allí hay bombardeos y, en las zonas limítrofes, frecuentes intercambios de disparos. Sobre este conflicto, que ya lleva algunos años, y que compete exclusivamente a ucranianos o ex-ucranianos, se armó la fake news de “la invasión de Rusia”. Planteadas las negociaciones, la posición de Estados Unidos ha sido no sólo arrasar a las Repúblicas independientes sino también instalar en Ucrania bases de la OTAN, con misiles y armamentos, para “defender la seguridad de Europa”. Putin les ha contestado que eso sería lo mismo que permitir que se instalen bases rusas con misiles en México o Canadá. En la disputa geopolítica Estados Unidos exagera sus demandas porque el único arreglo pacífico que aceptaría es la rendición de su adversario. Las principales potencias europeas y países, que advierten que el conflicto puede llegar a sus territorios, plantean flexibilizar posiciones y el gobierno proeuropeo de Ucrania empieza a preocuparse porque es seguro, que si hay guerra, la primera víctima será su propio país.

Bolsonaro monta su show.
En una situación de tanta tensión mundial la nota de color la puso Jair Bolsonaro. Viajó a Moscu y reunido con Putin, declaro que apoyaba las demandas rusas. Cuando regresó, afirmó que había podido convencer al Presidente ruso de que “no invadiera Ucrania”. Para completarla, uno de sus ministros propuso postularlo, como premio Nobel de la Paz “por haber evitado la guerra”. Al premio Nobel de los Payasos tendría que postularse. Aunque en ese rubro, va a tener fuerte competencia.

Guillermo Cieza- Foto RT

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