La Nelly, el milagro de su voz

La Nelly, el milagro de su voz

26Feb22 0 Por Daniel Campione

Nelly Omar supo cumplir cien años subida a un escenario. A lo largo de su prolongada vida sufrió persecuciones y épocas de ocaso, hasta quedar convertida en un símbolo del tango, inclinado hacia un repertorio “campero” que la distinguió como “cantora nacional”.

Si un escritor de ficciones escribiera un relato acerca de una cantante de 100 años que realiza un recital completo ante un estadio lleno, tal vez se lo incluiría en el género fantástico.

Sin embargo ese “milagro” ocurrió en la vida real. Nelly Omar festejó su centenario frente al Luna Park repleto. Tuvo lugar el 11 de noviembre de 2011, cuando actuó durante más de una hora frente a un público eufórico.

Del campo y de tiempos idos.

A esa altura ya hacía unos años que tras un largo alejamiento de los circuitos masivos, Nelly había sido “redecubierta”. Volvió a los grandes escenarios, con su voz muy bien conservada pese a los muchos años que ya tenía. Y a al calor de un cierto resurgimiento del tango, que iría consolidándose con el tiempo.

Corría la década de 1990 y Nelly volvió a brillar, convertida ya en portadora de su propia leyenda.

Quien escribe estas líneas, como tantos otrxs, experimentó la fascinación que ejercía  la figura y el canto de Nelly en sus últimos años. Era la sobreviviente a todo, la que había atravesado más de ocho décadas como cantante y había sufrido fuertes altibajos en su vida y en su carrera, para terminar convertida en una figura de primera línea.

Nelly fue lo que se decía una “cantora nacional”. Interpretaba tangos y hasta fue “cantora de orquesta”. Pero sus puntos más altos eran las canciones criollas, muchas veces con ritmos afines al repertorio tanguero, como valses y milongas, pero no estrictamente tangos.

Buena parte de las letras que entonó Omar se refieren al ámbito rural. Y es frecuente que hagan referencia a épocas anteriores a la canción ciudadana. Un ejemplo acabado de ese tipo de versos son los de El adiós de Gabino Ezeiza, de Héctor Pedro Blomberg, que se sitúan en la segunda mitad del siglo XIX:

Esperanzas que ya no hay,
coplas y cielos ardientes,
la diana de los valientes
volviendo del Paraguay.
Cantos de patria, pero ¡ay!,
que en la guitarra argentina,
que en la guitarra argentina
melancólica se inclina
para decirles adiós,
mientras se apaga la voz
de las milongas de Alsina.

Otro caso son los versos de Betinotti, de la autoría de Homero Manzi. En ellos se le canta a quien fue motejado “el último payador” que murió en 1915, con la melodía de una milonga de resonancias camperas.

Mariposa de alas negras
volando en el callejón,
al rumorear la bordona
junto a la paz del malvón.
Y al evocar en la noche
voces que el tiempo llevó,
van surgiendo del olvido
las mentas del payador

Incluso interpretó alguna canción “campera” en veta cómica, como la magistral “Mama lleváme pa’l pueblo”, del repertorio de Agustín Magaldi, en la que una adolescente manifiesta ferviente interés por conseguir novio.

Llevame pa’l pueblo, que siento en la sangre
subir como fiebre por culpa’el calor.
Total, ¿qué te cuesta?, caballos tenemos,
y de un galopito nos vamos las dos.
Llevame pa’l pueblo, comprame una barra
grandota de rouge, con diez de rimmel.
Pintame la trompa, los ojos, las uñas,
poneme bonita para merecer.

Momentos de una vida.

Es indudable que además de su arte, la trayectoria vital de la “cantora nacional” abunda en hitos dotados de encanto.

Fue contemporánea de Carlos Gardel y de Agustín Magaldi en los inicios de su carrera. Le puso la voz a la muy cuestionada por los críticos, pero muy exitosa orquesta de Francisco Canaro. No se sujetó al rol de “cantora de orquesta” y se inclinó más por cantar con acompañamiento de guitarras, algo más adecuado al sesgo “criollo” que adoptó su repertorio.

Fue amiga de Evita, a la  que conocía desde antes de su incursión en la política, ya que trabaron amistad  en 1940. Supo ser una ferviente peronista. En esa etapa convirtió en un éxito a la milonga La descamisada, de manifiesta identificación con esa causa política.

Soy la mujer argentina,
la que nunca se doblega
y la que siempre se juega
por Evita y por Perón.
Yo soy la descamisada,
a la que al fin se le escucha,
la que trabaja y que lucha
para el bien de la Nación.

Grabación del concierto de Nelly Omar en el que celebró sus 100 años


En 1937 había conocido a Homero Manzi, con quien mantuvo una relación de pareja nunca “oficializada”.  La cantante se convirtió en una destacada intérprete de varios temas con letra de Manzi, incluso algunos no tan famosos como Parece mentira y Nobleza de arrabal.

 También interpretó a parte de los más difundidos como Desde el alma o Malena. Sobre este último siempre hubo conjeturas, nunca confirmadas, acerca de que el  poeta santiagueño se lo había dedicado a ella

Tras la caída del peronismo, sufrió censura y exilio, al igual que otras mujeres  artistas con compromiso peronista, como Sabina Olmos, Tita Merello y Fanny Navarro.

Ya de regreso al país, dejó de cantar en público un tiempo. Sufrió épocas  de pobreza, sola con su poncho colorado. Se reintegró a la actividad hacia el final de la década  de 1960.

 Alguna vez la llamaron “La Gardel con polleras”. Ella se encargó de rechazar ese alias. Aunque admiraba a Carlos Gardel,  no quería quedar a su sombra. Buscaba ser ella misma y que el público la reconociera como tal.

En sus años finales le llovieron homenajes y premios. Nada de eso pareció envanecerla. Su orgullo era su voz perenne y su prestancia para plantarse frente al público.

Murió en 2013, a los  102 años, sin deberle nada al canto ni a la vida. Dejó la estela de “cantora nacional” por excelencia, apta para ser escuchada con una atención conmovida.

Daniel Campione en Facebook

@DanielCampione5 en Twitter

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