Ucrania: donde la manta quedó corta

Ucrania: donde la manta quedó corta

26Feb22 0 Por Guillermo Cieza

El gobierno de Ucrania se quedó solo a la hora de recibir los cachetazos por su pretensión de incorporarse a la OTAN y por incumplir los acuerdos de Minsk. Rusia parece haber ganado esta batalla de la disputa geopolítica. Pero el nuevo escenario mundial no se limita a estas confrontaciones. Los pueblos están presionando por la paz y la Naturaleza, como nuevo gran interlocutor, ya ha empezado a mostrar sus cartas.



En el día de ayer un reconocido analista internacional comentó: “La Unión Europea debe reconocer que su morosidad burocrática y la subordinación de elementos estratégicos en las políticas internas contribuyeron a convertir la negociación de la relación de Ucrania con Europa en una crisis. La política extranjera es el arte de establecer prioridades”…”Occidente debe entender que para Rusia, Ucrania nunca será simplemente un país extranjero. La historia rusa comenzó en lo que se conocía como el Kievan-Rus. La religión rusa se expandió desde ahí. Ucrania ha sido parte de Rusia por siglos y sus historias han estado entrelazadas desde antes. Algunas de las más importantes luchas por la libertad rusa -comenzando por la Batalla de Poltava en 1709- fueron libradas en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro -el medio de Rusia para proyectar poder en el Mar Mediterráneo- tiene su base a largo plazo en Sebastopool, en Crimea. Incluso disidentes conocidos como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky coincidieron en que Ucrania es una parte integral de la historia rusa y, en realidad, de Rusia”. Y remató: “Ucrania no debería unirse a la OTAN, una posición que asumí hace siete años, cuando se trató por última vez… Ucrania debe tener la libertad de crear cualquier gobierno compatible con la voluntad expresa de su pueblo. Políticos y líderes sabios ucranianos optarán y elegirán una política de Reconciliación entre los distintos pueblos, etnias y facciones culturales de su país” . El articulo no está publicado en RT, ni lleva la firma de un analista pro-ruso. Fue publicado en Washington Post, bajo el título, “Cómo termina la crisis ucraniana” y está firmado por Henry Kissinger, ex Secretario de Estado de los Estados Unidos entre 1969 y 1977. Este analista propone también que Rusia debería devolver a Ucrania la península de Crimea, con la condición de que ese país respete su autonomia, sus autoridades elegidas y, en un proceso que “deberá incluir eliminar cualquier duda ó ambigüedad sobre el «estatus» oficial de la flota rusa en el Mar Negro en Sebastopol”. La opinión de Kissinger es importante y tiene peso en Estados Unidos, porque ha sido uno de los grandes arquitectos del poder global del imperio. Como buen analista no confunde deseos con realidades y su diagnóstico reconoce que una estrategia puesta en práctica durante 20 años por Estados Unidos y la Unión Europea de separar a Ucrania de Rusia, ha fracasado. Da por perdida a Ucrania como parte de la OTAN. Y esto no se debe a que, a los 94 años, haya moderado su ambición imperialista. Apenas advierte que la manta quedó corta y que quien quedó desnudo, fue el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
Por su ubicación geográfica, Ucrania es una pieza central para la defensa y la supervivencia de Rusia, porque allí pasa el gasoducto que actualmente abastece a distintos países de Europa, pero además, es un nudo de conexiónes terrestres con caminos, líneas férreas y ductos. La Península de Crimea, anexada a Rusia en el año 2014, permite dominar la salida hacia el sur por el único puerto de aguas templadas, que es Sebastopol. Para agregar dificultades el gobierno de Ucrania insiste en avanzar con la incorporación a la OTAN, sin advertir que ese país tiene la comunidad rusa más grande fuera de la Federación. La denodada resistencia de las poblaciones que se identifican con el pueblo ruso, Crimea, Lugansk y Doneck, y la actual presencia de los tanques rusos en Kiev, demuestran que la apuesta de plantarle a Rusia una base de la OTAN en Ucrania, era una apuesta descabellada, fuera de tiempo.
La pérdida de la pieza ucraniana para fortalecer el cerco contra Rusia no significa que no continuarán operando en ese territorio. Si Rusia aspira a una solución rápida del conflicto, la política de la OTAN va a ser estirarlo y convertirlo en un pantano, como fue Afganistan. Las sanciones económicas que se ejercen contra Rusia y también contra Bielorusia, apuntan a debilitar economías que no son florecientes.
La aparición de China como mediadora en el conflicto, ratifica su decisión de convertirse en una interlocutora política mundial de primer nivel, pero advierte también que ocupar esos lugares no resulta gratuito. Los dirigentes chinos son conscientes de que su país es el gran objetivo a demoler para las potencias occidentales y que en este momento histórico están atados a la suerte de Rusia. Si desde lo económico o lo militar se desmorona la muralla rusa, sus problemas van a multiplicarse. Rusia es su principal proveedor de gas y petróleo, pero también cuenta con enormes reservas de agua y minerales como el litio, es un importante abastecedor de alimentos y cuenta con un ejército de avanzada. China que es el principal socio comercial de Rusia, le vende manufacturas y productos tecnológicos.
La anunciada construcción de un nuevo gasoducto ruso a China, es una inversión que ilustra la búsqueda de complementar economías, acelerada a partir del inicio de la guerra comercial entre Estados Unidos y China en 2018. El gasoducto Soyuz Vostok, que conectará a Rusia con China atravesando el territorio de Mongolia, permitirá suministrar cerca de 50.000 millones de metros cúbicos de gas anualmente al mercado chino, esto significa 1,3 veces más que lo que ya transporta el gasoducto Fuerza de Siberia.
El alto perfil de Rusia en la defensa de su seguridad nacional, que fortalece la seguridad común de estas dos grandes potencias emergentes, se complementa con las políticas de apertura de mercados, con la ruta de la seda, los acuerdos “ganar-ganar” y los llamados a la paz y a la armonía en un mundo globalizado y multilateral que propone China. China también es el primer socio comercial de las dos terceras partes de los países del mundo.
Las disputas geopolíticas son apasionantes, pero debe advertirse que cuando llegan a su fase armada, se desarrollan en un mundo donde un puñado de países cuentan con arsenales nucleares con potencial suficiente para crear genocidios en masa y además existen centrales atómicas, que si son afectadas pueden generar daños inconmensurables. La cuestión de la paz no es una postura exclusivamente ideológica, sino que hace a nuestra supervivencia. Con más argumentos que nunca debe ser una bandera de los pueblos.
La cuestión de la paz es acuciante, pero no puede ser una bandera que se levanta o se retira, según quien dispara. Todos los gobiernos de la OTAN que callaron los 14.000 muertos en Donbass, que fueron responsables del millón de muertos en Irak, de los bombardeos masivos en Siria, Libia, Palestina y Afganistan, o que son cómplices de Arabia Saudita para tirar misiles en Yemen, lloran con lágrimas de cocodrilos por la paz y no tienen autoridad para hacerlo. La guerra, no empezó con la invasión a Ucrania por parte de Rusia, está presente en el mundo desde hace mucho tiempo y sus víctimas son demonizadas.
Debe advertirse también que las disputas geopolíticas transcurren en tiempos donde el tránsito hacia una catástrofe ambiental se va acelerando. Y, como anticipo de ese destino, se producen grandes inundaciones, sequías prolongadas, grandes huracanes y tsunamis, olas de calor o de frío intenso, erupción de volcanes, grandes deslizamientos de tierra, pandemias, etc. En este nuevo escenario, no sólo disputan potencias que van perfilando bloques que pueden desencadenar en el futuro una nueva guerra mundial, sino que empiezan a intervenir en forma más creciente las fuerzas de la naturaleza. No se advierte, por parte de los líderes de las grandes potencias, ni por las élites de multimillonarios que dominan el mundo, mucha preocupación por este nuevo protagonismo. Un informe publicado por Breakthrough – National Centre for Climate Restoration (NCCR), de Australia anticipa que la crisis climática actual nos llevará, a mediados de este siglo, a una situación de “caos absoluto”, el inicio de colapso que nos llevará “en un camino hacia el fin de los humanos, civilización y sociedad moderna como la conocemos”. ¿Exageran? La historia dirá.
Es responsabilidad de los pueblos del mundo poner estas cuestiones en agenda porque podría suceder que el desenlace no sea la plena hegemonía de un bloque de potencias, en desmedro de otros. Ni tampoco que nos desembarazemos del capitalismo. Podría suceder que antes que se resuelvan estas disputas, la naturaleza nos declarare prescindibles y que el planeta siga viviendo sin humanidad.

Guillermo Cieza
Foto. La Brecha. México.

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