Dos confrontaciones en Ucrania (parte 1)

Dos confrontaciones en Ucrania (parte 1)

2Mar22 0 Por Claudio Katz

En los primeros días de la operación militar el avance del ejército ruso ha sido fulminante. Destruyó los blancos preestablecidos e inutilizó la infraestructura de un rival infinitamente más frágil. No hay punto de comparación entre ambos bandos y si el resultado final dependiera del desenlace bélico, el triunfo de Rusia estaría asegurado.

Pero la confrontación recién comienza y el gran interrogante es el propósito inmediato de Moscú. ¿Busca ocupar el país? ¿Intenta forzar la caída del gobierno? ¿Pretende imponer sus demandas a un presidente sustituto? Con los tanques rodeando a Kiev, el paso del tiempo juega en contra del operativo.

SORPRESAS, REACCIONES E IMPREVISTOS

La impotencia de Occidente ha sido el dato más llamativo del escenario creado por la ofensiva moscovita. La decisión de Putin paralizó a sus rivales, que no optaron por ningún curso de acción para socorrer a su protegido. El presidente Zelensky verbalizó abiertamente ese abandono de sus guardianes (“nos dejaron solos”).

La desorientación de Biden es patética. Conocía el plan ruso que sus voceros publicitaron con gran anticipación, pero no programó ninguna respuesta. Desechó la escalada militar y también las propuestas negociadoras de Putin, sin considerar otras alternativas.

Ese desconcierto confirma que los reflejos de Washington siguen afectados por la reciente derrota de Afganistán. El Departamento de Estado enfrenta serios límites para involucrar a los marines en nuevos operativos y la misma resistencia a comprometer tropas se verifica en Europa. Por eso la OTAN se ha limitado a emitir vagos pronunciamientos.

Es evidente que las sanciones económicas serán irrelevantes si Rusia logra un éxito político-militar. Cualquier bloqueo financiero o comercial quedaría deshecho en la práctica por esa victoria. Moscú se ha preparado para resistir las penalidades. Acumuló grandes reservas de divisas y multiplicó los convenios de intercambio para afrontar el aislamiento. Pero esas prevenciones sólo servirán si consigue una victoria en el corto plazo.

Rusia ha perfeccionado la política de sustitución de importaciones para lidiar con las sanciones y es muy incierto el impacto de su eliminación del sistema internacional de gestión bancaria (Swift). Si Putin negoció con Xi Jin Ping una compra-venta masiva de productos podría contrarrestar el boicot de Occidente. Pero nadie conoce cuál es la convergencia efectiva de los dos gigantes que desafían a Estados Unidos.

            Las sanciones son un arma de doble filo y podrían transformarse en un boomerang para Occidente, si afectan a las propias empresas transatlánticas. Las penalidades dispuestas en Londres contra los oligarcas rusos, ya generan por ejemplo ruido en otras operaciones del paraíso financiero inglés.

La belicosidad comercial contra Moscú acrecienta, además, el encarecimiento de los combustibles y los alimentos y erosiona también la recuperación económica pos pandemia. Rusia provee gran parte del trigo comercializado en el mundo, suministra un tercio del gas utilizado por Europa y aporta la mitad del consumido por Alemania. Si Berlín prescinde de su principal proveedor energético: ¿Quién resultará más afectado? ¿El vendedor ruso o el adquiriente germano?

Algunos analistas estiman que Putin cayó en una trampa concebida por Biden, para empujar a Rusia al mismo pantano que agotó a la URSS en Afganistán[1]. Pero Washington no maneja los hilos del operativo y es muy improbable que su balbuceante mandatario haya programado esa emboscada. Si la invasión igualmente se estanca, Moscú podría repetir en Kiev la tumba que se cavó en Kabul.

Faltan muchas secuencias para imaginar cuál será el desenlace del drama que vive Ucrania. Pero en cualquier caso los diagnósticos son secundarios frente a la caracterización del conflicto.

EL PRINCIPAL RESPONSABLE

            Hay abrumadoras pruebas de la responsabilidad primaria del imperialismo norteamericano en la tragedia de Ucrania. En incontables ocasiones el Pentágono intentó sumar a Kiev, a la red de misiles montada por los nuevos socios de la OTAN en el Este de Europa. En 30 años la Alianza Atlántica se amplió de 16 a 30 miembros.

El cerco a Rusia fue iniciado por Clinton, violando todos los compromisos que restringían la presencia militar estadounidense a la frontera de Alemania. Ese límite fue corrido una y otra vez para reforzar una estrategia expansiva, que Bush alentó con la fracasada incursión bélica de Georgia (2008). Sus sucesores trabajaron para convertir a Ucrania en otro peón del dispositivo atlántico.

            Washington ensayó múltiples vías para incorporar a Kiev a la OTAN y estuvo a punto de inducir un referéndum para forzar esa adhesión. De la revuelta de Maidán (2013) surgieron gobiernos enemistado con Rusia y el actual presidente Zelensky convirtió a Ucrania en un “socio de oportunidades mejoradas” de la OTAN (2020).

Putin señaló una y otra vez que la presencia de ese organismo en Ucrania representa una amenaza para la seguridad de Rusia. Ese país limita con sus principales socios europeos y comparte fronteras costeras con Turquía y los estados caucásicos. Mientras que los misiles emplazados en Polonia o Rumania pueden alcanzar a Moscú en 15 minutos, sus equivalentes en Ucrania lo harían en tan sólo 5 minutos. Rusia carece de cualquier instrumento equivalente en las cercanías del territorio estadounidense.

En los últimos años Ucrania recibió grandes suministros bélicos y el generalato reformó los rangos militares en línea con los estándares de la OTAN[2]. El país quedó ubicado en el tercer lugar de la “ayuda” económico-militar de Washington y recientemente adquirió misiles antiaéreos, diseñados para transformar el Mar Negro en una jurisdicción del comando occidental.

            El Kremlin cuestionó durante años esa belicosidad y en las últimas seis semanas  Putin propició un freno explicito a la conversión de Ucrania en una catapulta contra Rusia. Intentó negociar un nuevo status quo para proteger a su país del belicismo norteamericano, pero no obtuvo ninguna respuesta de la OTAN.

            Las propuestas de Moscú contemplaban la exclusión de Kiev de ese organismo y el veto a la instalación de misiles. Promovía, además, un status de neutralidad para el país, semejante al que mantuvieron Finlandia y Austria durante la guerra fría.

Putin convocó también a consensuar otras medidas de distención global. Invitó a Washington a retomar un tratado anulado por Trump, que regula la desactivación de ciertos dispositivos atómicos (INF). El Departamento de Estado respondió con indiferencia, evasivas o insultos a esas ofrendas de paz. Rechazó especialmente la neutralidad de Ucrania, para evitar un precedente en el desmantelamiento de las baterías construidas por el Pentágono en Europa. Esa negativa intensificó el conflicto provocado por la agresiva expansión de la OTAN.

SOMETER A EUROPA

Washington alienta el belicismo en Ucrania para reforzar el sometimiento de Europa a su agenda. Repite su vieja receta de militarización para subordinar al Viejo Continente. Una funcionaria neo-conservadora del Departamento de Estado (Victoria Nuland) comanda esa estrategia desde el 2014[3].

El acecho a Rusia ya disciplinó a Bruselas y en pocas semanas el Pentágono impuso la movilización de tropas de España, Dinamarca, Italia y Francia. La crisis ucraniana ha servido para reforzar también el alineamiento pro-yanqui del Reino Unido pos-Brexit. Johnson difunde antes que Biden las sanciones económicas contra Moscú y fija el camino a seguir por sus ex socios del continente.

Francia perdió autoridad por la fracasada negociación que intentó Macron. Buscó crear un marco de tratativas distante del veto norteamericano, pero no consideró las propuestas de pacificación del Kremlin. En los principales temas -neutralidad de Ucrania y divorcio de la OTAN- mantuvo su total fidelidad a la Casa Blanca.

Alemania ha sido un premeditado blanco del belicismo norteamericano. El Departamento de Estado trató de bloquear la inauguración del gasoducto Nord Stream 2, que abastecería el combustible ruso por el mar Báltico, soslayando el actual tránsito por Ucrania. Washington enrareció el clima de toda la región, para impedir esa recepción germana de la energía provista por Moscú[4].

Estados Unidos toma en cuenta, también, la multiplicación por cinco del precio del gas natural en el último año. Busca desplazar a Rusia del mercado europeo para descargar sus excedentes de gas licuado, que ofrece a cotizaciones más elevadas que el competidor moscovita. Negocia incluso la construcción de un puerto en el Viejo Continente para recibir los delicados envíos de ese combustible. Su proyecto rivaliza abiertamente con el gasoducto ruso[5].

La maquinaria industrial germana necesita el abastecimiento energético externo y por esa razón Berlín intentó bajar el tono de la presión bélica estadounidense. Eludió la movilización de efectivos y sugirió que vetaría el uso de su espacio aéreo. Pero en ningún momento atenuó su enceguecido alineamiento con Washington y finalmente suspendió la inauguración del gasoducto. El efecto inmediato de la incursión de Putin ha sido la consolidación del bloque Atlántico bajo las órdenes de Washington.

LA ESCALADA DESDE KIEV

Europa ha jugado un papel complementario de Estados Unidos en el proyecto de convertir a Ucrania en un bastión de la OTAN. Tanto Washington como Bruselas propiciaron esa dinámica belicista desde la revuelta del Maidán (2013) y el posterior golpe contra el presidente Yanukovych.

Ese mandatario negociaba a dos puntas un auxilio financiero externo para paliar el quebranto fiscal del país. Su elección final del rescatista ruso en desmedro del salvador europeo desató la reacción de los manifestantes pro-occidentales, que precipitaron en las calles la caída del mandatario y la llegada de un presidente  empeñados en acelerar el giro hacia a OTAN (Porochekno).

El Departamento de Estado motorizó ese viraje subiendo el tono de las tensiones con Rusia y fomentando en la población el apego liberal al sueño americano. Bruselas lucró, por su parte, con la ilusoria expectativa de transformar a Ucrania en una economía desarrollada por la mera adhesión a la Unión Europea. Alentó esa creencia para blanquear el brutal ajuste que en ese momento imponía a Grecia. Aprovechó el entusiasmo en Kiev con las banderas enarboladas de la UE (cuando eran detestadas en Atenas).

            La euforia occidentalista que propagó el gobierno ucraniano repitió la norma de todos los procesos políticos recientes de Europa del Este. Pero añadió a ese patrón, una campaña anti-rusa y un nacionalismo exacerbado, que desembocó en provocaciones armadas contra la población ruso-parlante. Kiev estableció el ucraniano como único idioma oficial, afectando a todos los pobladores que no utilizan esa lengua. Inició, además, una andanada de acciones militares contra el sector afín a Rusia afincado en el Este.

Se suele computar que la mini-guerra interna de Ucrania ha generado 14.000 muertos y un millón y medio de desplazados en los últimos ocho años[6]. Pero el principal escenario de esas confrontaciones ha sido la región ruso-parlante del Donbass, como consecuencias de los atropellos perpetrados por los enviados de Kiev.

Esas agresiones son encabezadas por las corrientes ultra-derechistas que emergieron de la revuelta del Maidán. Todavía se discute si esa impronta reaccionaria estuvo presente desde el inicio del movimiento o emergió de su evolución posterior. Pero en cualquiera de las dos variantes el desemboque ultra-regresivo de ese proceso ha sido indudable.

            Ucrania arrastra una dramática crisis económica por los adversos resultados de la restauración capitalista. Esa transformación fue completada con la misma intensidad que en Rusia y con el mismo modelo de apropiadores oligarcas provenientes de la vieja cúpula gobernante.

Pero las dos economías han seguido trayectorias muy diferentes. Mientras que las riquezas naturales de Rusia permitieron combinar los compromisos entre las elites con cierta estabilidad político-social, la declinación productiva de Ucrania agravó las desinteligencias por arriba y la insatisfacción por abajo. En un marco de estancamiento, retracción del consumo, endeudamiento público y deterioro fiscal, el PIB per cápita se asemeja a los años 90 y la gestión económica de Kiev está sometida a un estricto monitoreo del FMI[7]

Esa crisis profundizó la división previa de las clases dominantes del país entre sectores pro-occidentales del Oeste y pro-rusos del Este. El primer grupo ha buscado sumar al país a la Unión Europea ofreciendo mano de obra barata, primarización e irrestricta apertura comercial. Asumieron préstamos impagables y se comprometieron con ajustes irrealizables. La creciente integración a Europa (sin ingresar en la UE) acrecentó la dependencia de las finanzas de Bruselas y la atadura a las remesas que envían los emigrantes.

En el Este es escenario es distinto. Allí prevaleció el mantenimiento de la producción fabril junto al estrechamiento de los vínculos con Moscú. Los sectores gobernantes resistieron la demolición que auguraba el ingreso a la Unión Europea. Comprendieron que las fábricas de la región nunca podrían digerir los estándares de producción, tecnología y precios que exige Bruselas. Saben, además, que el acero ucraniano no podría sobrevivir sin la provisión del petróleo ruso.

            Ucrania no pudo procesar esas tensiones regionales, conservado su unidad y la cohabitación de las dos zonas. El nacionalismo reaccionario anti-ruso alentado por el Pentágono destruyó esa coexistencia.


 [1]Marcetic, Branko. Basta ya de juegos peligrosos con Rusia, 31-12- 2021 https://vientosur.info/basta-ya-de-juegos-peligrosos-con-rusia/

 

[2]Tooze, Adam. El desafío de Putin a la hegemonía occidental 29/01/2022, https://www.sinpermiso.info/textos/el-desafio-de-putin-a-la-hegemonia-occidental

 

[3] Rodríguez Olga ¿Fuck the European Union?  03/02/2022 https://www.eldiarioar.com/mundo/fuck-the-european-union-diez-anos-politicas-coherentes-eeuu-ucrania_129_8709451.html 

 

[4] Hudson, Michael. Ucrania los Estados Unidos quiere evitar que Europa comercie con China y Rusia 12/02/2022 https://rebelion.org/con-el-pretexto-de-la-guerra-en-ucrania-los-estados-unidos-quiere-evitar-que-europa-comercie-con-china-y-rusia/  

 

[5] Reed Stanley. Crisis con Ucrania: ¿qué pasa si Rusia le corta el gas natural a Europa? 01/02/2022 https://www.clarin.com/mundo/crisis-ucrania-pasa-rusia-corta-gas-natural-europa-_0_4xZCm7RUll.html

 

[6] Montag, Santiago. Ucrania en el tablero mundial, 2-1-2022, https://www.laizquierdadiario.com/Ucrania-en-el-tablero-mundial

 

[7] Kagarlitsky, Boris on Ukraine interviewed by Antoine Dolcerocca & Gokhan Terzioglu http://democracyandclasstruggle.blogspot.com/2015/05/boris-kagarlitsky-on-ukraine.html May 24, 2015 

Claudio Katz: Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

Imagen destacada: Diario de Sevilla

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