Un paseo por Alcorta: la banalidad del bien.

Un paseo por Alcorta: la banalidad del bien.

4Mar22 1 Por Alfredo Grande

Contexto

Hace algún tiempo atrás, en el programa radial Sueños Posibles que conduzco junto a Irene Antinori, entrevistamos a Diana Maffía. De los diálogos con ella siempre surgen ideas nuevas y algunos conceptos originales. Las tramas vinculares deseantes son fértiles. El concepto de “banalidad del mal” que describe Hanna Arendt es muy importante para entender la producción del mal, y desde ya, muy lejano de todo intento de justificarlo. Arendt acuñó la expresión «banalidad del mal» para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por las consecuencias de sus actos, solo por el cumplimiento de las órdenes. El concepto que creamos en esa entrevista fue “la banalidad del bien”. Y desde esta matriz conceptual intento pensar las afirmaciones de la Ministra. Es tu hermano, tu vecino, tu papá, tu hijo, tu amigo, tu compañero de trabajo. No es una bestia, no es un animal, no es una manada ni sus instintos son irrefrenables. Ninguno de los hechos que nos horrorizan son aislados. Todos y cada uno responden a la misma matriz culturalFueron vertidas según fuentes habitualmente bien informadas desde uno de los Poderes del Estado: la red social Twitter.

Contexto es texto

Siempre dije que no podemos enfrentar a la cultura represora con las mismas herramientas con que nos ataca la cultura represora. Es decir, poder, podemos. Pero entonces, aun venciendo, somos derrotados. La primera afirmación de la ministra es temeraria: “es”. O sea: la Ministra se ubica en el mismo dilema de Hamlet, aunque lo resuelve de otra manera. “Ser o no ser: esa es la cuestión” Para la ministra no hay duda ni cuestión: “es”. Me atrevo a definir este acto semántico como una acusación cuyo fundamento es la “portación de género” masculino. Y en la plenitud de la certeza afirma: “responden a la misma matriz cultural” Entonces no “es”. La matriz cultural produce formas de “existencia” que en su amplitud abarcan desde groserías hasta aberrantes crueldades. Hablar del patriarcado como causa y origen de todos los males, es un reduccionismo. Porque en la crueldad hacia las mujeres y niñeces lo que está en juego es la propiedad privada de las cosas y de las personas. Si el capitalismo no es arrasado, el patriarcado siempre tendrá nuevas oportunidades-  La matriz de la cultura represora atraviesa a todos los géneros, pero no de la misma manera. La violación, el abuso sexual con niños y niñas, el feminicidio, la horrorosa crueldad de la trata, son daños frontales y colaterales de la matriz productiva y cultural. Si ninguna mujer nace para puta, de acuerdo al esclarecedor libro de Sonia Sánchez y María Galindo, tampoco ningún varón nace para violador.

Origen y destino

El invocado en vano “síndrome de Estocolmo” no da cuenta de los pactos perversos entre víctimas y victimarios. Pero que los hay, los hay. Sin embargo, como el pensamiento crítico está ausente en los discursos retroprogresistas, la catequesis laica se impone. La banalidad del bien consiste en cuestionar la matriz cultural, de una forma superficial, sin profundizar que la matriz de la sagrada familia es generadora de todas las aberraciones que deploramos. Como no se entienden las causas, lo único que queda es castigar los efectos. La cultura represora lo tiene claro: castigo a los culpables solo si son perejiles y los últimos orejones del tarro. Aun con las mejores intenciones, las “catilinarias” ministeriales apenas son una forma de la banalidad del bien.  Solo sirven para pasear un rato.

Alfredo Grande

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