Estados Unidos deja de comprar petróleo ruso: ¿Una sanción efectiva o un tiro en el pie?

Estados Unidos deja de comprar petróleo ruso: ¿Una sanción efectiva o un tiro en el pie?

9Mar22 0 Por Guillermo Cieza

La decisión del Presidente Biden de prohibir comprar petróleo, gas y carbón a Rusia ha contribuido a subir los precios internos del combustible en Estados Unidos y ha avivado las polémicas sobre cuál será el resultado final de las sanciones económicas.



Estados Unidos ha comprado a Rusia, en los últimos años, entre el 4 y el 10% del petróleo que consume. En promedio, una cifra que podemos estimar en 500.000 barriles diarios. Un estudio que publica el portal Misión Verdad que muestra las curvas de importaciones de petróleo, advierte que después de las sanciones económicas a Venezuela en 2019, el petróleo que dejó de comprar a ese país, fue reemplazado por importaciones a Rusia.
Sin embargo, los efectos de esta cancelación de las compras, no son los mismos para ambos países. Rusia exporta siete millones de barriles diarios y lo que dejará de venderle a Estados Unidos significan menos del 10 %de sus exportaciones.
Para cubrir ese faltante, Estados Unidos ha iniciado gestiones en Venezuela, Irán y Arabia Saudita. La visita de una misión estadounidense de primer nivel a Caracas ha causado mucho revuelo, porque significó un reconocimiento del gobierno de Maduro. Esta gestión ha dejado muy expuestos a toda la derecha venezolana, a la OEA que sigue reconociendo a Guaidó y a todos los países que se sumaron a las sanciones o declaraciones contra el gobierno de Venezuela.
La reunión con Irán no fue menos polémica, porque contra ese país Estados Unidos ha venido promoviendo sanciones, que fueron acompañadas por la Unión Europea, trabando un acuerdo que permita a los iraníes avanzar con su desarrollo nuclear.
Representantes del gobierno norteamericano también se reunieron con Arabia Saudita, que es un país involucrado en una guerra con Yemen y ha hecho acuerdo con Rusia para elevar los precios del petróleo.
En Estados Unidos la suspensión de importaciones rusas, promueven un nuevo aumento del precio de los combustibles. En ese país, desde que se inició la guerra de Ucrania, el petróleo ha subido un 40%, y el precio de la gasolina ha superado la barrera de los cuatro dólares el galón. Estos aumentos traerán consecuencias muy negativas para la lucha contra la inflación y los analistas estiman que el crecimiento económico estadounidense se relentizará en 2022. Esta situación, puede generar nubarrones para el gobierno demócrata en las elecciones de medio término.
La decisión estadounidense no podrá ser acompañada por la Unión Europea porque no pueden prescindir del gas ruso.
Es indiscutible que Rusia va a pagar un costo económico alto por la guerra. De hecho, se ha producido una fuerte devaluación del rublo y hay versiones de que un 70% de su producción de petróleo no está encontrando compradores. También es efectiva la retirada de muchas empresas multinacionales de su territorio. Pero llevada a la peor hipótesis que el conflicto se empantane, podrá ocurrir como en la Segunda Guerra Mundial, cuando Rusia se desangró pero se llevó puesto a la Alemania nazi. Si no se produce una catástrofe nuclear, que por el momento parece improbable, Rusia va a sobrevivir a la contienda.
El lado oculto de las sanciones económicas es que, si no consiguen derrumbar a un país o provocar un cambio de gobierno, pueden terminar fortaleciéndolo. Sergei Lavrov, el veterano canciller de Rusia llama a las sanciones “impuesto a la independencia”. Y de hecho, han funcionado así desde la primera oleada de sanciones en 2014, porque en Rusia convencieron a los oligarcas rusos y a la alta burocracia política de que era mejor dejar el dinero en el país e invertir en desarrollo interno. Esto determinó que Rusia saliera fortalecida económicamente .
Las nuevas sanciones que afectan directamente a grandes capitalistas cuyas cuentas son expropiadas, y a circuitos financieros, como es la exclusión de Rusia del Swift, que actúa como una mensajería interbancaria para realizar transacciones entre distintos países, está favoreciendo la consolidación de un Swift chino que arrancó con una importante clientela cautiva. Integran esa lista quienes pretenden hacer negocios desde países sancionados, que ya son unos cuantos.
Sobre este tema, hay un interesante trabajo de Michael Hudson, publicado en La Haine, titulado “¿Está autodestruyéndose el Imperio americano?”. Algunos párrafos de este artículo son muy esclarecedores: “Esperaba que el fin de la economía imperial vendría por la ruptura de otros países con el dólar. Pero esto no está sucediendo exactamente así. En los hechos es la política de Washington la que está poniendo fin a la dolarización de la economía internacional, además está obligando a Rusia a construir sus propios medios de producción de manera autosuficiente… Este proceso de fractura global comenzó con las sanciones que bloquearon el comercio con Irán, China y Rusia con los EEUU y sus satélites económicos. Para Rusia, estas sanciones tuvieron el mismo efecto que habrían tenido unos aranceles proteccionistas”.
Haciendo una traslación latinoamericana de este análisis, podría decirse que el desarrollo endógeno venezolano, que tanto promovió, y por el que hizo esfuerzos Chávez, tuvo un gran impulso con las sanciones económicas contra Venezuela. Gracias a las sanciones, hubo un pueblo que se animó a sembrar “con las uñas”, y a producir apelando a su creatividad. Y también ocurrió que sectores de la vieja burguesía y de la nueva “boliburguesía”, que sólo pensaba en parasitar a PDVSA y ganar con negocios de importación, empezaron a poner dinero y cabeza en producir en el país para el consumo interno. La nueva realidad de Venezuela. que pasó de ser un país que importaba el 80% de lo que consumía a producirlo localmente, es hija de la necesidad que impusieron las sanciones, no de una transformación de la burguesía que se convirtió en “revolucionaria”.
En un nuevo escenario mundial caracterizado por la suba de los combustibles y el petróleo, el gran perdedor es sin duda la Unión Europea. Fue arrastrada por Estados Unidos a una confrontación con Rusia en su propio territorio y es una fuerte importadora de alimentos y combustibles. Países como Alemania e Italia, dependen además, para el desarrollo de su industria manufacturera, de importaciones de acero, níquel y tierras raras, de Rusia. Para los países de la Unión Europea el pronóstico es que sus economías decrecerán en el próximo año. Por sus pérdidas económicas deberían ser ellos los más interesados en que la guerra se acabe pronto.
Por su parte, China va a ser afectada en su economía porque también importa combustibles y alimentos, pero puede dar un paso importante en la construcción de una nueva arquitectura de sistemas de pago, que empezará como un paragua para los países afectados por la guerra financiera estadounidense y un territorio donde el dólar será reemplazado por las monedas de los países emergentes (Rusia, India y China). Desde una mirada más larga, a la que son afines los chinos, la guerra de Ucrania y las sanciones de Estados Unidos, contribuirán al fortalecimiento del polo económico, comercial, financiero y militar que lidera esta potencia asiática y acelera los tiempos del desplazamiento de la hegemonía del dólar y de las potencias occidentales.
Para países como Argentina la cuestión se complica, porque en lo estrictamente económico es muy probable que las pérdidas por los aumentos de combustibles no compensen las ganancias por el aumento de los productos agropecuarios de exportación. Si el acuerdo con el Fondo es malo para las economías populares, los efectos de la nueva situación internacional lo convierte en pésimo. Pero el problema más grande es político porque el gobierno no tiene claro un proyecto de país y ni siquiera cuáles son sus alineamientos internacionales. En el Frente de todos hay distintas ideas, algunas inconciliables. El resultado no es una tercera posición, ni el vacío, sino declaraciones incoherentes y un único plan económico efectivo, que es el del FMI.

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