El espejo invertido del 2001

El espejo invertido del 2001

10Mar22 0 Por Alfredo Grande

“pedirle al Estado que no pague lo que el Estado malversó, es igual que pedirle al veneno que no envenene. Necesitamos el antídoto, no  maldecir al veneno” (aforismo implicado AG)

Cuando era un niño y me preguntaban que iba a ser cuando fuera grande, tenia tres respuestas: “ya soy grande; bombero, filósofo.”. De hecho, al menos desde la secundaria, me dediqué a apagar incendios generados por las diferentes formas de la cultura represora. El concepto llegó decadas después y por cada incendio apagado, muchos mas se generaban. Hasta padecí el  sindrome del bombero Fahrenheit 451. En vez de apagar los incendios los producía. Los fuegos de los combates de los  60  y 70 aun calientan. Y donde hubo fuego, brasas quedan. Hace 20 años se incendió la denominada convertibilidad, y los fuegos de la multitud atronaron con el “que se vayan todos”. Y el “todos” también era el “todo” de una forma de producción política de representatividad y subjetividad. No se hablaba de grieta pero que la había, la había. Mas que grieta era un gran cañón entre los representados y los representantes. En esos años, publiqué en “Enfoques Alternativos” que dirigía Jorge Beinstein: “Democracia restitutiva: del ritual al escrache” Humilde aporte para el incendio general. 

Pues mal: los rituales se recuperaron, los escraches se fueron diluyendo y la normatividad democrática recuperó fuerza y vigor. El default tan aplaudido fue conjurado por la pesificación asimétrica y otros fraudes. La cancelación del default fue mas aplaudida que el default. Puede fallar. La historia vuelve a repetirse, pero sin la muñequita dulce y rubia, como dice el tango, y en versión pequeña y demacrada. Hoy jueves 10 el pueblo que puede estar unido y también ser vencido, sabe de que se trata e intenta revertirlo. Pero no es afuera del Congreso que esta pulseada puede ganarse. Es atravesando al Congreso uno de los poderes del Estado. No implica necesariamente la ocupación física. Pero si la desobediencia civil ante cualquier resolución que obligue a pagar los platos rotos a quienes no los rompieron. Porque tal como llevó las negociaciones el Frente de Pocos, la cuestión es más política e ideológica que económica. El acta de la independencia aclaraba “de toda potencia extranjera”. Al menos, eso recuerdo. Imposible una segunda independencia sin arrasar el modo de producción capitalista que se especializa en venderte al peor postor. Estamos, no en términos cronológicos pero si en términos lógicos, muy cerca de 1816. Del 2001 no tanto, pero no siempre es triste la verdad y muchas veces tiene remedio. Nuestra verdad no solo es triste. Es desesperante. Solo debemos convencernos que tiene remedio. 

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