El llamado a una unidad sin pueblo

El llamado a una unidad sin pueblo

20Mar22 0 Por Dante Alfaro

La publicación del documento titulado:”La unidad del campo popular, en tiempos difíciles” es una demostración palmaria del empobrecimiento intelectual y político de un colectivo que supo contar con plumas admirables como José Pablo Feinman, Horacio González, Juan Gelman, Eduardo Grüner, Roberto “Tito” Cossa, sin agotar la lista.

Por lo pronto el documento no hace una delimitación clara de qué debemos entender por campo popular. Pueblo es una categoría amplia, contradictoria, compleja, sin embargo esa complejidad no exime sino más bien desafía al pensamiento crítico a establecer dicha delimitación. ¿Quiénes entran en ese espectro, quiénes quedan afuera de él? ¿Entran en esa categoría, los representantes de los monopolios “amigos”, los pooles de siembra, las compañías megamineras?

Hablar de moderación o radicalidad sin clarificar un determinado contexto es discutir en el vacío, es un ejercicio de onanismo intelectual. Por eso el documento ni siquiera hace alusión al acuerdo firmado con el FMI y sus posibles consecuencias. Si solo recurriera a los datos como los que brinda el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) habría que decir que:

 Arcor produce el 78% de los enlatados;
• Molinos Río de la Plata y AGD de Urquía el 80% de los aceites comestibles;
• El 75% del azúcar blanco la produce Ledesma, de la familia Blaquier;
• Bagley Argentina, del grupo Arcor y la multinacional Kraft- Mondelez, detentan el 60% del mercado de galletitas;
• Bimbo controla el 80% de la panificación mediante las marcas Fargo, Bimbo y Lactal;
• Mastellone, La Serenísima y Sancor controlan el 82% de la producción de leche.

Equivale a discutir sobre el sexo de los ángeles omitir este nivel de concentración, el cual se traslada inmediatamente al terreno de la comercialización de la producción alimenticia donde la misma es monopolizada en un 80 % por estos oligopolios:

 Grupo Inc. S. A. (integrado por Carrefour, Día y Carrefour Express), detenta 600 bocas de expendio por todo el país;
• Cencosud S.A. (Jumbo, Disco y SuperVEA) posee casi 300;
• Walmart Argentina S.A, hoy de De Narváez, tiene 61 puntos de venta;
• Grupo S.A, Importadora y Exportadora de la Patagonia (donde se encuentran La Anónima, Quijote y Best) posee otras 112 bocas de expendio.

En un país como la Argentina, capaz de producir alimentos para 400 millones, frente a la demanda del pueblo trabajador de frenar el aumento abusivo del precio de los alimentos, y ante un gobierno que ni siquiera puede garantizar el acceso al pan en la mesa de las familias, hablar de radicalidad es una impostura. Pues nuestros niños necesitan hoy tomar leche y alimentarse bien para crecer. Hoy mismo las familias necesitan techo y trabajo.

La afirmación sobre “la unidad para fortalecer a nuestro Gobierno y a nuestro presidente” deja claro que el documento no le habla al Pueblo sino a los “referentes” del FdT.

Entonces, ¿Para qué queremos la unidad? ¿Para repetir el paso de comedia trágica que resultó Vicentín? ¿Acaso para sostener el secretismo en la entrega llamada negociación del problema Central de la deuda? Citamos dos ejemplos claves y decisivos que marcan a fuego la falsa disyuntiva que nos presentan: es “esa” unidad o el caos.

“Salvo el caso de Chile desde 2019, tampoco hay fenómenos de movilización social y política comparables a lo sucedido en aquellos años en Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina. Y el gran triunfo de Boric requirió del apoyo de una amplísima coalición.”

Temeraria afirmación del documento bajándole el precio a la movilización popular, sin pruritos a la hora de falsear los propios hechos. Simultáneamente con el levantamiento en Chile, que el documento no tiene más remedio que reconocer, la rebelión en Ecuador, detonada por el aumento de los combustibles, fue de tal envergadura que obligó al traidor Lenin Moreno a huir de Quito y sentar la sede presidencial en Guayaquil. En mayo de 2021, Colombia fue el escenario de un extendido paro nacional activo contra el gobierno fascista de Iván Duque donde miles de jóvenes se enfrentaron en total desigualdad al aparato represivo del régimen. Hoy mismo no pueden explicarse las enormes chances electorales del candidato progresista Gustavo Petro sin aquel levantamiento popular de hace un año.  

“Hace pocos años se vivieron momentos épicos y hoy no hay una situación épica. Por eso, aquí y ahora, hay una situación que conviene comprender mejor, incluso para detectar errores tácticos y técnicos”.

Por las dudas, los autores, la clase política y las burocracias sindicales están unidas a fin de conjurar cualquier nuevo intento épico de las clases subalternas.  

“Cuando miramos la historia, muchas veces nos preguntamos si ante disyuntivas históricas, todos los actores tenían plena conciencia de lo que se encontraba en juego. Si hubieran apostado de la misma manera a un cambio de raíz de haber sabido cómo se desenvolvieron finalmente los sucesos históricos. Y aquí las opiniones siempre estuvieron divididas. Ha habido quienes creen que se trata de plantar banderas con la voluntad, aunque eso derive en enormes derrotas, creyendo que así se construirá en otra etapa una victoria”.

Aquí el documento recae en los viejos dilemas del reformismo. Para esta concepción nunca los pueblos están suficientemente preparados. Y el horror es la promesa para quienes osen rebelarse.  

“Estamos atravesando una etapa de triunfos y derrotas, de avances y retrocesos. Hay que asumir los ritmos de una realidad veloz y cambiante y trabajar para crear otras posibilidades. Si se preservan identidades para otra etapa quizás se encuentren con un futuro catastrófico que hoy no es fácil imaginar pero que acecha en el horizonte si nos resignamos a descuidar lo que hoy tenemos”.

Lo que el documento omite es que los triunfos y las derrotas son eventualidades de quienes luchan, nunca de quienes alimentan la pasividad, de quienes han hecho del recule una práctica habitual, y reducen la disputa política al terreno electoral y los conciliábulos en las alturas. Hay un 40% de nuestra población sumergido en la pobreza, más próximo a aumentar que a disminuir, incapaz de percibir qué es “lo que hoy tenemos” y no deberíamos descuidar. ¿Y qué es lo que hoy tenemos, sino un país saqueado por la dictadura de los monopolios, cuya situación debería provocar como mínimo la más santa indignación y el llamado al combate?

Nunca insistiremos demasiado. La verdadera unidad frente al caos, es la de las fuerzas populares que rechazan pagar la estafa que implica esta deuda fraudulenta, es la unidad de las fuerzas populares contra quienes aspiran a conciliar intereses contrapuestos y antagónicos. La lógica del documento se basa en lo que necesita el Gobierno, antes de pensar y luchar por lo que requiere el Pueblo. Es obsceno no dedicarle una sola línea a la necesidad de recostarse en el Pueblo para fortalecer sus aspiraciones “radicalizadas” tales como comer y curarse, estudiar y trabajar.

Solo el pueblo salvará al pueblo

Hay una masa popular (“la gran masa del pueblo”) mayor de lo que se quiere admitir, que no ha perdido la esperanza de conquistar un país con soberanía nacional, independencia económica y justicia social. Así lo demuestran los cinco millones que en las PASO del año pasado no fueron a votar, desilusionadas con el gobierno. Lo novedoso no fue el avance de la derecha, fenómeno que no desdeñamos, sino la creciente abstención de un sector  que está dejando  de creer en la utilidad de las urnas para resolver sus impostergables necesidades. Pero ese sector existe.  No se puede seguir esgrimiendo el falso argumento de que no da la relación de fuerzas para hacer lo que hay que hacer para frenar primero y derrotar después a los monopolios y a la derecha. Pero si la actual dirigencia no se pone a la altura de sus necesidades no se culpe luego al pueblo si regresa la derecha a la casa de gobierno. La responsabilidad histórica será de quienes con sus indecisiones y titubeos le pavimentaron el camino del regreso. Hace ya unos cuantos años, el poeta se refería a ellos:

Es natural entonces que (…)                             

cedan sólo ante el juicio de la Historia          

de la moral el humanismo la lógica y las ciencias

los libros y los periódicos                      

y se nieguen a conceder la última palabra        

a los hambrientos, a los explotados              

que tienen su propia historia de horror          

su propia lógica implacable                      

y tendrán sus propios libros                      

su propia ciencia                                

naturaleza                                        

y futuro.  

(La pequeña burguesía, sobre algunas de sus manifestaciones- Roque Dalton)

Dante Alfaro 

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