Neoliberalismo educativo para todos

Neoliberalismo educativo para todos

21Mar22 2 Por Darío Balvidares

Nada de esto es un error, en los últimos días hubo una andanada de críticas por derecha al estado del sistema educativo, además de convenios  suscriptos por el ministerio de educación de la Ciudad de Buenos Aires con fundaciones y empresas para la realización de “prácticas educativas” de estudiantes que cursen el último año de la educación secundaria.

Todo estaba previsto, tal vez ya no lo llamen plan maestro, porque fue muy criticado por el gremio docente, pero todo lo que allí se había escrito es lo que se está introduciendo en el sistema, que profundiza el proceso endoprivatizador, ampliando la  tercerización de las funciones del Estado con mayor desplazamiento de la escuela al mundo empresarial.

A algunos, como quien escribe esta nota, nos parece estar en una discusión de principios de los 90 del siglo pasado, cuando ya se trataba de naturalizar la conveniencia de que la escuela tome el modelo empresarial de gestión y se vincule con las empresas para “educar para el trabajo”, como decía la ley federal de educación votada casi por unanimidad durante el menemismo.

La fundación Sophia, gobierno de la Ciudad desde 2007, sostenía estos principios con sus proyectos de “autonomía escolar” y que el salario docente sea igual al mínimo vital y móvil más incentivos por productividad medida según los resultados de las pruebas estandarizadas. Pero en los 90 la fundación Sophia (posteriormente Compromiso por el Cambio, luego PRO y ahora Juntos por el Cambio) no era gobierno.

Como el campo del “peronismo” es muy amplio, durante el gobierno neoliberal-peronista de Carlos Menem en el que se produjeron las privatizaciones de los activos nacionales, se profundizaron los “contratos de locación” que precarizaban aún más a los trabajadores y se llevaron a cabo despidos masivos con la concepción de “modernización del Estado”, en esa vorágine reformista se terminó de desnacionalizar el sistema educativo con la transferencia de la educación secundaria y terciaria a las provincias.

La educación primaria ya había sido transferida en 1979 durante la dictadura genocida. Es decir, que en el sistema de transferencias de activos, también opera la fragmentación del sistema educativo como primera fase del operativo desposesión, enmarcado en la macropolítica internacional con el rótulo de “educación para todos”.

Pasaron los años y lamentablemente, no hay grieta en estas cuestiones, la propia ley de educación nacional sostiene lo de “educar para el trabajo”, un enunciado que se emparenta con aquello del “conocimiento socialmente productivo”,  también como parte del campo semántico que refuerza la idea implícita de que la escuela debe preparar la “mano de obra” del empresariado del siglo XXI.

En ese contexto el conocimiento adquiere valor mercancía y les estudiantes son recursos humanos y valor agregado para las empresas, mientras las escuelas se transforman en subsidiarias de sus intereses corporativos.

Ese es el reclamo y deseo permanente de la pléyade de intelectuales, pedagogos y técnicos pro mercado educativo como la ex funcionaria de la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de María Eugenia Vidal y del staff del, Observatorio (de ceos) Argentinos por la Educación, Guillermina Tiramonti, que sostiene que “hoy el mercado requiere situaciones más rápidas y puntuales y el sistema educativo no da respuesta”.

La ex funcionaria provincial afirma que la escuela tiene “resabios anticapitalistas” a los que califica de “premodernos”, en el marco de la entrevista que le realizaron en el portal Infobae. Medio que no sólo adhiere, sino que incentiva y participa con sus columnistas y entrevistados de la reforma mercantilista de la educación, más ahora que firmó un convenio con el propio ministerio de educación de la Ciudad de Buenos Aires.

Con este convenio lo “premoderno”, o tal vez, debamos caracterizarla como la nueva normalidad esclavista, se van a manifestar en toda su acepción porque “Infobae se compromete a recibir al menos a 30 estudiantes para la realización de prácticas educativas”, asegura el propio boletín ministerial.

El programa de “prácticas educativas”, incluido en la currícula implica 120 horas de un estudiante “premoderno” del siglo XXI, trabajando gratis, para empresas o fundaciones pertenecientes al Grupo Fundaciones y Empresas (GDFE), de acuerdo con el encuentro celebrado recientemente con los principales ceos de ese grupo, en el que la ministra Acuña sostuvo que “es nuestra responsabilidad como Estado brindar siempre una educación que prepare a los chicos para los desafíos del futuro. Por eso, celebro la decisión de cada empresa, organización e institución de involucrarse y comprometerse con el futuro de los estudiantes de secundaria de nuestra Ciudad”, según cita otro boletín ministerial.

En el mismo se informa que el encuentro “también dio espacio a que referentes de fundaciones y empresas que ya confirmaron su participación en las prácticas compartieran su experiencia al haber firmado el convenio con el Gobierno para implementar las prácticas. Belén Arce, líder de Inversión Social Estratégica en Banco Galicia, y Mariana Corti, gerenta de RSE en Fundación Pampa Energía, apoyaron la iniciativa por considerarla una articulación público-privada que atiende los desafíos de formación de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires”.

Entre las generalidades del programa se especifica que se complementará con un curso de habilidades para el futuro, a través del cual se brindará educación financiera y herramientas que facilitarán su empleabilidad.

Como contraparte, se les dará un  “‘sello de empresa comprometida con la educación’ que otorgará beneficios a aquellas instituciones que sean proveedoras de las prácticas educativas”. Léase, exenciones impositivas.

También se formalizaron convenios con conocidas fundaciones (pantallas de corporaciones empresariales)  de fuerte sesgo neoliberal como “Fundación Caminando Juntos, Fundación Cimientos, Fundación Forge, Fundación Pescar, Junior Achievement y Programa Empujar ya están llevando adelante en esta materia, a fin de evaluar posibles articulaciones para brindar más oportunidades a los/as estudiantes”, tal como vemos que anuncia otro comunicado de prensa ministerial.

El programa  se enmarca, como la propia ministra Soledad Acuña y el jefe de gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta lo habían anunciado en diciembre pasado en conferencia de prensa, en la currícula “secundaria del futuro” y según sus propias números, incluye un total de 29.400 estudiantes de alrededor de 442 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

Por otro lado, el diario La Nación, importante órgano de difusión y “tribuna de doctrina”, reinstala  en el debate educativo la posibilidad de la utilización del sistema de voucher, a través de una entrevista a Marina Kienast, legisladora de la Ciudad por una agrupación de derecha llamada Republicanos Unidos.

La entrevistada alienta el sistema de voucher para financiar lo que llama, “la demanda”, naturalizando la educación en el mercadeo  de oferta y demanda y entonces a través de ese mecanismo “los recursos llegan directamente al chico, quien lo acredita a una institución, subsidiando así la demanda educativa en lugar de la oferta. Y acá es donde ocurre lo interesante. El sustento de la institución depende entonces de su capacidad de desarrollar incentivos para atraer alumnos. Este incentivo no es otro que el de ofrecer educación de calidad y gestionar adecuadamente los ingresos para ofrecer a los alumnos un espacio motivador y próspero para su escolarización”.

De esta manera esta legisladora trae una discusión que tiene más de 30 años.  Adoptar el sistema de voucherización, implica, como dijimos, someter a las escuelas en el mercadeo de la oferta y la demanda, lo que lleva a la competencia entre docentes y entre las propias instituciones escolares, para venderse en el mercado en procura de incentivos atrayendo alumnos, como si se tratara de clientes a los que se les vende un producto y no de un derecho.

Insiste la legisladora, en que el incentivo es “ofrecer educación de calidad…”, por supuesto la calidad en este sentido es calidad de resultados con sus cada vez más dudosas e inútiles evaluaciones estandarizadas, que terminan siendo burdos dispositivos de control y disciplinamiento.

De hecho, desde que las políticas reformistas de la educación se pusieron en marcha la crisis de la escuela fue de la mano. Nunca como ahora la educación ha estado tan privatizada, fundaciones nacionales e internacionales (a las que se les ha pagado miles de dólares, solo por nombrar dos, la Fundación Varkey o Enseña por Argentina cuyo fundador es funcionario en la Ciudad y lo fue del gobierno de Macri) que capacitan docentes y directivos; descalificación permanente de la formación docente, aun cuando la capacitación es continua y permanente.

Los procesos de desfinanciamiento creciente, de precarias condiciones de trabajo, que no vamos a repetir en este artículo, pero que les docentes conocen muy bien y no sólo por su salario, la falta o pésima conectividad en las escuelas, el presupuesto a la baja en infraestructura son algunas de las cuestiones que llevaron a la crisis educativa que no es endógena de la escuela, sino en sus políticas reformistas y sus ideologías de desposesión de lo público.

La escuela no produce vulnerabilidad escolar, sólo manifiesta la vulneración social que las políticas neoliberales (explícitas o enmascaradas) sin distinción de ninguna grieta twittera entre derecha y  ¿progresismo?, intenten sostener.

Otro golpe por derecha es la flamante Mesa Nacional por la Calidad Educativa (MeNaCE) que se define como una red nacional de docentes que “luchan” por la calidad educativa, pero atacan la Educación Sexual Integral (ESI) “hay que dar educación sexual pero lo que se propone hoy es ideología política (…) hasta eventuales modificaciones a los estatutos docentes, pasando por la repitencia: una herramienta de aprendizaje, no sólo de contenidos, sino también de madurez y asunción de responsabilidades (…) luchar por la erradicación del adoctrinamiento político en las aulas (…) hay que evaluar resultados…”, son algunas de las sentencias esgrimidas por MeNaCE en la nota que hace el portal Infobae en su derrotero reformista.

Por supuesto que la ESI para el parroquialismo es una molestia y justamente por no separar la iglesia del Estado y lo público de lo privado es que su implementación es el problema.   

El punto de partida de MeNaCE es Liana Pividori, profesora de Lengua y Literatura, vicedirectora del Instituto Zuviría, en la provincia de Santa Fe, vinculado a la fundación Lúminis, del mismo corte que las fundaciones que nombramos más arriba que pertenecen al GDFE, al que Lúminis también pertenece.

La profesora Liana Pividori, construida por la prensa neoliberal, es la misma que había dicho que: “Estamos viviendo un comunismo educativo: todos iguales en pobreza de aprendizaje y oportunidades”, tal como titulaba otra nota de Infobae, tomando las palabras de la docente, que ese medio promociona.

Como siempre la derecha, vocifera contra la política y se definen como apolíticos con tal carga ideológica que la contradicción deja al desnudo los argumentos que promueven sus acciones de neto corte político/ideológico, con un marcado sesgo que alimenta la nueva normalidad neofascista.

¿Qué respuestas hay del llamado “progresismo” del gobierno nacional frente a la clara avanzada de la derecha?

El ministro de educación del gobierno nacional dijo que: “Desde ahora, cada jurisdicción educativa podrá tomar la decisión de utilizar o no el barbijo en las aulas en línea con lo que decidan sus ministerios de salud”.

Para una Argentina que quiere ser más justa y federal, es necesario una educación pública de calidad, y nosotros como Estado somos los primeros responsables de que las y los estudiantes estén en la escuela, recuperen aprendizajes, terminen sus estudios y tengan herramientas para desarrollarse profesionalmente (…) somos un gobierno comprometido para que todas y todos nuestro jóvenes tengan acceso a la educación y se capaciten para los desafíos que nos plantea el Siglo XXI.

Además de los anuncios del aumento de los montos en las Becas progresar, la distribución de las computadoras del programa Conectar Igualdad y la promoción del programa Libros para Aprender y en diciembre pasado habría esbozado que “la función del sistema educativo es formar jóvenes y no reemplazar trabajadores”.

Entonces surge otra pregunta: ¿Qué medidas se van a tomar además de confrontaciones mediáticas?

Ninguna, porque el sistema está absolutamente fragmentado y a esa fragmentación la llaman federalismo.

Frente a la gravedad crítica del sistema en el que las disputas por el sentido merecen un Congreso Pedagógico que incluya un contundente debate sobre los procesos de desposesión de la educación pública; la tercerización de las tareas del Estado que abre las puertas a la endoprivatización educativa; la manipulación de la opinión realizada por las corporaciones empresariales disfrazadas de fundaciones y ONG, promocionada y articulada por la derecha comunicacional y convalidadas por el “progresismo” que gobernó desde 2003 hasta hoy, salvo los 4 años de macrismo, ponen en escena, salvo matices de inversión, que los acuerdos en la macropolítica educativa cuyo patrón se yergue en las disposiciones y resoluciones de los organismos internacionales como mandato colonial, demuestra la inexistencia de grieta más allá de insignificantes chisporroteos mediáticos y twitteriles.

La contracara

30 años de reformas nos trajeron al paroxismo, la escuela está aún más lejos de ser transformadora de la realidad que nos somete diariamente a mayor pobreza, mayor calentamiento global, mayor precarización social, mayor concentración de la riqueza y de los medios de producción y comunicación.

La guerra por los llamados recursos y por el dominio geopolítico nos enfrenta con los discursos de la “nueva normalidad” que habían ganado la opinión pública durante el primer año de la pandemia.  Enunciado tan vacío, como “secundaria del futuro” del gobierno de la Ciudad o “…la educación como bandera” del gobierno nacional.

La educación es también un territorio en disputa, la derecha sabe lo que quiere y sus objetivos son claros respecto de la desposesión de la educación pública, los avances son notorios; el ¿progresismo? no se diferencia porque adopta el mismo marco ideológico neoliberal para dar una falsa disputa, no se puede criticar al neoliberalismo y adoptar sus lógicas de funcionamiento.

La nacionalización del sistema se torna indispensable; la separación de las fundaciones corporativas de las decisiones políticas y de las intromisiones en el sistema, absolutamente categórico; la generación de un gran congreso pedagógico debe ser el objetivo inmediato.

Porque la contracara de la “secundaria del futuro” y de “…la educación como bandera” es, por ejemplo, la expropiación del Palacio Ceci donde funciona la Escuela Especial  N° 28, Bartolomé Ayrolo desde hace más de 100 años, en el barrio de Villa Devoto, dedicada a los sordos, como escribíamos, oportunamente, en tramas para construir el Distrito del Vino, otro negocio del gobierno de la Ciudad.

O el ajuste que realizó el mismo gobierno porteño cortando la formación integral y laboral de estudiantes con discapacidad, mayores de 22 años (…)  redujo drásticamente la cantidad de horas y días de cursada en 12 de las 13 escuelas especiales con estas características educativas. Hasta el año pasado, los estudiantes asistían a la escuela de 8 a 16 horas de lunes a viernes, y con el nuevo recorte, ahora lo hacen apenas 2 o 3 veces por semana y menos del 50% de carga horaria en cada jornada, por lo que este sábado pasado la comunidad educativa se organizó para resistir la decisión de un ajuste perverso.

Estas son las contracaras de los mensajes vacíos de contenido donde “… la educación como bandera” resulta una mueca patética, porque la versión neoliberal del “federalismo” impide frenar la impudicia.

No necesitamos “secundarias del futuro”, ni la “…educación como bandera” en cortos publicitarios de “Argentina presidencia”, necesitamos la escuela del presente, con otras prioridades, con más ciencias sociales y lenguas como el portugués, ya que nuestro vecino es Brasil; con más economía política y no educación financiera; con más filosofía y ecología para tomar conciencia social; con mayor conocimiento de la historia de las culturas latinoamericanas; y amplificar la dimención artística en todo el potencial de sus lenguajes.

Necesitamos construir una escuela que se apropie de la tecnología para contribuir al desarrollo del bien común, no para formatear futuros empleados de las corporaciones.

Necesitamos transformar la sociedad, transformar el mundo, hacerlo habitable, no competitivo, porque estas son las consecuencias, las que estamos viviendo, de ahí una escuela del presente para otro futuro posible y necesario con formación docente en pedagogías críticas.

Pero primero, sacar de la pobreza a más del 50% de niñes y adolescentes vulnerados durante años por las políticas de “concertación” y obediencia colonial.

Darío Balvidares

Imagen destacada: sitio web Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires

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