Marielle vive

Marielle vive

22Mar22 0 Por Sonia Fleury

Su asesinato hace cuatro años puso al descubierto el secuestro de la democracia y la presencia de las milicias en los subterráneos del Estado, como dijera Jorge Amado. Pero su vida se convirtió en una semilla e inspira el hackeo de la política, los mandatos colectivos y las rebeliones en las periferias.

Ya son cuatro años sin la sonrisa, la audacia, la garra en defensa de la justicia social, la lucha por transformar las costumbres represivas y los poderes podridos a través de políticas inclusivas; cuatro años sin Marielle Franco, brutalmente asesinada el 14 de marzo de 2018, junto a su chofer Anderson Gomes. El hecho de que hasta ahora no se sepa quiénes fueron los principales responsables de su asesinato es un poderoso dato de cómo las instituciones brasileñas trabajan a favor de personas y grupos criminales que se consideran intocables e inimputables, corrompiendo a los agentes públicos, apartando de sus funciones a quienes cumplen el deber de buscar la verdad en las investigaciones, eliminando pruebas y amenazando a los testigos.

El silencio culposo

Este es un caso ejemplar que revela la existencia de redes de asesinos y bandidos con una peculiar proximidad a los grupos que disputan el dominio de la política en Río de Janeiro y en el país, actuando en la clandestinidad de las instituciones republicanas. Esos rizomas, redes políticas de ilegalidades, incluyen a asesinos profesionales como el ex diputado Ronnie Lessa, reconocido como una máquina de matar, activo en la guerra de los bicheiros (mafiosos del juego y los casinos ilegales: ndt) y que, a pesar de sus modestos ingresos, se convirtió en vecino del presidente en un condominio de la playa de Barra da Tijuca. Acusado de ser el asesino de Marielle, junto con Élcio Vieira Queiroz, en su poder se encontró un arsenal con 117 fusiles que se estaban ensamblando.

La red de ilegalidades incluye también a miembros de bandas vinculadas al tráfico internacional y al robo de armas a la policía y las fuerzas armadas, a milicianos como el ex capitán del BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales) Adriano Nóbrega, líder de la Oficina del Crimen, a practicantes de extorsiones, acaparamiento de tierras y homicidios. Durante su estancia en la cárcel, Adriano recibió la Medalla Tiradentes, la más alta distinción de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro, de manos del diputado Flávio Bolsonaro, quien además contrató a miembros de su familia como asesores parlamentarios. Adriano acabó asesinado en 2020, tras expresar su temor a ser víctima de una «quema de archivos».

Han pasado tantos años y a pesar de que, en aquel momento, Río de Janeiro estaba bajo intervención militar, comandada por el general del Ejército Walter Braga Neto -actual ministro de Defensa y probable vicepresidente en la fórmula de Jair Bolsonaro-, hasta el día de hoy no hay respuestas a 14 preguntas enumeradas por el Instituto Marielle Franco, relativas a:

 el CRIMEN: principal responsable y motivación del crimen; relación entre el clonaje del coche y la Oficina del Crimen; extravío de municiones y armas utilizadas en el crimen; autoría de la inutilización de las cámaras del trayecto del coche.

 la INVESTIGACIÓN: falta de coordinación entre los órganos estatales y federales; falta de envío por parte de Google de los datos solicitados por el MPRJ (Ministerio Público de Río de Janeiro) y la Policía Civil; numerosos cambios de mando en la Comisaría de Homicidios responsable del caso; intentos de fraude; cambio del superintendente de la Policía Federal que investiga las interferencias en la investigación; alteración del testimonio del portero del condominio donde vivían Jair Bolsonaro y Ronnie Lessa (uno de los asesinos).

 la ACTUACIÓN ÓRGANOS EXTERNOS: no se envió la información exigida por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y no se aplicaron las recomendaciones de la Comisión Externa dentro del Congreso Nacional en 2018.

El silencio culposo es acompañado por acciones que perpetran la violencia tanto simbólicamente, como la rotura de la placa de homenaje a Marielle por parte del diputado federal Daniel Silveira (PSL-RJ) -detenido por ataques al STF (Supremo Tribunal Federal) y apoyado como posible candidato al Senado por la familia Bolsonaro- como a través del exterminio y la represión de jóvenes negros en las favelas, como la masacre de Jacarezinho y las detenciones arbitrarias de «elementos sospechosos» por estar, en palabras del diputado, «en el momento equivocado en el lugar equivocado», como panaderías o centros comerciales. Sólo en 2021, la Policía Militar mató a 109 personas más en Río de Janeiro que en 2020.

El símbolo

Hay que preguntarse qué llevó a miles de personas, sobre todo jóvenes, a salir a la calle para llorar a la concejala asesinada, en una escena que se ha repetido en varias ciudades, países y fechas desde el asesinato, coreando consignas como «¡Marielle presente, se ha vuelto simiente!».

Marielle fue elegida concejala de Río de Janeiro en 2016, con 37 años, con 46.502 votos, siendo la quinta parlamentaria más votada en estas elecciones. Al presentarse como mujer, negra, madre, socióloga, nativa de la favela de Maré, defensora de los derechos humanos y de la población LGBTIA+, Marielle sintetizó una trayectoria personal y colectiva de luchas y logros de la población de las favelas y periferias y de los movimientos identitarios.

Habiendo sido madre a los 19 años, formó parte de las estadísticas de embarazos de adolescentes en las favelas, lo que la llevó a interrumpir sus estudios, para luego volver a estudiar en el pre-universitario comunitario del Centro de Ações Solidárias da Maré (CEASM). Ingresó en 2002 en la carrera de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica PUC/Río de Janeiro, obteniendo una beca completa del Programa Universidad para Todos (Prouni). En 2014 se convirtió en Magister en Administración Pública en la Universidad Federal Fluminense, con la disertación titulada «UPP- La reducción de la favela a tres letras». Su trabajo concluye que el Estado brasileño aplica en las favelas «una política dirigida a la represión y al control de los pobres desde el discurso de la inseguridad social» siendo que «la marca más importante de este marco es el asedio militarista en las favelas y el creciente proceso de encarcelamiento, en su sentido más amplio» (Franco, 2014) [1].

Su trayectoria nos dice mucho sobre el proceso de transformaciones sociales que viene ocurriendo en el país, especialmente en las favelas y periferias, que fue identificado por Tiaraju D’Andrea (2020) [2] como la emergencia del sujeto y los sujetos periféricos. Se trata de un proceso de subjetivación, fruto de complejos procesos sociales, que llevó a los propios residentes de las favelas y periferias, a partir de la actuación en colectivos culturales y del ingreso de jóvenes de la periferia en la Universidad, a significar de manera potente y positiva su identidad y pertenencia a la periferia. En medio de la creciente violencia resultante de la guerra contra las drogas, los residentes de la favela, como la familia de Marielle, Doña Marinete y Seu Toninho, buscan dar a sus hijos mejores condiciones de vida y la educación que no pudieron tener por ser hijos de inmigrantes del noreste, los primeros residentes de la favela de Maré.

El ingreso de los jóvenes de la favela y de la periferia en las universidades es fruto de la insurgencia de la juventud contra el lugar de exclusión que la sociedad les asigna, en un ambiente de individualismo y competitividad, en el que las promesas de éxito a través del emprendimiento terminan culpando a quienes no lo logran. Frente a la hegemonía de los valores neoliberales, es importante reconocer en el surgimiento y proliferación de los Colectivos Culturales en las periferias un aspecto de la disputa contrahegemónica que rescata la importancia de lo común, de lo colectivo, de la cultura, de la memoria, de la pertenencia, como formas de destronar el individualismo sacralizado.

Las iniciativas de organización y promoción de cursos comunitarios pre universitarios, los centros culturales, los museos como el Museo de la Maré, han sido cruciales en este proceso de democratización del acceso a la educación superior, junto con el conjunto de políticas públicas como las cuotas y las formas de financiación de los estudiantes -Prouni, Fies- que han modificado la composición elitista de la Universidad brasileña. Desde 2019, la mayoría de los estudiantes de las universidades federales son negros y provienen de escuelas públicas. Además de permitir una mayor movilidad social con la entrada de personas con niveles de renta más bajos, ha proporcionado la desvinculación de la educación superior, con el esfuerzo de grupos como Educafro para superar la exclusión de los jóvenes negros por la negación del acceso a la educación de calidad.

Marielle se convirtió en un símbolo de las luchas identitarias de las mujeres, de los negros, de la población LGBTIA+, que hoy tocan el corazón y la mente de los jóvenes de todos los estratos sociales. Lejos de la visión simplista, que considera las luchas identitarias como una falsa conciencia que impide problematizar la lucha de clases, la actuación de Marielle como parlamentaria y activista de los derechos humanos con los movimientos sociales vinculó siempre las diferentes formas de explotación a la reproducción de la dominación y la exclusión social. Estos nuevos sujetos rompen la división liberal entre el ciudadano como dimensión pública y el individuo como dimensión privada, introduciendo en el debate sobre la justicia y los derechos sociales cuestiones antes consideradas privadas (Fleury, 2018).

La lucha por la diversidad busca mostrar que lo universal está compuesto por infinitos particulares, y sólo la conciencia crítica los hace políticamente equivalentes, pero no iguales y uniformes. Las diferenciaciones de género, raza y capacidad están más vinculadas a la clase que a la etnia, ya que tienen que ver con las relaciones de poder, la asignación de recursos y los discursos hegemónicos, nos enseña Young [3].

El intento de silenciar la voz de Marielle a través de su asesinato nos devuelve a la cuestión planteada por Spivack [4] sobre si el subalterno puede hablar. La respuesta puede encontrarse en la afirmación de Laclau y Mouffe [5] de que la estrategia para una hegemonía socialista a través de la democracia radical busca identificar las condiciones discursivas en las que las relaciones de subordinación se convierten en una relación de opresión, constituyendo un lugar de antagonismo. La brutal violencia del asesinato demuestra la potencia de la acción de Marielle al unirse a tantas voces en su lucha por la justicia social.

La semilla

El lema de la campaña de Marielle, «Yo soy porque nosotros somos», inspirado en el concepto africano Ubuntu, anunciaba su candidatura como una construcción colectiva que se materializó en la Mandata Marielle Franco. Los mandatos son una nueva forma de componer un cargo, a través de un mandato colectivo, fruto de la creciente participación popular en la disputa por la representación democrática. Si antes, los movimientos sociales e identitarios se centraban predominantemente en la movilización y organización de acciones colectivas de reivindicación y denuncia, últimamente ha proliferado en el país la ocupación de las asambleas legislativas por parte de representantes populares y/o grupos discriminados y excluidos de las esferas de poder. La falta de sensibilidad de los partidos políticos tradicionales a las transformaciones y demandas sociales no ha impedido que los partidos más a la izquierda den cabida a estos candidatos.

Los mandatos son una innovación en el ejercicio de la representación, fruto de la experiencia colectivista en las luchas populares y los movimientos sociales. Aunque la legislación electoral sólo permite la presentación de una candidatura, el dispositivo creado por el mandato permite el ejercicio conjunto de la representación. Este es el «pie en la puerta» inicial, expresión utilizada a menudo por Marielle, en el ejercicio de la política como representación. La proliferación de mandatos demuestra que se trata de una innovación que ha llegado para quedarse.

Se requieren otras transformaciones en el ejercicio de la representación, tradicionalmente ejercida por hombres blancos o no tan blancos, circulando con sus trajes oscuros en Cámaras Legislativas con sillones tapizados y muebles barrocos de madera oscura que pretenden dar pompa y seriedad al trabajo de los legisladores. La mera presencia de mujeres negras, trans, homosexuales, con sus cuerpos envueltos en telas de colores, ya trastorna este escenario de la puesta en escena del poder. Estos parlamentarios son a menudo objeto de situaciones de discriminación, intolerancia y violencia, como describió la diputada estatal Mônica Francisco (PSOL-Río de Janeiro) en una entrevista con el blog CEE/Fiocruz.

Mônica Francisco utiliza el término hackearpara identificar en su práctica legislativa las formas de infiltración en las estructuras de poder. Se trata de una larga tradición que también se identifica con el término forjar, utilizado por Elizabeth Campos, en referencia a la resistencia de Tereza de Benguela, que transformó las balas y los objetos de hierro lanzados contra su comunidad en ollas y objetos de trabajo y defensa.

En las primeras elecciones, que siguieron el asesinato de Marielle, tres mujeres negras del mandato de Marielle fueron elegidas diputadas estatales por el PSOL en Río de Janeiro: Dani Monteiro, Renata Souza y Mónica Francisco. Además, Erica Maluginho, del PSOL, fue elegida para la ALESP y Benny Briolly, para el Consejo Municipal de Niterói, las primeras mujeres negras y trans en la Cámara. En Joinville, la primera concejala negra elegida por el PT fue Ana Lúcia Martins. El PSOL también eligió a las diputadas federales Taliria Petrone, por Río de Janeiro, y Áurea Carolina, por Minas Gerais. Son semillas que han dado sus frutos y han aumentado la participación de las mujeres negras en la representación política como nunca antes. Aun así, estas parlamentarias son constantemente objeto de ataques racistas y homófobos, violencia simbólica y amenazas de muerte, lo que demuestra lo lejos que estamos de la democratización del poder político en una sociedad en la que el racismo, el patriarcado y la homofobia estructuran la dominación de clase.


* Sonia Fleury, investigadora principal del Centro de Estudios Estratégicos (CEE) de la Fundación Oswaldo Cruz. Coordinadora del Diccionario de Favelas Marielle Franco do ICICT/FIOCRUZ.

La Haine

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