Alto verde -Arroyito  (partidazo de la liga de veteranos)

Alto verde -Arroyito (partidazo de la liga de veteranos)

29Mar22 0 Por Héctor Zuñiga (Panini)

Pasó que un día decidí volver al ruedo aun sabiendo de mi problema en la rodilla.

Alto Verde, equipo fuerte dentro del torneo, y al que es acostumbrado verlo en instancias finales, me abrió las puertas de la institución, confiándome la titularidad en defensa, sobre el andarivel derecho. En el otro extremo, Guisillo, que tiene un ir y venir permanente por ese lateral, es un tanto rudo y cuando se enoja, alguna pierna fuerte se le va. Medio raro que termine un encuentro sin que le hayan sacado amarilla o roja. De centrales el Pobre Negro, que tiene energía de sobra con la 2. y Chancho Azul de 6. Loro, con la ocho en la espalda, de cinco, Días y de diez, el hábil Abuelo. Adelante: Burguello, el Palomo Usuriaga, y Larri, que jugaba pegado a la raya. El arquero; Natalia Oreiro.

La cancha, según recuerdo, fue la de Arroyito, y el rival de la jornada precisamente era el equipo de Arroyito. 

Complicado el juego por el piso desparejo y la cercanía del río Aranillas. Muchas veces había que buscar el balón, en la playa cuando alguien mandaba algún zapatazo pasado de rosca, menos mal que traía muy poca agua, y podían rescatarla sin problemas los alcanza pelotas, sino, no se podría desarrollar el juego. La rareza de los pueblos, digo yo: Santa Lucía, vecinos nuestro, tiene varias canchas, pero no tiene cementerio. Acheral, tiene cementerio y los fiambres de Santa los traen para acá, o los llevan a la ciudad de Monteros. A nosotros nos falta terreno para hacer por lo menos dos canchas más. En el pueblo propiamente dicho hay varios equipos que no la tienen. Por ejemplo, Puente, kerosene, Centro, Kenedy, La Grúa, ahora también Arroyito (la del relato no está más, el río comió parte de la cancha). Aranilla tiene, pero el drama es el mismo de Arroyito, si la bocha sale demasiado fuerte, cae al río. Una lástima, porque este es un juego popular que lo practican todos, grandes y chicos, incluso las mujeres que compiten en torneos de la mano de Mario Salica y de Mariela, su mujer.

Volviendo al encuentro; antes de comenzar hablé cara a cara con Ratón y Pichón, técnico y ayudante. Le planteé mi problema físico y quedamos que a los veinte minutos mandarían un cambio. entendiendo ellos también que debía ir despacio con mi regreso al fútbol. En los veteranos podías hacer los cambios que quisieras, la liga lo permitía. El árbitro designado para la contienda fue el Sapo Balderrama, un cojudo de San José de Flores. (cuestionado el pierna) En partidos anteriores hubo trifulca por su mal arbitraje en Santo Domingo.

Había que ganar a como dé lugar. Esa fue la premisa Meterla en el arco contrario, aunque sea de carambola y cuidar con alma y vida que no la emboquen en el nuestro. Lo sabíamos todos. 

Era cosa hablada y entendida: si perdíamos con Arroyito, que venía a los tumbos, qué podíamos esperar de sacar un buen resultado en la siguiente fecha contra “Riso” que tenía un equipazo en el que sobresalían “Ojo Chiquito, Piza y Paleta, referentes de buen juego”. Con ellos no había localía que valga. Jugaban con personalidad, presencia he inteligencia en cualquier lugar. Riso te llegaba por todos lados, multiplicándose en el campo y tocando de primera (como Alemania contra Brasil en la semifinal de la copa del mundo) y cuando menos lo pensabas te la mandandaban a guardar. Calentitos, no solo por el uno a cero, sinó por el bailoteo, los equipos salían a buscar el empate desesperado igual que los “brasileños” y entonces te clavaban el segundo y luego el tercero. Al final te llenan la canasta pa que tengas y guardes.

-“Juguemos tranquilo nosotros, -dijo Ratón parado al centro de la ronda que hicimos. Pichón no hablaba nada, estaba mudo. “Aseguremos la pelota, no nos apuremos ni desesperemos que el gol seguro va a llegar y llevándose el dedo a la cara advirtió, “Ojo con los reclamos al Sapo Balderrama, ya saben que es un culiadito de mierda. No se hagan expulsar al pedo, menos que menos vos, Palomo, jugá callado”. Después, mirando a Larri y Burguello les indicó; “cuando tengan espacio cerca del área pateen al arco que el Maestro Banbino, (arquero de Arroyito) no es seguro”. Pero, cuidado, no nos confiemos, ¿está claro? que, aunque ellos vengan flojitos, flojito, por algún descuido nuestro pueden llegar al gol”.

A las 16.30 en punto el Sapo Balderrama hizo sonar el Silbato llamando a los equipos. 

-“Vamos, Vamos -gritamos todos, alentándonos. -Vamos carajo. Vamos que ganamos”. Aplaudimos junto con la barra y los suplentes. Salimos al campo de juego corriendo veloz, enérgico, en zig zag, sacando pecho como manda el manual del impresionismo.

Me la tenía que ver con Capitán. Él, Pocho, Heredia y Pacú, llegaron para reforzar al equipo de Arroyito. Se la daba de canchero. En las divididas me agarraba de la camiseta cubriéndose con el cuerpo para tapar la visión del Sapo Balderrama o, me ponía la mano en la pierna para trabarme, quitarme fuerza. A veces recibía de espalda la pelota lanzada por los defensores o el arquero y cuando yo le llegaba estiraba el culo. Si lo tocaba caía desparramado al piso gritando como un becerro. El Sapo compraba y cobraba falta. Capitán desde el piso se me cagaba de risa, burlándose. Yo lo quería matar. De la barra escuché a uno de las monarquías gritar: “metele una chuza al payaso ese”.

Ellos en defensa eran rudos, Chimeta, Pocho, Kelo Viejo y Chapatín, tenían experiencia. Pocho sobre todo. Pobre lo de Burguello, en todo el rato que estuvo en cancha no pudo con Chapatín: no le ganaba una, ni de casualidad. Ratón lo sacó mandando al Chato en su lugar y éste apenas tuvo una la clavó en el ángulo, haciendo inútil la estirada del “del Maestro Banbino”.

Qué manera de festejar ese gol. Todos corrimos a abrazar al Chato. La barra estalló en canticos y sonaron unas bombas de estruendo…pum, pum, pum ¡qué lindo, carajo! Ese folclore del futbol te hormiguea la piel. Pasada la euforia, Ratón desde la línea de salida nos pedía calma y reacomodaba al equipo a partir de ese tanto. Yo estaba agotado, cansado. La rodilla (una suerte) respondía, por esa razón cuando Ratón a los veinte me preguntó si podía seguir yo le contesté que sí. En campo ya estaba “Kelo André” en lugar de Loro para darle más traslado al balón y mayor volumen de juego al equipo. Hasta su entrada veníamos flojo en las conexiones. En una jugada, ya faltando nada para irnos al descanso con el 1 a 0, ellos, casi, casi empatan. Suerte que a Natalia se le abrió bien grande el “ojete” para sacar una pelota que iba con destino de gol. Juro que ya la veía dentro del arco. Pero Natalia revolcándose en el piso, con la punta de los dedos alcanzó a tocarla y desviarla al Córner.

Instantes más luego, el Sapo pitó el final del primer tiempo y con el cagaso todavía encima nos fuimos a descansar. 

Alguien me alcanzó un trago de gaseosa. Unos changos nos palmeaban y felicitaban por el buen desempeño. Todos contentos. Hablaban y rían felices a la vez.

Se acercó Pichón preguntándome si podía seguir. -nooo, estoy fusilado, viejo, le contesté: más muerto que vivo. 

Cuando volvieron yo quedé en el banco de suplentes preparado, pero sabía que ya no podría jugar más. Estaba extenuado.

En mi reemplazo ingreso Avellaneda que se mandó un partidazo.

El segundo tiempo se desarrolló dentro de los parámetros previsibles. Ellos atacando, tratando de encontrar el gol, pero las enviones se diluían al pisar el área nuestra. No les alcanzaba la habilidad de Espósito ni la fuerza de Heredia, menos todavía las rebuscadas de Capitán ni los arrojos de Vara i’ Sulky que discutía con el Pelao Rengel y con el árbitro. Pacú perdía en la pulseada con Kelo André y el Abuelo con espacio ponía pelotas en profundidad para la arremetida de los puntas. En una de esas Larri picó al vacío buscando rematar al arco como lo pedía Ratón, pero cuando estaba por sacar el zurdazo Chimeta de atrás le tiró un “guadañazo” y lo tumbó al borde del área. Falta y amarilla. La hinchada de Arroyito lo comían a puteada al Sapo Balderrama. De todo le gritaban. Pero fue una falta innegable. Corriendo desde el fondo, Guisillo iba “chapiao” para hacer el tiro libre. Larri que lo había visto lo alzó a puteada “qué te hacés el Roberto Carlos, la puta que te parió, volvé a la defensa”, jajajajajaja.

El Pobre Negro estaba parado frente al balón como pa darle con tres dedos y a la par el Abuelo. Cuando el Sapo dió la órden, el Abuelo adelantándose al Pobre Negro pateó. La pelota por elevación fue a pegar en el travesaño y volvió al área chica donde encontró la cabeza del Palomo Usuriaga que la metió por entre las manos del Maestro Banbino. El Sapo marcó el centro del campo y otra vez tronaron las bombas de estruendo, los cánticos y los gritos de todos. Yo, que estaba sentado, cuando Palomo la metió, me levanté y corrí buscando festejar con los jugadores, pero con tan mala leche que tropecé y me fuí de jeta al suelo. Cuando me paré vi que todos se cagaban de risa, la puta que lo parió.

Con el 2 a 0 a nuestro favor y faltando diez minutos para terminar el pleito los changos se dedicaron a cuidar la ventaja haciendo circular la pelota y fingiendo faltas para que pase el tiempo.

A la vuelta, por las vías del ex- ferrocarril Belgrano, un grupo de changos delante mío iban comentando los pormenores de la jugada mientras yo detrás caminaba contento he ilusionado con ganar el campeonato de fútbol de la liga de veteranos en los Campos de Acheral. 

Panini Acheral Tucumán Argentina

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