La Serpiente roja del Paraná (parte 1)

La Serpiente roja del Paraná (parte 1)

30Mar22 0 Por Alejandro Urioste

En la madrugada del 20 de marzo de 1975, Pedro Alfaro, repartidor de soda,debió detenerse en uno de los accesos a Villa Constitución. Un operativo detenía el tránsito para permitir que entrara a la ciudad una enorme caravana de autos sin patente que venía de San Nicolás y de Rosario. Los contó: eran ciento cinco, la mayoría Ford Falcon.

Bordó, azul marino, verde claro y verde oscuro”, precisó Alfaro. También diría que lo que los hombres de los Falcon asomaban por las ventanillas, eran armas largas y cortas y que algunos estaban a cara descubierta, pero que otros se cubrían el rostro con pañuelos, con anteojos oscuros y con boinas azul marino y verdes. La caravana ocupaba un kilómetro y medio (Nunca Más, Legajo 1770). 

El operativo “Serpiente Roja del Paraná” había comenzado a las cuatro de la mañana. Ese mismo día el gobierno nacional distribuyó un comunicado de prensa donde decía que los organismos de inteligencia habían detectado “…un complot subversivo tendiente a paralizar la actividad industrial, con epicentro en Villa Constitución…”.

Firmaban el comunicado el ministro del Interior, Rocamora, junto con los ministros de Defensa, de Justicia y de Trabajo, y la presidenta María Estela Martínez de Perón.

Seguramente porque no era un asunto de su cartera, no estaba la firma del ministro de Bienestar Social, José López Rega, quien había dispuesto para el operativo dos helicópteros de su ministerio, gran parte de los vehículos Falcon y muchas de las armas que portaban los muchachos de anteojos oscuros.

Un grupo notable por su crueldad, dentro de los hombres de las Tres A que participaron del operativo, era la Brigada Panqueque -la banda de Aníbal Gordon- (Testimonio, 1983) que en la dictadura integraría el Batallón 601 del Ejército y controlaría el centro clandestino de detención Automotores Orletti.

Gordon había pasado por la CNU (Concentración Nacional Universitaria), y había formado parte de la custodia de Perón en la entrevista que éste tuvo con Ricardo Balbín. 

Otros integrantes del operativo represivo en Villa Constitución pertenecían a la Juventud Sindical Peronista, fundada por José Ignacio Rucci, sucesor de Vandor en la UOM.

Para quien quiera acceder a la historia de la UOM y su relevancia en la política argentina, resultaría ineludible pasar por las páginas de “Quién mató a Rosendo” (1969) de Rodolfo Walsh, publicado antes en las páginas del semanario de la CGT de los Argentinos.

La UOM que fue el 20 de marzo de 1975 a aplastar los logros que los metalúrgicos de Villa Constitución habían conquistado en el Villazo de 1974, estaba dirigida por Lorenzo Miguel.

El PACTO SOCIAL

El contexto era de enorme politización de los sectores populares, desde mucho antes del proceso electoral para las elecciones de 1973.  En el período que va desde las elecciones a la asunción de Cámpora se realizan numerosas ocupaciones de locales públicos y de Universidades por parte de trabajadores y estudiantes, en medio del enfrentamiento entre la izquierda y la derecha peronista.

Después del breve gobierno de Cámpora, Perón relanza el Pacto Social.

Ciertamente, los interlocutores obreros con el gobierno y los empresarios no son otros que los representantes de la vieja burocracia sindical. En ese clima de movilización, el Pacto Social es resistido no solamente por el sindicalismo clasista, sino por muchos sectores peronistas, aunque aún no se había alcanzado, ni mucho menos, el nivel de confrontación con el gobierno nacional que existiría meses después.


En Villa Constitución, el paradigma del empresariado nacional con el que había que “pactar”, era el fundador y dueño de Acindar, Arturo Acevedo. El ingeniero Acevedo había sido Ministro de Obras públicas de Arturo Frondizi. Su espíritu patriótico lo llevó a instrumentar el “Plan Larkin” para el redimensionamiento ferroviario. Éste, básicamente, consistió en eliminar miles de kilómetros de vías de ferrocarril. Acevedo -como empresario- compró como chatarra para su empresa, Acindar, a precio vil, los miles de toneladas de vías que –como ministro- había hecho levantar.

Para completar el retrato del empresariado “flor de ceibo”, el presidente del directorio de Acindar era el terrateniente José Alfredo Martínez de Hoz, hombre de la Sociedad Rural Argentina y futuro ministro de Economía de la dictadura.

EL VILLAZO

En 1970 habían comenzado a trabajar en Villa Constitución algunos grupos sindicales de base, clandestinos, ligados en un primer momento a Vanguardia Comunista y al Peronismo de Base.

Surgieron al calor de la huelga metalúrgica de ese año, en Acindar, por la reincorporación de delegados cesantes.

El resultado de la huelga no fue muy bueno: había desmoralizado a un sector importante de los trabajadores, y terminó reforzando la prepotencia de la empresa y la burocracia de la UOM.

Uno de estos grupos clandestinos, el GODA (Grupo de Obreros de Acindar) estaba impulsado por Orlando Sacristani, militante de Vanguardia Comunista. Cumplió un papel fundamental en la generalización de las denuncias contra los atropellos de la patronal y en dar un fuerte impulso a la organización clasista.

El GODA, hacia 1972, se plantea la necesidad de trasladar su experiencia a otras empresas, además de Acindar. Sobre todo, se proponía llegar a gran cantidad de obreros jóvenes que se estaban incorporando a las plantas industriales, y no habían sufrido la derrota de la huelga de 1970. Este proceso lleva a la formación del GOCA (Grupo de Obreros Combativo del Acero), que también se desarrolló en la clandestinidad. El GOCA se propone disputar la seccional Villa Constitución a la UOM e impulsar un amplio programa de mejoras de condiciones de trabajo, salariales, de servicios médicos.

Para este objetivo, se crea el Movimiento de Recuperación Sindical, que comienza ganando en 1974 la elección de delegados de Acindar y la Comisión Interna bajo el nombre de “Agrupación 7 de Septiembre Lista Marrón”.

La UOM nacional se pone en alerta. Lorenzo Miguel reemplaza al interventor de Villa Constitución por dos delegados normalizadores.

El 7 de marzo por la mañana, los nuevos interventores, acompañados del obrero Ranure –agente de la Triple A-, empiezan los aprietes en la fábrica. Recorrían sección por sección llamando a desconocer a los “comunistas” de la Comisión Interna: “peronista vota peronista” era la consigna.

Esta consigna no era propagada porque sí. La mayoría de los obreros metalúrgicos de Villa Constitución, efectivamente había votado al peronismo, como la mayoría de los trabajadores de todo el país

Pasado el mediodía, la empresa convoca a los miembros de la Comisión Interna para comunicarles que no los reconocían en su función sindical, en virtud de la clásica maniobra vandorista: la UOM los había expulsado como afiliados porque “el que molesta en la fábrica, molesta a la UOM. El que molesta a la UOM molesta en la fábrica”.

Ese día marcó el comienzo de lo que se conoció como El Villazo. Inmediatamente la Comisión Interna convoca a una asamblea donde participan más de mil obreros. Se decide resistir.

Al día siguiente, 2500 obreros toman Acindar y piden el levantamiento de las sanciones a los delegados y la inmediata convocatoria a elecciones. El día 9 es ocupada Marathon, mientras que los obreros de Metcon realizaban una huelga de brazos caídos.

Cerrados los portones de Acindar, los accesos son controlados por piquetes de obreros, que además levantan barricadas en las calles internas. El personal jerárquico es retenido en el interior de la planta. 

Se suman además otras fábricas de la zona: Metcon, la textil Cilsa, Vilver, Varassi. Los portuarios, los docentes, los bancarios y la asociación que nuclea a los comerciantes, adhieren al paro.

También los trabajadores de la Junta Nacional de Granos, los aceiteros, madereros y de la alimentación. Comienzan a llegar las adhesiones de todo el país.

La huelga se mantuvo hasta el 16 de marzo. Ese día se firmó un acta acuerdo, que comprometía a normalizar la seccional de la UOM en 120 días y llamar a elecciones de Cuerpo de Delegados y Comisión Interna en 45 días. Además, se reconocía a los 11 delegados sancionados y a la comisión interna de Marathon. El acta se leyó en la plaza de Villa Constitución, ante 12.000 personas que convirtieron el Villazo en una verdadera fiesta popular.

Después del Villazo, la tarea era consolidar y acrecentar políticamente el triunfo del 16 de marzo hasta que se realizaran las elecciones. De manera tal que se decide la celebración de un Plenario Nacional donde participaría el amplio arco de agrupaciones clasistas del país.

El plenario de abril implicó no pocas discusiones en torno a la formalización de una Coordinadora Nacional clasista. Las discusiones del plenario también exponen los debates acerca de la participación de las “organizaciones populares”. De hecho, en la composición política de los activistas obreros de Villa Constitución, o de Córdoba, no podía discriminarse exactamente entre “sociales”, “políticos” y “sindicales”.

Las organizaciones populares podían ser partidos de izquierda, frentes de masas, la izquierda peronista u organizaciones guerrilleras. Para decirlo mejor, reunían todos esos componentes.

Las elecciones de la UOM de Villa Constitución se realizaron entre el 25 y el 29 de noviembre de 1974. Votaron 4.158 obreros, y la Lista Marrón ganó con amplitud, frente a la Lista Rosa, expresión del Secretariado Nacional de la UOM.

La nueva Comisión Directiva asume enseguida, y aunque existían atentados aislados de la derecha peronista, como el perpetrado contra el local de la FORA, la actividad del sindicalismo combativo y las organizaciones de izquierda reciben un enorme impulso con este triunfo.

Alejandro Urioste

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