Elogio de la cachetada

Elogio de la cachetada

31Mar22 4 Por Alfredo Grande

“el escándalo es la cara visible de la hipocresía” (aforismo implicado)

Un analizador es todo aquello que nos permite desde el nivel convencional descubridor, encontrar el nivel de lo fundante. Si lo esencial es invisible a los ojos, como enseñara Antoine de Saint-Exupéry a través de El Principito, no es invisible para los analizadores.

Un telescopio, un microscopio, un concepto teórico, una aplicación original, descubren aquello que, para el sentido común, el más reaccionario de los sentidos, permanece siempre oculto.

Intento que la cachetada propinada y recibida en la nobleza del palacio de los Oscar pase de lo descriptivo, de lo meramente anecdótico, de la moralina reinante y repugnante en relación al tabú de la violencia, a un desarrollo de cierto pensamiento crítico.

El pensamiento único reinante y dominante es que la violencia es mala. Sin diferenciar violencia de crueldad. Y menos aún, violencia de legítima defensa. La discusión ideológico y política sobre la violencia sigue siendo una divisoria de aguas. Siempre me opuse a la denominación “violencia de género”. Porque ratifica el tabú de la violencia, siendo la violencia la única forma de enfrentar la crueldad.

En “Gilda” película de culto, hay una cachetada que pasó a convertirse en icono. En realidad, hubo varias cachetadas. Pero la que se llevó todo el crédito fue la que el actor Glenn Ford le propina a la actriz Rita Hayworth. Obviamente, encarnando a sus respectivos personajes. En la actualidad, como parodia patética de las “pulseadas” hay torneos donde dos hombres se cachetean alternativamente. Hasta que uno sale despedido hacia un lateral. Lo patético de la cachetada que el actor Will Smith le aplica a Cris Rock, es el segundo acto. El cacheteador recapacita y ensaya una caricatura de “mea culpa”. “Quiero pedirles una disculpa a la Academia y a todos los nominados. Este es un momento hermoso y no lloro por ganar un premio, no se trata sobre eso, sino sobre poder darle luz a todos los que hicieron posible esta película. El amor te hace hacer cosas locas. Este momento es muy complicado, pero se lo dedico a mi madre. Gracias por este honor. Espero que la Academia me vuelva a invitar”, cerró avergonzado.

El deseo es que la Academia, el equivalente de la santa madre iglesia de Hollywood, lo vuelva a invitar. Entre ovejas no hay cachetadas, y el rebaño sigue balando al compás de la industria multinacional del séptimo arte.

La cachetada es a la trompada lo que el catch es al box. Obviamente, puede fallar. En el box puede haber “tongo” y algún cátcher puede quedar lesionado. Pero el espectáculo deberá continuar porque la fábrica de lucro nunca se acaba.

La demonización de la cachetada, la idealización de la palabra, forma parte de una cultura represora de guante blanco y uñas sucias. En un medio tono se puede dar una orden de exterminio. En un medio tono puede firmarse un decreto de exterminio para varias generaciones. En un medio tono, en su medida y armoniosamente, el retroprogresismo y el fascismo de consorcio bailan el vals de la grieta.

La cachetada del Oscar como analizador nos permite entender que el fundante de la cultura es entretener para reinar. Entretener en el sentido de anestesiar. Incluso con anestesias locales. Indignarse con lo que se ve en una película, mientras se mantiene la reacción autista frente a lo que no quiere ver.

Periodistas, politólogos, analistas culturales, más preocupados por el tránsito lento que genera un “acampe”, que por la desnutrición rápida que generó el acampe liberal de la democracia desde los 90 y antes también. Los fascistas del Twitter piden algo mas que cachetadas para las y los piqueteros. Aunque pidan pan, ni paz ni trabajo les dan.

Me acuerdo cuando Nacha Guevara era “la Nacha” y cantaba: “un buen par de patadas en el culo, y la vida recupera su sentido”. La cachetada marca Will no permite recuperar ningún sentido. Es un desviante que banaliza todo lo que supuestamente pretende defender.

De la misma forma que es mas importante la intención de voto, que las intenciones de los votados. No descarto inaugurar un “cachetómetro” para medir la intención de cachetear a nuestros gobernantes y representantes. Siempre que acordemos que la violencia es la cachetada revolucionaria de la historia.

Alfredo Grande

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