Malvinas 40 años – A la memoria de los caídos

Malvinas 40 años – A la memoria de los caídos

1Abr22 1 Por Nestor Perez

Tan afectos a caracterizar como héroes a quienes, por circunstancias casi siempre ajenas a su voluntad, son víctimas con mayúsculas, los argentinos estamos a horas de evocar la recuperación de Malvinas como si hubiera sido un hecho político convertido en memoria por obra de un gobierno del pueblo; y no obra de la más atroz de las cinco dictaduras precedentes.

Los soldados “in” voluntarios, jovencitos, muchos de los cuales ni siquiera eran admitidos en los cines de la época por su facha de niños, se encontraron bajo fuego en una guerra cuya viga madre fuera el propósito de perpetuarse en el poder y seguir privando de las urnas al pueblo argentino. Huelgas obreras, desindustrialización consumada, deuda externa multiplicada por seis, la vida de miles convertida en un tormento inagotable en el inframundo de la clandestinidad, quiebre en el frente interno. Impugnados. Con sangre de compatriotas ahogando sus prontuarios, la dictadura se aferró a la aventura de Malvinas.

Razones históricas, geográficas, políticas y jurídicas le daban la razón a nuestro país en sus reclamos sin desmayos por la soberanía sobre Malvinas. Pero la nación misma era cautiva de un ejército enemigo. La Constitución, que nos habían hurtado como los delincuentes que fueron, dice en su artículo 75, inciso 25, que al Congreso corresponde autorizar al Poder Ejecutivo a declarar la guerra. Y que solo a los diputados les corresponde la decisión de reclutar tropas: solo el pueblo tiene el derecho de enviar a morir al pueblo. Alucinados y crueles, enviaron a morir a quienes debían proteger, sin que nadie pudiese eludir la orden ilegítima.

En diciembre de 1982, la rendición llevó a la propia dictadura a examinar lo ocurrido. Un año más tarde, el informe Rattenbach será lapidario: los jefes militares, usurpadores del poder, perpetradores de una masacre contra su propio pueblo en beneficio de intereses particulares, dentro y fuera del país, habían ocupado las Malvinas especulando con una victoria, la que capitalizarían para mantenerse en el poder. En el mismo escrutinio volcado en 17 volúmenes, se dirá que torturaron a los soldados argentinos, repitiendo el accionar que, en el continente y desde marzo de 1976, llevaron a cabo con disidentes, obreros, estudiantes, mujeres embarazadas y homosexuales.

Uno de los trabajos de investigación más notables de la historia nacional, se mantuvo oculto 30 años. En 2012 la presidenta Cristina Fernández desclasificó la reveladora “enciclopedia”. Adquirió volumen político por un corto tiempo. Y de nuevo se hundió en el mayor desinterés.

Los caídos en Malvinas y quienes volvieron de las islas fueron y serán orgullo nacional, generación tras generación.  Por haberse batido sin considerar por un instante lo que se había pergeñado a sus espaldas, a espaldas del pueblo. Por batallar apretando el miedo en cada pliegue del cuerpo, sin consignar en sus ojos otra cosa que la imágen del suelo patrio soberano.

Aquella última batalla de la segunda guerra mundial que se escenificara  en el Atlántico Sur, esculpe en la memoria la sentencia ya patrimonio del dolor colectivo: Nunca Más.

Néstor Perez

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