Malvinas, un recuerdo de quienes no fuimos a las Islas

Malvinas, un recuerdo de quienes no fuimos a las Islas

2Abr22 1 Por Guillermo Cieza

A quienes intentábamos resistir en plena dictadura, la ocupación de Malvinas el 2 de abril de 1982, nos causó un enorme desasosiego.

El 30 de marzo de 1982 se realizó una movilización convocada por la CGT Brasil, liderada por Saúl Ubaldini, que fue promovida por un puñado de sindicatos con la consigna Pan, Paz y Trabajo. La marcha que también se realizó en otros puntos del país fue reprimida con el saldo de 1.000 trabajadores detenidos, el encarcelamiento de algunos dirigentes sindicales y el asesinato del trabajador José Benedicto Ortiz, de 53 años, trabajador de la Fábrica de Cemento Minetti, militante y secretario general de AOMA (Asociación Obreros de la Minería Argentina), CGT en Mendoza. Ortiz, murió por un balazo en el pulmón que partió de los gendarmes. En el certificado de defunción escribieron que murió por “problemas pulmonares”
El primer militar argentino muerto en Malvinas fue el capitán de fragata Pedro Edgardo Giachino que provenía de la base naval de Mar del Plata. En el juicio a los genocidas de la Subzona 15, el testimonio de María Lujan Gutierrez, militante del peronismo de base, que fue secuestrada por la Marina en abril de 1976, identifica al mismo Giachino como uno de sus torturadores. Pobladores de Batán, una localidad cercana a Mar del Plata y muy conocida porque en ella había una gran comunidad chilena, también identifican a Giachino como quien encabezaba los operativos al mando de un grupo de tareas y que ingresaban a los ranchos tirando sus puertas a patadas.
La reseña sobre estas dos muertes quizás ayude a comprender el enorme desasosiego que vivimos, quienes intentábamos resistir en plena dictadura, cuando nos enteramos de la ocupación de las Islas. No nos enterábamos de la realidad exclusivamente por los diarios o la TV. En la movilización de Plaza de Mayo, habían participado compañeros de nuestra pequeña agrupacion: La Unión de Trabajadores Peronistas. La información de Giachino nos la trajo una madre de Plaza de Mayo de Mar del Plata que paraba en nuestra casa. Y agregó el comentario: “les fue a patear la puerta a los ingleses y lo bajaron de un tiro”.
¿Quién podía negar que las Malvinas eran nuestras? ¿Quién podía no darse cuenta que los ingleses y las fuerzas de la OTAN, eran un enemigo histórico de nuestros pueblo? ¿Pero salir a pelear con esos generales? ¿Llevar a nuestros muchachos a la guerra, conducidos por esos asesinos?
Me tocó vivir los tiempos de Malvinas muy lejos de las islas. Seguramente quienes estuvieron allí tienen más autoridad para hablar sobre ese asunto. Trabajaba por aquellos años en una empresa metalúrgica que hacía piezas de calderería para Astilleros Rio Santiago. Cuando salía de trabajar me iba a un curso donde participábamos unos 20 trabajadores que habíamos sido seleccionados para ingresar a Propulsora Siderúrgica. En el taller no se hablaba mucho. Apenas recuerdo a un muchacho joven, miliquero, que llegó al trabajo muy entusiasmado con lo de Malvinas y que contó con orgulloso que por un tiempo se había enganchado como suboficial del ejército. Un par de comentarios descalificatorios sobre los milicos de compañeros más viejos y con oficio, lo pusieron en su lugar. El propagandista de la guerra era joven, nuevo y apenas ayudante. En el mundo de los trabajadores hay jerarquías que solo se aplican cuando hace falta. Y no se habló más del asunto. En el curso de Propulsora todo era más distendido y se conversó mucho sobre el tema. Los más entusiasmado con la guerra eran dos trabajadores calificados que actuaban como monitores de la empresa. Ambos estaban vinculados al socialismo democrático, un partido que tenía un embajador en el gobierno de la dictadura. El resto de los participantes hablaba con menos entusiasmo y los compas más veteranos y con mayor experiencia sindical, guardaban silencio. Berisso y Ensenada habían sido declaradas en marzo del 76 como zonas subversivas, y había cientos de trabajadores detenidos, desaparecidos y asesinados.
De todos los que conocí, solo los dos que estaban al frente del curso, fueron a la Plaza de Mayo a vivar a Galtieri. Desde mi experiencia, muy limitada en aquella época, porque la dictadura trababa la socialización, creo que hubo un corte de clase en el apoyo a la aventura de Malvinas. Buena parte de la clase media, muy influenciada por los comunicadores televisivos, que aprobó el golpe militar, se entusiasmó con Malvinas.
En aquellos tiempos nos sentimos muy identificados con las posiciones de las Madres de Playa de Mayo: “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”.
Recuerdo que sacamos un volante que imprimimos en el mimeógrafo que teníamos en nuestra casa. Hacía bastante ruido, pero poníamos la música fuerte. Y el vecino que daba a esa ventana, era un aliado. Era sindicalista de Luz y Fuerza y se pasaba puteando a los milicos.
Decíamos en ese volante que no queríamos la guerra. Que la causa era justa, pero con esos milicos al frente nada podía terminar bien. El día de la rendición, no sentimos bronca. Sentimos alivio.
Pero como dije al principio, esta es sólo una historia. Los que estuvieron en las islas, seguro tienen otras cosas para contar.

Compartí esta entrada en tus redes sociales
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter