Vientos de cambio

Vientos de cambio

3Abr22 0 Por Carlos Munevar

Mi humanidad está ligada a la tuya, porque nosotros sólo podemos ser humanos juntos.

Desmond Tutu

La carrera hacia la Casa de Nariño sigue evidenciando las profundas contradicciones de la sociedad colombiana. Si bien ha sido una costumbre -bastante sospechosa- que las campañas presidenciales estén signadas por el recrudecimiento de la violencia, reflejado en atentados terroristas, paros armados, asesinatos y todo tipo de vejaciones, esta vez el tema ha ido más allá con episodios lamentables como los dos atentados terroristas en la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá. En este atentado se utilizaron bombas, la última de ellas contra un CAI (Centro de Atención Inmediata) de la Policía Nacional. De esta forma se siembra el terror y la desolación en la comunidad con un saldo trágico de 37 heridos y dos niños de 12 y 5 años muertos.

Otro episodio brutal fue la masacre de 11 personas a manos del Ejército nacional en Puerto Leguízamo, departamento de Putumayo, en lo que puede ser otro caso de FALSOS POSITIVOS, debido a las versiones encontradas y poco claras que existen entre el informe del ministro de Defensa Diego Molano, el presidente Iván Duque y las de varias organizaciones defensoras de derechos humanos y la misma comunidad de la región.

Pareciera que el país está condenado a una espiral de violencia sin fin. Lo más preocupante es que el candidato del establecimiento, Federico Gutiérrez, ha recibido el guiño de los partidos en el poder y muy posiblemente recibirá la “bendición” de Álvaro Uribe Vélez. Gutiérrez tiene presuntos nexos con la “oficina de Envigado” y oscuros episodios cuando estuvo a cargo de la Alcaldía de la ciudad de Medellín. Además, en su propuesta de gobierno no se evidencia absolutamente nada nuevo a lo visto durante las últimas dos décadas de gobiernos de hegemonía uribista. Es tan así que en redes sociales se encuentran trinos en Twitter como el siguiente:

“Cada 4 años la misma historia:

Nombre del candidato:

– El que diga Uribe

Propuesta de seguridad:

– No más Petro

Propuesta de empleo:

– No al comunismo

Propuesta en lo social:

– No volvernos como Venezuela”

En estas elecciones el tema ha ido más allá y el detonante ha sido la designación de Francia Márquez como la fórmula vicepresidencial de Petro. Desde el periodismo oficialista, sectores afines al uribismo y artistas como la cantante confesa uribista Marbelle, se ha acudido a un ataque de odio racial sin precedentes, dada su condición de afrodescendiente. Los calificativos han sido totalmente denigrantes poniendo en duda su preparación, su inteligencia y su misma condición de humanidad. La situación ha sido tan bochornosa que incluso Roy Barreras, político perteneciente al Pacto Histórico, demandó a la cantante ante la Fiscalía y lo comunicó mediante este trino:

“He presentado esta 👇denuncia penal contra #Marbelle

por violar la ley antirracismo y el código

penal insultando e injuriando a nuestra

candidata Vicepresidencial @FranciaMarquezM.

Señora Marbelle, creyó que podía escupir

su racismo impunemente? #FranciaNoEstáSola”

La cantante podría afrontar prisión de 16 a 54 meses y lejos de recibir el llamado de Francia a la reconciliación, atacó y manifestó sin referirse directamente a la lideresa su presunta pertenencia a las guerrillas colombianas. Esta afirmación totalmente absurda, y muestra del desconocimiento del liderazgo en las luchas ambientales ejercido por Francia Márquez que le merecieron, entre otros, diversos premios al reconocimiento de su labor, como el Premio Nacional a la defensa de los Derechos Humanos en Colombia en el 2015, el Goldman Environmental Prize en el 2018, que es equivalente a un Nobel de medio ambiente y estar dentro de las 100 mujeres más influyentes del 2019 según la BBC.

Pero más allá de estos episodios bárbaros y vergonzantes, lo que se ha puesto en evidencia es que los verdaderos móviles del uribismo y la derecha colombiana son detener la posibilidad de que el país camine hacia la democracia y la consecución de la tan anhelada paz. Simplemente porque su política basada en el miedo y la manipulación del elector necesita de la guerra como combustible para que sus máquinas de la muerte aseguren la continuación del despojo de las tierras de los campesinos, la acumulación extravagante de capital por parte de sus socios, banqueros, empresarios y multinacionales. Todos ellos han aprovechado un Estado a su servicio para adelantar un proceso de explotación económica, laboral y tributaria que ha llevado al país a cifras inhumanas de pobreza, desplazamiento, exclusión y desigualdad social que se vuelven caldo de cultivo para la generación de más violencias en todos los escenarios sociales.

De esta manera, tras dos décadas de agudización del modelo neoliberal y más de 200 años de violencia política y sometimiento del pueblo a manos de una clase oligarca interesada en proteger sus intereses económicos y políticos incluso a costa de endosar la propia soberanía del país, es evidente que lo que está ocurriendo en el país debe ser motivo de un profundo análisis.

Colombia viene despertando, es una primavera de la democracia, los sectores sociales que siempre han estado sometidos bajo el yugo de unas cuantas familias en el poder han ido encontrando caminos de unidad. Indígenas, mestizos, raizales, afrodescendientes y gentes de diferentes condiciones sociales, cansadas de toda una eternidad de violencias, ven en el Pacto Histórico la posibilidad de llegar por primera vez al poder. Enfrentan una maquinaria estatal diseñada para matar, asesinar, estigmatizar y excluir con total impunidad y con unos medios de comunicación totalmente a su servicio. Pero tienen a su favor la capacidad de resiliencia, la memoria de miles que han sido asesinados y lo siguen siendo, una ebullición de medios de comunicación alternativos y redes sociales que han debilitado la matriz informativa de CARACOL y RCN, empresas afines al poder y patrimonio de multimillonarios socios del uribismo.

También han encontrado la posibilidad de visibilizar la aberrante corrupción del modelo uribista y su incapacidad para dar respuesta a las profundas necesidades de una nación empobrecida. De manera simultánea vienen apareciendo nuevos liderazgos de izquierda o de sectores afines a los intereses de las comunidades que han sabido tocar la fibra de los electores y se presentan como una alternativa de poder real. Todo el discurso del “castrochavismo”, la amenaza comunista y la comparación con Venezuela se viene cayendo de la estantería. Ha quedado desnuda ante la opinión pública la política del miedo y el odio que acude al racismo, la estigmatización de sectores como el magisterio, la persecución sindical y la estigmatización de la juventud para justificar un modelo de país en donde son “ellos” los elegidos para “salvar” a Colombia y evadir así su responsabilidad en el ejercicio del poder durante 20 años de oscura noche.

La luz se asoma al final del túnel, Colombia está cambiando y solo trabajando en la reconciliación y en la política del amor, podremos superar nuestras vicisitudes como pueblo.

Carlos Munevar, desde Colombia.

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