La guerra en Ucrania: ¿inicio de la desglobalización o de la desdolarización? (Segunda parte)

La guerra en Ucrania: ¿inicio de la desglobalización o de la desdolarización? (Segunda parte)

6Abr22 0 Por Jorge Wozniak

En las últimas décadas han existido varias guerras y conflictos, pero todos ellos tuvieron un impacto limitado. Por el contrario, la guerra en Ucrania afecta de lleno la globalización porque implica una desconexión de amplios circuitos económicos y monetarios.

La interrupción de las cadenas de suministros afectó ya a empresas europeas que importaban insumos de Ucrania o de Rusia. Este desacople de la economía rusa del resto del mundo encajaría con el concepto de desglobalización formulado por Jacques Sapir en 2017. Igual razonamiento hizo Paul Krugman en el New York Times (01-04-2022) al afirmar que estamos asistiendo a la segunda desglobalización: en 1914 con la guerra mundial ocurrió la primera, que cortó los circuitos económicos mundiales y dio paso a políticas proteccionistas. Hoy estaríamos en vísperas de una salida similar. Rusia adoptó una política de sustitución de importaciones desde 2014 y Trump hizo en EEUU algo similar aunque más limitado. Ahora pareciera que en la UE se consideran opciones en ese mismo sentido. 

Aunque se presenten en los medios los errores de cálculo de los militares rusos al momento de evaluar la resistencia ucraniana, no se consideran los errores cometidos en la UE o EEUU al momento de considerar el efecto de las contramedidas de Moscú frente a las sanciones económicas que impusieron. Y numerosos Estados económicamente importantes tomaron acciones que impiden por ahora un aislamiento más efectivo de la economía rusa.

Así, el gobierno derechista de Jair Bolsonaro en Brasil ha confirmado que continuará con las importaciones de fertilizantes de Rusia, de la que obtiene el 85% de sus necesidades. Por otro lado, la India firmó un contrato para comprar petróleo y acero a precios inferiores a los vigentes en el mercado mundial, utilizando para los pagos recíprocos rupias y rublos.

Sin embargo, lo más llamativo es la actitud de los países del golfo, tradicionalmente aliados de los EEUU, que se negaron a aumentar masivamente la producción para sostener el boicot al consumo del petróleo ruso. Esto se explicaría como una medida para evitar la caída en los precios, pero podría responder también a otras razones: el posicionamiento de Rusia en Siria y su posible respaldo militar a Irán o a los rebeldes en Yemen en caso de estar acorralada podría complicar la producción petrolera en la región y la propia estabilidad de las monarquías. Recordemos que en 2019 drones supuestamente yemeníes destruyeron dos destilerías saudíes y provocaron un cimbronazo en los precios mundiales del crudo. Un conflicto a mayor escala tendría efectos muy destructivos para las economías regionales y un impacto global.

De allí los intentos de EEUU de normalizar rápidamente las relaciones con Venezuela e Irán para tratar de cubrir un posible faltante de combustible, o la decisión de Joe Biden de vender en el mercado parte de las reservas estratégicas de combustible que controla el gobierno. Solo así sería efectivo el embargo petrolero sobre Moscú. No obstante, según las previsiones publicadas en Bloomberg News (01-04-2022) los ingresos en Rusia este año por las exportaciones de energía medidas en dólares aumentarían en un tercio, con lo cual el país tendría recursos para continuar la guerra.

Por último, se sigue presentando como una incógnita la actitud de China sobre el respaldo a las sanciones. Se ignora que las relaciones con los EEUU vienen deteriorándose desde la presidencia de Donald Trump y las tensiones se agravaron más aún bajo Biden. La creación de la alianza militar conocida como AUKUS entre el Reino Unido, Australia y los EEUU está dirigida específicamente contra China. Por lo tanto, que Gran Bretaña y los EEUU se involucren más en conflictos en Europa puede ser visto como positivo por Beijing, aunque la guerra pueda afectar en el corto o mediano plazo su crecimiento y sus mercados. De allí el fracaso de la reunión mantenida este primero de abril entre los dirigentes chinos y los miembros del Consejo Europeo: mientras los segundos pretendían que China se sumara a las sanciones antirrusas, los dirigentes chinos proponían como prioritario reformular el sistema monetario y financiero internacional. La declaración de la presidente de la UE acerca de que el comercio recíproco alcanza 1.900 millones de euros diarios, mientras que con Rusia el intercambio chino apenas supera los 300 millones pareciera toda una amenaza. En apariencia la UE podría también sancionar a ese país si brinda apoyo militar o financiero a Putin. Sin embargo, habría que considerar si esa amenaza conlleva una posibilidad real de aplicación, dado que sería dificultoso reemplazar en el corto plazo las manufacturas chinas o, como contrapartida, impedir un boicot chino a los productos europeos. Y un conflicto así ya está en marcha desde antes de la guerra en Ucrania: la UE demandó a Beijing ante la Organización Mundial del Comercio en enero de este año por las represalias económicas que China adoptó contra Lituania luego de que en marzo del 2021 ésta le permitiera a Taiwan abrir una embajada, sanciones que afectan duramente a Lituania.

Es indiscutible el peso económico de los EEUU y de las potencias de la UE sumadas. Rusia, la undécima economía del mundo, difícilmente podría sostener sola un conflicto prolongado si los occidentales continúan apoyando militarmente a Ucrania y siguen las sanciones. Los costos del conflicto en una economía bajo embargo podrían ser excesivos para las capacidades de la propia Rusia. Tengamos presente que fue la carrera armamentista uno de los motivos del colapso de la URSS.

Sin embargo, el peso de China, la segunda economía del mundo, sumada a otras potencias emergentes pueden ser un contrapeso a la efectividad del bloqueo. Seguramente si la guerra continúa afectará los circuitos económicos mundiales de los que depende el crecimiento de China. Sin embargo, permitir que Rusia sea derrotada y que tal vez caiga Putin podría implicar tener a otro gobierno aliado de los EEUU en su frontera norte. Se reforzaría así el poder militar de EEUU y sus aliados para poder presionar de forma más efectiva sobre Beijing. Por otro lado, si el conflicto se prolonga en Ucrania, los EEUU podrían concentrarse más en Europa y disminuir su presencia en el área del Pacífico. Un triunfo de Moscú podría ser todo un mensaje para debilitar la resistencia de Taiwán a la reunificación y la demostración de la imposibilidad de Washington de impedirlo.

Al mismo tiempo, el rearme actual de la OTAN generará en el corto plazo un estímulo económico para los EEUU por la demanda de sus armamentos. Sin embargo, el costo del aparato militar europeo, sumado a la asistencia a los millones de refugiados ucranianos en su territorio, más el encarecimiento de la energía y otros insumos, podría afectar gravemente a la economía europea, al aumentar el déficit y devaluar el euro. Algo similar podría ocurrir con el déficit sostenido desde hace décadas en los EEUU y la depreciación sostenida del dólar, en un contexto donde se está reformulando el uso de las divisas en el comercio entre las economías emergentes. El posible empleo de las criptomonedas (algo todavía incipiente) pero sobre todo la creación del yuan digital por China podrían acelerar la desdolarización.

Pareciera que asistimos al surgimiento de un mundo multipolar pero que en la práctica se reduce a dos bloques de países: aquellos donde los Estados tienen activa intervención en la economía y aquellos otros que dejan mayor margen a la iniciativa empresarial. Sería un nuevo mundo bipolar, donde cada uno de los polos tendría varios protagonistas, cruzados por antagonismos y alianzas circunstanciales, que tal vez se traduzca en acuerdos multilaterales y la existencia de bloques regionales. 

Jorge Wozniak

Profesor de Historia Contemporánea (Facultad de Ciencias Sociales-UBA) e investigador del Centro de Estudios sobre Genocidio (Universidad Nacional de Tres de Febrero)

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