La pedagogía de la cuantificación

La pedagogía de la cuantificación

7Abr22 0 Por Darío Balvidares

En un anuncio mediático el ministro de educación de la Nación, Jaime Perczyk expresó la voluntad del gobierno de extender en 1 hora más la jornada del nivel primario, agregando que será la propuesta que presentará a la Asamblea del Consejo Federal de Educación (CFE).

Este viernes en ministro Perczyk propondrá al Consejo Federal, que se reunirá en Tierra del Fuego, el alargue a 5 horas de la jornada escolar del nivel primario, actualmente en 4 horas de clase.

De acuerdo con el parte de prensa del propio ministerio, el titular de la cartera afirmó que: “Es una mejora muy importante para la escuela primaria. Sumar horas de clase es más conocimiento y mejor educación (…)  esto requiere la construcción de acuerdos y consensos con las jurisdicciones y los gremios (…) significa tener 38 días más de clase por año”.

También puntualizó sobre las posibilidades de esta extensión del horario y al respecto dijo que podría realizarse la amplificación de la jornada de la siguiente manera, de 7 a 12 o de 7,30 a 12.30 para el turno mañana y de 13 a 18 o 13.15 a 18.15 para el turno tarde.

Por supuesto que no podía faltar el obsecuente enunciado que postulan las macropolíticas internacionales: “Tenemos que preparar nuestras escuelas para que eduquen y formen a las niñas y niños para lo que nos demanda el Siglo XXI”, lo que se traduce en competencias y habilidades, que la entelequia “siglo XXI” no demanda, sino los organismos internacionales como la voz de los intereses del mercado y sus corporaciones empresariales.

Respecto de la hora que amplía la jornada, sostuvo, en el mismo comunicado de prensa ministerial, que “tiene que estar preferentemente afectada a la enseñanza de matemática, lengua y lectura (…) para aprender a leer y escribir, para poder expresarse, hay que escribir y leer todos los días y algo similar ocurre con la matemática. Para aprenderla hay que ejercitarla todos los días en la escuela y en la casa”.

Se necesita transformar las condiciones materiales de vida para primero lograr los aprendizajes en todxs; no es con más del  50% de los niños, niñas y adolescentes por debajo de la línea de la pobreza.

Además admitió que a  mediano plazo “tenemos que crear las condiciones, especialmente de infraestructura, para lograr la universalización de la jornada completa”.

La Ley de Educación Nacional (26.206), sancionada en 2006 por un gobierno del mismo signo político que el actual, en el artículo 28 dice: “Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley”. Hace 16 años, la propia ley, que es taxativa, no fue cumplida.

De hecho el ministro reconoce que “el 86% de los chicos en la Argentina tiene cuatro horas de clase en la primaria (…) El otro 14% tiene la jornada completa o la extendida. Vamos a impulsar la jornada completa y extendida en todos lados que se pueda”.

La propuesta alcanzará a alrededor de 10 mil escuelas de todo el país y demandará una “nueva inversión de 18 mil millones de pesos para aportar el 80% del aumento del sueldo de las y los maestros”, afirmó Perczyk.

Se hace necesario, frente al anuncio mediático del ministro, plantear algunas consideraciones, como por ejemplo que la propuesta será presentada el viernes al CFE para ser debatida por los respectivos ministros jurisdiccionales y lograr los acuerdos y consensos  y  posteriormente, también con los sindicatos. Es decir que el ministro no informa sobre una política que se va a implementar, sino una idea que se va a someter a discusión.

¿Pero qué idea?

La esencia de todo lo que dijo es: una hora más de clase en el nivel primario cuya finalidad es incrementar la carga horaria en  lengua, lectura y matemática. Todxs lxs docentes sabemos, o deberíamos saber sobre los efectos contrarios a lo deseado de la sobrecarga en la atención de lxs alumnxs, sobre todo de en los primeros grados. Así que desde una mirada pedagógica, decir que se aumenta una hora más de clase con la entrada antes o la salida después, no es más que otra decisión sostenida por la pedagogía instrumental sin que pueda verificarse la vinculación con los aprendizajes.

El ministro habla de una inversión de 18.000 mil millones de pesos  “para aportar el 80% del aumento del sueldo de las y los maestros”; no queda muy claro si es el 80% del total de la cifra a invertir para el aumento del sueldo (¿qué sería de cuánto agregando 1 hora?) o si habría un incremento del  80% en el salario cuando se reabran las paritarias.

Volviendo a la propuesta de una hora más de clase, implica seguir pensando la educación desde la pedagogía instrumental que implantó el neoliberalismo y que por lo visto es la forma más fácil de tapar la crisis educativa que estas mismas políticas consumaron.

El paradigma reformista puso a la educación en un lugar subsidiario de intereses solamente económicos con el consecuente formateo ideológico. La propia ley pone el enunciado que había aparecido en los documentos de los organismos mundiales, aquello de el  aprendizaje socialmente productivo, asociado al mundo empresarial y a las fundaciones y sus capacitaciones. Todo un andamiaje endoprivatizador que fue anulando la posibilidad de que la escuela genere sus propias herramientas teóricas y prácticas, que deberían haber estado presentes en la formación, en los profesorados que también fueron poco a poco intervenidos en sus diseños, recortando contenidos.

No es 1 hora de clase, en el proceso de escolarización, más tiempo no se traduce en más aprendizaje, la readecuación didáctica de los tiempos y las áreas puede ser la variable y eso dependerá de las posibilidades y la infraestructura de cada una de las escuelas en las que existe una profunda desigualdad, que ese ministerio no advierte porque está reducido a una agencia reproductora de políticas y porque nunca se volvió a nacionalizar el sistema educativo, de ahí su fragmentación y como consecuencia el incremento de la desigualdad que manifiesta, claramente, las desigualdades sociales y escolares y que la pandemia contribuyó a visibilizar aún más.

Una agencia con rango ministerial que no puede intervenir en los convenios que hace la Ciudad de Buenos Aires para mandar a estudiantes del último año de la escuela media a “trabajar gratis” a las empresas, disfrazando el trabajo esclavo de “prácticas educativas”, tampoco puede intervenir  cuando el mismo gobierno porteño no tiene vacantes para más de 40000 chicxs; tampoco cuando  le da pobres desayunos de $37 a 240.000 estudiantes en la Ciudad; ni tampoco en Salta cuando una comunidad wichí pide un anexo de la Escuela  Ejército Argentino 4744 y la habilitación de un maestro bilingüe para que lxs niñxs, adolescentes y madres no tengan que caminar 4 km.

Tal vez hemos señalado los extremos para  mostrar la trastienda de un sistema desarticulado bajo el manto del falaz federalismo. 

Es necesario pensar una transformación de fondo y para eso hay que salir de las lógicas del neoliberalismo depredador que solo aplica la metodología instrumental, que incluye, además del empobrecimiento sostenido de un amplio porcentaje de la población, la desposesión social educativa como una de las consecuencias inevitables producto de las diferencias  culturales de origen que no son naturales, sino provocadas y las diferencia de inversión por escuela.

No se trata de 1 hora más, se trata de abordar el problema para decidir qué educación queremos y para eso hace falta un amplio congreso pedagógico, sin fundaciones corporativas, ni ong empresariales, ni las recomendaciones coloniales de los obsoletos organismos internacionales. Un congreso en el que lxs protagonistas sean los que hacen a diario la escuela.

Tal vez en una verdadera transformación, pueda surgir el consejo nacional de educación integrado por docentes votados por sus bases con mandatos temporales para ocuparse de las políticas educativas, enfocar el conocimiento escolarizado desde la pedagogía crítica con enfoque social  donde se resuelva la carga horaria desde una mirada multidimensional que incluya la problemática social y no para hacer seguidismo de lo que suena bien mediáticamente y cierra “grietas” en el solipsismo político.

Darío Balvidares

Imagen destracada: Télam

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