Asesinato laboral en La Matanza

Asesinato laboral en La Matanza

8Abr22 0 Por Matías Gianfelice

Este 4 de abril murió Rocío Décima, joven obrera de 21 años. Una máquina la mató en la fábrica donde trabajaba. Desidia patronal y derechos negados.

Tener 21 años, ser obrera de una pequeña fábrica deberían ser sinónimos de salir adelante, de ir construyendo una perspectiva de vida con sueños y metas realizables. Pero en este capitalismo feroz y con una burguesía nacional que es inoperante y voraz, todo eso se vuelve sinónimo de pobreza y muerte.

En este contexto es importante recordar que el espacio “Basta de Asesinatos Laborales” informó el año pasado que “en el 2020 falleció un trabajador o trabajadora cada 7 horas en sus lugares de trabajo, por causas o motivos evitables”.

Rocío era una joven matancera que seguramente anidaba sueños y deseos que iban más allá de sus condiciones de vida actuales, justamente porque si algo no pierde nuestra clase trabajadora es su capacidad de soñar y de inventarse caminos. Lamentablemente la muerte la encuentra de la mano de la total ausencia de sus derechos laborales. Quizás por “viveza” o bien convencido de que “para dar trabajo hay que abaratar los costos de producción sino no somos competitivos” (como vociferan muchos liberales), Sergio Rubén Alegre, de 41 años y propietario de la fábrica, mantenía a Rocío en condiciones laborales inseguras y peligrosas.

Frente de la fábrica clandestina donde trabajaba Rocío (Foto: Minuto1)

La justicia lentamente indaga y revisa la máquina que le atoró el cabello a Rocío, la sacudió y terminó matándola, además de revisar (recién ahora) si los papeles laborales de dicha fábrica están en regla. El señor Alegre afirmó tenerla solamente a Rocío como empleada, vecinxs y allegadxs confirman que todo se supo por el relato de otras compañeras de trabajo de Décima; la justicia también solicitó el contrato laboral de la joven asesinada. Mientras tanto algunos medios masivos ya titularon “accidente” y “tragedia”, rememorando otros asesinatos laborales que se esconden bajo estos eufemismos y que desligan las responsabilidades de la patronal y del Estado.

A Rocío nadie la devuelve a la vida y a su gente nada le sacará el dolor, una vez más los intereses del capital prevalecieron y las vidas obreras pagan el precio.

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