Malvinas, las memorias multiformes

Malvinas, las memorias multiformes

8Abr22 0 Por Daniel Campione

A cuarenta años del conflicto bélico que tuvo lugar en las islas, es estimulante la lectura acerca de las interpretaciones, los testimonios, la memoria en torno a Malvinas, de quienes fueron protagonistas directos, y de la sociedad argentina en su conjunto.

Federico Lorenz

Las guerras por Malvinas. 1982-2022.

CABA, Edhasa, 2022.

402 páginas.

El del Atlántico Sur fue el único conflicto armado externo que enfrentó la sociedad argentina durante el siglo XX. Terminó en una rotunda derrota. La que, entre otros efectos, hizo caer la idea de la nación argentina como “invicta” en las contiendas que le tocó afrontar, todas ellas en el transcurso del siglo XIX.

De modo asaz dramático, perdió vigencia la frase que millones de argentinxs recitaron durante su escuela primaria: “…la Bandera blanca y celeste – Dios sea loado – no ha sido jamás atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra…”

Una profunda herida en los sentimientos patrióticos de argentinas y argentinxs.  Dejaba una marca indeleble, signada por el hecho de que la iniciativa que llevó a la derrota sin atenuantes partió de la peor de las dictaduras. Y porque buena parte de la población argentina prestó inicial apoyo a esa incursión.

El autor comienza su recorrido por un sucinto y eficaz análisis de la extinta institución del servicio militar obligatorio. Modalidad de reclutamiento que estuvo en la génesis de los malos tratos a los “colimbas” enviados al sur, con serias deficiencias de entrenamiento, equipo e incluso de alimentación. Y bajo mandos inmediatos que, con excepciones, reproducían las prácticas autoritarias del servicio militar en un escenario y circunstancias por completo diferentes.

Imagen 1 de 2 de Las Guerras Por Malvinas 1982 2022 - Lorenz, Federico

Producida la toma de Malvinas la sociedad argentina se movilizó con mayoritario entusiasmo. Por razones más complejas que el arraigo desde la formación escolar de ese reclamo territorial y  la existencia de una vocación antiimperialista.

Hubo nutridas manifestaciones callejeras de apoyo, es cierto que convocadas desde arriba por la cúpula dictatorial. Ese sustento activo a la acción bélica, pasado el fervor del primer momento, se mantuvo a tope en la región patagónica y en la isla fueguina. Zonas donde hasta nuestros días se mantiene muy vivo el reclamo de soberanía, lo que examina Lorenz.

Sobrevenida la rendición llegó el anticlímax, primó la visión de que la toma de las islas había sido una aventura disparatada, en manos de un gobierno que, acorralado por una profunda crisis, buscó desesperado en la reivindicación malvinera un consenso ya muy esquivo.

Las voces en contrario fueron minoritarias, algunas emitidas desde las comunidades de exiliados que había generado la represión y otras por parte de quienes vivían en nuestro país. Lorenz se detiene en particular en las opiniones de León Rozitchner, desde fuera del país, y de Carlos Brocato, que continuaba viviendo aquí.

Ambos cuestionaron la legitimidad de la causa en manos de los militares asesinos y dirigieron filosas objeciones a las expresiones de izquierda que respaldaron el emprendimiento militar.

Asimismo toma testimonios de ciudadanos “de a pie” que estuvieron en contra, sufriendo hostigamientos por sus opiniones o viéndose compelidos al silencio. Y llama la atención acerca del grueso de la opinión pública que, manipulada, confió hasta último momento en una victoria imposible.

 El tratamiento de Lorenz se despliega luego en torno a una línea de disputa, la actitud de la sociedad toda y de los gobiernos respectivos hacia los excombatientes.

Actitud que arrancó con el vergonzante ocultamiento de los soldados a su regreso de la guerra y la pretensión de la dictadura de que guardaran silencio sobre lo acaecido en el teatro de operaciones.

A continuación se produjo el agrupamiento en las asociaciones de exsoldados. Las que denunciaron los malos tratos y cobardías de los mandos, separaron de modo tajante a los militares profesionales sujetos de sus críticas (a los que no aceptaron en sus organizaciones). Y adquirieron voz pública inscribiendo la reivindicación de su rol y de la demanda de soberanía en un largo itinerario de luchas populares y en una visión antiimperialista radical.

Rechazaban asimismo el papel de meras víctimas que les asignaba (y aún les adjudica) un amplio sector de nuestra sociedad. Optaron por percibirse como ciudadanos armados que habían puesto en juego su vida en pro de una causa nacional legítima. Así ésta se hallara manchada por el carácter de dictadura sanguinaria del gobierno que inició la lucha.

Una cuestión que Lorenz sigue a lo largo del libro son aquellas reivindicaciones de la causa malvinense que adquieren un tenor que explicita, o apenas encubre, la defensa del papel jugado por los mandos y de la decisión de la junta militar. Y recorre las complicidades desde el poder político con esas defensas.

Las que reconocieron un hito importante en ocasión de que el presidente Raúl Alfonsín llamó “héroes de Malvinas”  al grupo de oficiales alzados en Semana Santa. Muchxs de los cuales habían sido orgullosos partícipes de “las dos guerras”, con protagonismo o complicidad en desapariciones y torturas.

Brindaba así un halo de legitimidad a quienes se habían alzado contra el orden democrático. Y lo hacían por una causa tan repudiable como la oposición a los juicios por los crímenes cometidos, en parte por ellos mismos, en la “guerra antisubversiva”.

En la década de 1990 la causa de Malvinas y el lugar asignado a los soldados se “menemizó”. La noción de excombatiente fue reemplazada por la de “veterano”. Lo que permitió aunar a los que habían sido ciudadanos en armas y a los “señores de la guerra” en una sola federación, cooptada desde el Estado. Quedaron asimismo comprendidos en esos manejos la organización de los padres y otros deudos de los combatientes.

No faltaron incluso las maniobras de corrupción connaturales a esa etapa, con la “mágica” duplicación del número de beneficiarios de pensiones por la participación en la guerra. Llegaron a ser cerca de 20.000, cuando el número real de veteranos no sobrepasaba la mitad.

Lo anterior no quita que existieron agrupaciones de exsoldados que sostuvieron su independencia del poder político y el entronque de su lucha con las causas revolucionarias de décadas anteriores, lo que es señalado en el libro.

Será años después, en estrecho contacto con el retorno a políticas contra la impunidad, que la causa Malvinas y la exaltación de los excombatientes tome otro camino, a partir de 2003. Esa nueva mirada vino combinada con una apelación a las tradiciones “sanmartinianas” de las fuerzas armadas y el encuadre de los sucesos malvineros en un proceso de autocríticas y testimonios renovados.

Ello no impidió la actuación de partidarios de la defensa en bloque de lo que llaman la Gesta (así, con mayúsculas), que rechazaban la vinculación de la recuperación del archipiélago con la denostación de la dictadura militar. El discurso patriótico, a veces con resabios prodictatoriales, se inició en la década de 1990 y ha pervivido hasta el presente.

El libro no examina una posición antagónica con la exaltación de la causa patriótica. En vísperas de cumplirse treinta años del choque armado, en 2012, una conjunción de intelectuales, periodistas y políticos entre los que destacaban los nombres de Luis Alberto Romero, Santiago Kovadloff, Beatriz Sarlo, Marcos Novaro, Hilda Sábato, Juan José Sebreli, Roberto Gargarella, Jorge Lanata y Fernando Iglesias, propuso un radical cambio de política hacia el archipiélago.

El grupo de los 17 sobre Malvinas (2) | La lectora provisoria
Algunos de los firmantes del documento llamado “Malvinas: una visión alternativa”.

Partían de una mirada que disminuía la relevancia de la cuestión Malvinas frente a otros problemas más importantes y urgentes. De allí iban al cuestionamiento de la reivindicación de una “política de Estado” para las islas y a la impugnación del “nacionalismo patriotero” que atribuían al gobierno.

El corolario extraído fue la necesidad de adherir al principio de autodeterminación en lugar de al  de “integridad territorial” sostenido históricamente. La libre voluntad de los isleños de pasar a ser argentinos era entonces el camino excluyente de reincorporación de las islas. Hubiera sido deseable un examen detenido de esta posición, que alcanzó por entonces la resonancia asociada al prestigio de sus expositores y sigue defendida por muchxs.

El autor ha recorrido archivos, entrevistas, memorias éditas y algunas inéditas, prensa periódica, documentos audiovisuales- Todo en búsqueda de la reconstrucción de las voces diversas e incluso opuestas que interpretaron la guerra en el sur.

Como aclara desde el comienzo no hace la historia del conflicto y sus consecuencias inmediatas y mediatas, sino de cómo fue vivido y procesado desde una multiplicidad de miradas. Por eso el plural del título, que renuncia de antemano a proporcionar una visión unificada acerca de la guerra.  

Y  destaca que la interpretación del  conflicto y el destino de la reivindicación de las islas siguen como parte de reflexiones contrapuestas, portadas por una pluralidad de voces.

En esa línea la voz del historiador se inclina poco a ocupar el primer plano y opta por la reproducción, a menudo in extenso, de las palabras de testigos y protagonistas.

Hay un reparo a efectuar, no a la obra en sí sino a un criterio editorial.  Ha sido promovida, desde el propio subtítulo, como una edición definitiva, actualizada hasta el día de hoy. Sin embargo, se notan deficiencias en esa puesta al día. Las que se pueden ejemplificar, entre otros casos, con menciones a Cristina Fernández como “la actual presidenta”.

A través de su mirada de conjunto y del tratamiento exhaustivo de los problemas que suscita, la de Federico Lorenz es sin duda una obra muy necesaria para enriquecer la visión de la “cuestión Malvinas”. Acerca de la cual solemos creer que lo sabemos todo, y no cuesta descubrir que ignoramos bastante.

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