El festival por la educación y el arte contra la expropiación gubernamental

El festival por la educación y el arte contra la expropiación gubernamental

11Abr22 0 Por Darío Balvidares

El Palacio Ceci, patrimonio histórico, lingüístico y cultural de la Escuela N° 28 Bartolomé Ayrolo, es víctima del eslogan “la transformación no para”, formato publicitario encubridor del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

En la tarde del sábado se llevó a cabo un festival cultural que incluyó, pintura, danza, música para visibilizar el atropello legalizado, pero no legitimado socialmente, por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta,  contra el patrimonio cultural que significa el Palacio Ceci en el que en sus jardines se encuentra la primera escuela de sordos del país y de Latinoamérica y que fuera donado por la familia propietaria para ese fin a principios del siglo XX.

Foto tramas – periodismo en movimiento

En el eterno mundo cambiante del neoliberalismo, uno de sus grandes logros fue la apropiación semántica de conceptos, entendidos como parte del imaginario emancipatorio, en función de su receta cosificadora de la realidad y desposeedora tanto de derechos como de los bienes públicos.

Uno de los grandes temas todavía no debatidos a fondo es la diferencia entre lo estatal y lo público, siendo lo público, anterior al estado, cuanto más a este extraño estado de Ciudad autónoma (en el que la autonomía participativa de la población no es contemplada, si lo fuera el Ceci no estaría en discusión), y no lo digo desde el discutible derecho de propiedad privada, sino desde una mirada de lo público como lo común.

Foto tramas – periodismo en movimiento

El hecho es que a través de una ley votada en la legislatura porteña, el distrito del vino creo su propia realidad avasallando el territorio público con o sin licencia social, y en ese eslogan, que podríamos traducir como “el arrasamiento no para”, el Palacio Ceci será reconvertido en un enológico lugar de negocios, borrando toda posibilidad de huella de la historia de la comunidad sorda.

Marcelo Guouman, de UCR-Evolución y presidente de la comisión de Desarrollo Económico de la Legislatura, fue quien presentó el constructivo proyecto que crea el distrito del vino.

La iniciativa fue construida de manera participativa –dijo el legislador en su argumentación– con empresarios y comerciantes de Villa Devoto y La Paternal“. Y añadió que tiene tres objetivos principales: “reducir la carga fiscal para facilitar nuevos emprendimientos de inversión, otorgar incentivos crediticios para desarrollar las actividades vinculadas a la vitivinicultura en una zona específica de la ciudad y renovar un sector de esos barrios que tienen infraestructura ociosa“.

Video tramas – periodismo en movimiento

Lo que equivale a decir que se trata de un negocio articulado con empresarios y productores utilizando lo que llama “infraestructura ociosa”, que, por supuesto, no se van a utilizar para hacer viviendas, escuelas, jardines de infantes (para cubrir 40.000 vacantes y el déficit habitacional), sino para alimentar la ética del cinismo consumista.

Esas exenciones impositivas, son dineros que no van a estar en las escuelas, ni en los hospitales, claramente son subsidios al empresariado. Es decir que, en este caso, el negocio del vino no tributa para el bienestar social, no tiene un destino público, sino una chata y soez operación de mercado con las propiedades de utilidad pública, por las que ni siquiera van a pagar.

Porque es evidente que cuando el diputado alumbrador de la ley del distrito del vino argumenta que “La iniciativa fue construida de manera participativa con empresarios y comerciantes de Villa Devoto y La Paternal”, supone que los habitantes de esos barrios, están sumidos a las decisiones empresariales, pues no; es el conjunto de los vecinos el que tiene derecho a participar sobre el futuro del barrio.

Por eso la importancia de la resistencia de la comunidad educativa de la escuela Ayrolo y de los vecinos de Villa Devoto, incluso de la Junta de Estudios Históricos que también expresó su negativa a la entrega del edificio, emblema de la comunidad sorda.

El Palacio Ceci, construido en 1913, pasaría a constituirse como la sede central del distrito del vino, es contra ese bebido proyecto que el conjunto de la comunidad de oyentes y no oyentes realizó el festival artístico como la tercera manifestación, en este año, que se resume en la consigna, “El Palacio Ceci no se toca”.

Foto tramas – periodismo en movimiento

En conversación con tramas, Virginia, docente de la escuela, nos repitió lo que había dicho en la reunión en la legislatura la semana anterior: “El Palacio Ceci es patrimonio histórico, cultural y lingüístico de las personas sordas. Pedimos que se respete la identidad y la historia del edificio y que siga perteneciendo a la comunidad sorda para poner en práctica los proyectos pedagógicos que quedaron truncos”.

En ese mismo sentido también habló Mariana Scayola, secretaria general del sindicato Ademys: “El Palacio es de la escuela, lo que suceda acá adentro lo tiene que decidir la comunidad sorda de conjunto (…) y querer utilizar el Palacio Ceci como un negocio, también es ajuste. Porque para él (Horacio Rodríguez Larreta) vale lo que es negocio, la educación no vale y la historia no vale (…) Larreta quiere borrar la historia de la comunidad sorda…”.

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La lucha no va a ser fácil, porque en febrero, entre gallos y medianoche, hubo un pase de manos, el Palacio fue transferido del Ministerio de Educación al de Desarrollo Económico, prueba contundente del negociado en ciernes que destinará el edificio al distrito del vino para usufructo del empresariado que no desembolsará un solo céntimo por el “legado” gubernamental, que  además, están reacondicionando con los dineros públicos.

¡El arrasamiento no para!

Darío Balvidares

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