El día que, con mi mamá, rescatamos a Chávez

El día que, con mi mamá, rescatamos a Chávez

13Abr22 1 Por Guillermo Cieza

El día 13 de abril de 2002 el pueblo venezolano se volcó a las calles para enfrentar el golpe de Estado y rescatar de la prisión al Comandante Chávez. Hay miles de historia sobre esos días. Rescatamos la de Yanuba León Guzmán, escritora, poeta y periodista, que fue publicada en una entrevista en 2019 .

P : ¿cómo te impactaron los hechos de abril de 2002?

YLG : En abril de 2002 yo tenía una formación política mucho más consistente. Vivíamos en aquel momento en una situación muy precaria. Habitábamos con mi madre en una casa muy pequeña. Éramos 12 personas hacinadas, algunas estudiábamos, otros trabajaban. En una sala dormíamos diez personas, en colchones, en colchonetas en el piso. Debíamos racionar la comida, no alcanzaba para el pasaje. Yo entendía que todo lo que estaba pasando en ese momento era porque los dueños de los medios de producción estaban enardecidos contra una figura política que prometía trastocar el orden de las cosas. Yo era consciente de que todo lo que estábamos viviendo era consecuencia de años y siglos de desmanes por parte de los Gobiernos en el país, y aunque no tuviéramos casi nada material seguíamos confiando en Chávez.
P: ¿Y salieron a la calle?
YLG: Mi mamá es una líder comunitaria muy activa y el 11 de abril ella, con Dannybal y sus hermanos, estuvo en Puente Llaguno. Vieron de cerca todo lo que sucedió. Yo llegué ese día tarde al centro, y
mi madre me dijo que no subiera hasta el puente porque ellos habían estado allí en esos acontecimientos violentos, con muertos y toda la tragedia. Regresamos esa noche caminando como fantasmas a la casa, pensando que había caído Chávez y lo que venía era una gran represión, no solo contra los del Gobierno sino contra los líderes comunitarios como mi madre. El día 12 fue de tristeza y desesperación. De ese día tengo un episodio que hace poco me recordó mi madre. Nos juntamos con los amigos en la librería Kuaimare, donde trabajaban Dannybal e Inti y después de analizar la situación decidimos crear una guerrilla urbana para resistir.
P: ¿Una guerrilla de puros poetas?
YLG: Sí claro. Casi todos. También estaba mi madre y mi hermanita que tenía 17 años. Y bueno allí decidimos que teníamos que leer mucho material, y empezábamos a buscar los libros en la librería para formar círculos de estudio para prepararnos para la guerrilla. Pensábamos un plan de trabajo y cómo nos íbamos a reunir y que teníamos que ser discretos y enlazarnos con otros grupos… Y eso quedo allí, porque al otro día volvió Chávez y aquellos planes perdieron sentido (risas).
P: ¿Y cómo fue lo del 13?
YLG: La noche del 12 cuando llegamos a la casa, pensando en las cosas que habíamos resuelto en esa reunión bastante ingenua y voluntariosa, escuchamos al fiscal general de la República, Isaías Rodríguez, diciendo que lo que había sucedido era un golpe de estado y que Chávez no había renunciado, nos invadió una energía que contagió a todos en la casa y en el país. Mi mamá se paró emocionada, agarró el teléfono, habló con unos compañeros del Partido –ella era del MVR– y regresó transfigurada. Había estado casi dos días llorando y ahora era como una generala. Nos dijo: “Bueno, gente, vamos a dormir porque mañana tempranito rescataremos al Comandante. Se comenta que lo tienen en el Fuerte Tiuna” (un cuartel militar ubicado en Caracas).
Eran más de las dos de la mañana y saldríamos a las cinco. A la mañana siguiente yo era del grupo que demoraba en despertarse. Y mi hermana me dice: “Yanuva párate, tú crees que Chávez está durmiendo así de rico ahorita”. Arrancamos, corriendo porque sentíamos que llegaríamos tarde. Mi mamá iba adelante como comandando el pequeño ejército que éramos, con afiches, con las franelas (camisetas) del Che. Nos subimos al metrobús porque prácticamente estábamos sin dinero, después al metro y llegamos a Fuerte Tiuna.
Cuando llegamos no había ni un alma: Los carros pasaban y todo era aparentemente normal. Yo esperaba encontrar una multitud enardecida.
Pero no, estábamos nosotros solos, doce personas, comandados por mi madre.
P: ¿Y qué hicieron?
YLG: Yo sentí un gran desconsuelo, pero a mi mamá eso no la desmoralizó. Nos ubicó en una isla en mitad de la autopista y empezó a decir: “Aquí nos vamos a organizar. Aquí hay millones de personas que nos ven”.
Entonces vienen unos guardias y nos dicen: “Se tienen que ir. Anoche hubo heridos y problemas. Váyanse para su casa”, y mi madre les contesta: “No, no, de aquí no nos movemos hasta que liberen al presidente Chávez, que no ha renunciado. Sospechamos que lo tienen allá adentro”. Insistía en que no nos íbamos porque estábamos en nuestro legítimo derecho de reclamar. Y bueno, nosotros nos envalentonamos con mi mamá, que no solo se quedaba, sino que nos daba órdenes para organizarnos. Cada uno tenía sus funciones y mi madre me dice: “Yanuva, tú que eres poeta, inventa las consignas”.
Me dio risa, pero cumplí, inventaba.
P: ¿Y al final vino la gente?
YLG: Sí, más tarde. La isla se nos fue quedando pequeña, nos desbordamos y llegó mucha gente a Fuerte Tiuna y a Miraflores. Nos sentíamos felices. No teníamos comida, esas 24 horas que estuvimos parados,
no comimos. Y así estuvimos hasta que nos enteramos de que Chávez iba a Miraflores.

Este texto es parte de “Mujeres Luchando en Venezuela”. Guillermo Cieza. Ediciones Herramientas. Buenos Aires. 2019. Editorial Trinchera, Caracas, 2019.

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