La renta inesperada y el juego del gran bonete

La renta inesperada y el juego del gran bonete

19Abr22 0 Por Guillermo Cieza

La iniciativa del gobierno de gravar la renta inesperada, recibida por quienes se beneficiaron por los efectos de la Guerra de Ucrania, ha generado polémicas. ¿Existió una ganancia inesperada? ¿Es justo transferir una parte de esos ingresos para paliar la situación de quienes deberán enfrentar los aumentos de precios? ¿El proyecto del gobierno será efectivo para recaudar una porción de esas ganancias extraordinarias?

El gobierno nacional enviará al Congreso un proyecto de ley destinado a captar una parte de las ganancias inesperadas obtenidas por algunas empresas a causa de la guerra de Ucrania. El ministro de Economía, Martín Guzmán, precisó que se trata de “una alícuota a las empresas con ganancias netas imponibles altas, superiores a los 1000 millones de pesos al año”. Aclaró también que se trata de “una fracción muy pequeña”, estimada en el 3,2% de las empresas.
El gobierno identifica como rubros donde se produjeron ganancias inesperadas a los granos y oleaginosas, al petroleo y gas y a los productos mineros. En el caso de los granos y las oleaginosas los datos son elocuentes.


Algunos números
A finales de 2021, la Bolsa de Comercio de Rosario, proyectaba los precios de los principales granos y oleaginosas para 2022. Estos precios habían pegado un respingo hacia arriba en los últimos meses del año, lo que aseguraba a los productores y a toda la cadena de exportación que los números cerraban, tomando en cuenta los costos con que habían sembrado. En diciembre de 2021 se estaba terminando de cosechar el trigo, mientras la soja, los maíces y girasoles estaban madurando en los campos. Pero ocurrió que a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania los precios volvieron a subir, pero ahora alrededor de un 40% en dólares. El precio del trigo, que se proyectaba a 223 dólares la tonelada, hoy se paga 350. El del maíz se fue de 208 la tonelada a 280, el de la soja de 321 dólares subió a 447 y los 446 dólares proyectados para el girasol se elevaron a 590 dólares por tonelada. Es decir, que todos los productos alimenticios derivados del trigo, girasol, soja y maíz están aumentando por un fuerte encarecimiento de esas materias primas. Quienes sembraron, estimando precios de venta que le aseguraban rentabilidad, a causa de la guerra obtuvieron una superganancia del 40% en dólares. Este aumento de precios se traslada a los alimentos que se producen con las materias primas revaluadas. Por el momento la única iniciativa que había tomado el gobierno era volver a imponer un 2% en las retenciones a las harinas y aceites, que el propio Fernández le había quitado cuando asumió. Con ese dinero se creó un fondo fiduciario para bajar el precio del pan y las harinas.


Los rechazos
El Presidente de la Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja, criticó la iniciativa: “¿Qué es renta inesperada? Tenemos 165 impuestos, un alimento paga 40% y las bebidas un 50%“, y agregó: “Necesitamos una visión que construya la realidad de la economía formal que genera empleo”. La Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro Exportador de Cereales (CIARA-CEC), que lidera el Consejo Agroindustrial Argentino, expresó su “profunda preocupación” por la avanzada oficial. “Si bien la guerra generó un aumento en el precio de ciertos commodities agrícolas, lo hizo también con los costos de producción, más aún en nuestro país. Esto, sumado a la escasez de insumos críticos, han neutralizado, o más, los relativos beneficios de los productos del agro”
La oposición por derecha tampoco se hizo esperar para hacer conocer su rechazo. El intendente de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, fue contundente: “La Argentina no soporta un impuesto más”. Patricia Bullrich, presidenta del Pro, pronosticó que: “Este impuesto a las ganancias inesperadas va a tener un fracaso esperado”.

Los que tienen el Gran Bonete

En una sociedad donde todos los sectores sociales comparten el discurso de ser víctimas de la situación del país, es necesario repasar números duros para identificar quienes se quedaron con el Gran Bonete y dicen no tenerlo. En 2021, el 10 por ciento de los que mas ganan en el país, retuvo alrededor del 40% del ingreso nacional. Esa franja de privilegiados gana en promedio 13 veces más que el 50% de la población. La pobreza y la indigencia está fuertemente asociada al precio de los alimentos. Un informe de CEPA señala que: “Durante el primer semestre de 2021, el promedio de inflación mensual de alimentos ascendió al 4%, mientras que en el segundo semestre fue del 2,9%”. En cambio, en enero de este año, ese mismo indicador subió a casi 5% y en febrero superó el 7%. El aumento del precio de los alimentos y los combustibles producido por el encarecimiento de las materias primas como efecto de la guerra incidirán directamente en el aumento de los porcentajes de pobreza e indigencia y aumentará la desigualdad entre los que más y los que menos tienen. El impuesto a las ganancias inesperadas se propone contribuir a morigerar esta distorsión.


El Ministerio de Agricultura pone sus reparos.
Quienes no conocen al trazo fino de la política agropecuaria del Gobierno de Fernández se sorprendieron porque el propio Ministro de Agricultura, Julián Domínguez, remarcó que “El productor argentino no captó el precio internacional de la guerra, sino que vendió a precio pre-guerra y tiene que afrontar el costo de la nueva cosecha con insumos muy altos, con el aumento de todos los costos”. En una dirección parecida opinó el Secretario de Agricultura, Matías Lestani, quien dijo que el productor no tuvo una renta inesperada, ya que el porcentaje de aumento de los insumos fue mayor al incremento que registraron los precios internacionales, especialmente en trigo, tras la invasión de Rusia a Ucrania.
Las dos afirmaciones, tienen una parte falsa y otra verdadera. No es cierto que los productores vendieron con precios pre-guerra. Cuando se produjeron los aumentos, con excepción de una parte del trigo que ya se había cosechado y vendido, el resto estaba en silos de acopio a nombre de los productores o en los campos. En consecuencia, quienes no habían vendido obtuvieron una ganancia inesperada. Es cierto que para la próxima campaña los insumos han subido. Según la Bolsa de cereales de Rosario los fertilizantes subieron un 132% , los agroquímicos subieron un 50%, por el aumento de los combustibles la labranza sera un 29% más cara, y quienes alquilan sus tierras van a subir sus precios. La lectura correcta es que hubo ganancias inesperadas en la campaña 2021-2022, y que, con los precios actuales, en la próxima cosecha no las habrá. En consecuencia, la ley debe tener vigencia un año.
La orientación de la aplicación del impuesto a quienes perciben ganancias superiores a los mil millones de pesos, libera del nuevo gravamen a la casi totalidad de los productores agropecuarios, que no tienen esos ingresos. El nuevo tributo se aplicará a los pooles de siembra y a las grandes empresas industriales y exportadoras, es decir en los sectores más concentrados de las cadenas de agronegocios. El problema que tiene el Ministro Domínguez, es que, precisamente ese sector, que está representado en el Consejo Agroindustrial Argentino ha sido el más cercano al gobierno.
Que el Presidente Fernández haya tomado esta postura, que va a contramano de su política agropecuaria de “arreglar con los grandes”, sólo puede explicarse por dos razones. En primer lugar porque si el gobierno no corrige un poco su política distributiva, no tiene chance alguna de ganar las elecciones de 2023. En segundo lugar, porque en sus decisiones económicas ha entrado a jugar un actor de mucho peso, el FMI, que quiere se le cumpla con los pagos prometidos y va a buscar el dinero de quienes lo tienen. Por eso ha recomendado a todos los países endeudados que se impulsen estos proyectos de gravar ganancias inesperadas.


Los mecanismos de recaudación
El mecanismo propuesto por el gobierno para gravar a los que mas se beneficiaron con los efectos de la guerra es subirles un 3% el impuesto a las ganancias. La alícuota pasaría del 30 al 33%. En términos teóricos, que son los que maneja un intelectual de laboratorio como Guzmán, la propuesta es correcta. El problema es que esa medida, va a tomarse en la Argentina. En un país donde los grandes estudios contables, que asesoran a las empresas, son especialistas en inventar mecanismos para evadir impuestos. Lo más probable es que todos los afectados por el nuevo impuesto cumplan con el pago de ese 3% adicional, pero que los aumentos en la recaudación sean irrisorios, porque las empresas van a declarar menos ganancias.
Resumiendo: el proyecto de ley de gravar las ganancias inesperadas es correcto, y también lo es la orientación de aplicar mayores impuestos a las grandes empresas. Lo difícil, es que pueda pasar por el Congreso donde habrá un fuerte lobby empresario, que incluye a toda la derecha y a miembros del propio gobierno. De aprobarse, es dudoso que obtenga sumas importantes de dinero que financien medidas compensatorias dirigidas a los que más pierden con los nuevos aumentos.

Guillermo Cieza.

Foto. Diario Popular

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