Lloramos pero no temblamos

Lloramos pero no temblamos

25Abr22 1 Por María Victoria Valdés Rodda

Diciendo la verdad sobre la relación entre Cuba y los Estados Unidos, el mundo ha conocido más sobre la Revolución: Nicanor León Cotayo, se distinguió en el oficio. Ahora se despidió de la vida, pero no de la lucha. Seguirá en nosotros y en nuestros amigos.

Fue muy amigo de mi padre y de una amiga común. Compartí mucho con él, en épocas de aprendizajes periodísticos. Me transmitió la noción sobre la alta responsabilidad y lo que significa utilizar a la escritura en defensa de la Revolución, no solo eso: a desenmascarar frente al mundo al gobierno yanqui y a sus secuaces en sus siempre fallidos intentos por recobrar el poder que una vez tuvieron, en el planeta y en esta patria. Ahora Nicanor León Cotayo ha muerto.

De él se reseña: intelectual dedicado en lo fundamental al estudio de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos. Su verbo fluyó raudo y apasionado en la emisora nacional Radio Reloj, después lo haría en el diario Granma y en la Agencia Prensa Latina y varios otros lugares. A raíz de su deceso, los medios de la Isla lo califican como un radar para “analizar la actualidad de Estados Unidos y particularmente las trapisondas políticas de la mafia de Miami”.

Autor de una decena de libros (ejemplo Sitiada la esperanza) una tarde de conversación en la oficina de papá, en la Escuela Superior del Partido Comunista, “Ñico López”, nos confesó que se había quedado con las ganas de narrar él la historia de la voladura en pleno vuelo, del DC-8 de Cubana de Aviación en 1976. Este ataque terrorista tuvo complicidad de la CIA, aunque su brazo y cerebro ejecutor haya sido Luis Posada Carriles, exmercenario derrotado en Playa Girón.

Mi viejo le dijo: ¡hazlo!” a lo que manifestó: la pieza de la venezolana Alicia Herrera “Pusimos la bomba y qué”, no tiene sustituto (la autora le hizo precisiones valiosas en su segunda edición). Combatiente de la lucha clandestina, mi padre aceptó la respuesta, porque ambos aprendieron, desde esas trincheras, lo importante que es respetar y sopesar el criterio de un compañero. Entonces en esa ética, consustancial a las filas revolucionarias, – del país que sea-, Nicanor hasta el final siguió la consecuencia de su corazón y sus convicciones comunistas.

Con los años le perdí la pista, es más, había dejado de oir algo suyo, menos leerlo. Pero no por gusto en sus exequias, el General de Ejército Raúl Castro y el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, enviaron sendas ofrendas florales. Debió seguir profesionalmente al “pie del cañón” por siempre.

Nicanor León Cotayo, defendió con su prosa a la Revolución cubana, denunciando las acciones violentas de la llamada mafia cubanoamericana de Miami. Fuente: Cubaperiodista.cu

Todavía me parece vernos caminado los tres por el patio amplio de la Ñico, debatiendo sobre los más diversos temas de la política internacional, al más puro estilo de las Academias de la Antigüedad. Ambos tenían amplios conocimientos, pero Nicanor le sacaba un tramo largo a papá en lo concerniente a las relaciones Cuba-EE.UU. No atesoraba expectativas grandes, sin embargo, siendo fidelista visceral y ser humano de paz, meditaba en lo bueno que sería si un día nuestros gobiernos pudieran tener nexos fluidos, “normales”. Antimperialista profundo, no obstante, utilizaba su pluma y su voz como bandera de denuncia.

Hasta aquí el lector de Tramas solo ha leído una semblanza, un homenaje. Ahora les propongo reforzar la noción de lo mucho que ha padecido el pueblo cubano a cuenta del Terrorismo de Estado de Washington, ya sea apañando acciones de la contrarrevolución de Miami, otras, financiándolas, o barriendo bajo el tapete lo evidente: Su inconformidad con el sistema político, económico y social, que con total soberanía nos hemos dado desde 1959. Refrendado en Constitución, por amplio margen a favor, en 2019.

Sentido del momento histórico

Más de una vez Fidel afirmó que contra el pueblo estadounidense no albergaba ningún odio, ni contra sus políticos y personalidades justas. Pero tenemos pruebas, testimonios, documentos, denuncias oficiales y públicas que no dejan margen a la duda del injerencismo de las llamadas fuerzas oscuras de la política.

Así, en el texto “Pusimos la bomba y qué” se señalan los pormenores de la acción asesina, calculada fríamente. Cerca de seis mil pies de altura sobre la Isla de Barbados explota el avión (salido de Caracas) precipitándose al mar. Entre los pasajeros hubo varios extranjeros, aunque en su mayoría eran cubanos (57), de ellos, 24 atletas, el pleno equipo de esgrima, ganador de numerosas medallas de oro, en el Campeonato Centroamericano y del Caribe.

Del mismo modo que recuerdo a Nicanor, jamás olvidaré la conmoción estudiantil en mi Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBU), “Batalla” de Jigüe”. Mi grupo, sentado en el piso, rodeó el televisor para escuchar el discurso de Fidel en la Plaza de la Revolución, a donde acudió la gente en masa. Lección política aprendida a sangre. Terrorismo contra Cuba que ha acabado con la vida de más de tres mil compatriotas y provocado discapacidades en 2099 personas. Sin faltar sabotajes contra fábricas, tiendas, círculos infantiles (guarderías), secuestro de pescadores y hasta instituciones diplomáticas.

¿Podrán con ese historial desprestigiarnos con la etiqueta vulgar y pusilánime de dictadura, vulneradora de derechos humanos? ¿Nosotros? Hay un precepto cristiano que dice: ¡El que tenga ojos para ver, verá! Todo aquel que visita nuestro país se adentra en este complejo escenario de contradicciones, lo mismo idiosincráticas que sociales. Incluso se ha llegado a decir que al cubano no lo entiende nadie: porque critica lo suyo y con la misma energía y convicción vitorea a Fidel y al Socialismo.

Las conquistas sociales, culturales y muchos derechos, y hasta cierto sentido los económicos, – aunque no sean de alta bonanza-, serán advertidos. Pobreza sigue habiendo. Imposible que sea de otra forma: somos una nación subdesarrollada a la que el bloqueo estadounidense, – aplaudido por los anexionistas-, trata con sus pérdidas (hasta octubre de 2021) de 144.413.4 millones de dólares a precios constantes, de cortarnos las alas.

Sorpresa: somos como el colibrí del guerrero, como el pitirre que picotea guapeando frente al oponente más grande, o como el tocororo, vistoso en similares fulgores al de la bandera nacional. El artista visual Ernesto Rancaño (recientemente fallecido de cáncer, que en esta Isla vemos limitado de mejor tratamiento en sus de por sí excelentes cuidados, precisamente por el bloqueo) representó magistralmente a la nación como un ave altiva en perenne conquista de altura.

Lloré a mares, el día de la muerte de Rancaño. Con Nicanor el dolor fue silencioso, ni una palabra pronuncié. Distinta actitud, similar tristeza.

Y aunque tenemos pérdidas que perforan, en Cuba se vive feliz. Quizá le suene a comercial, pero no se deje intimidar, confundir. Venga. Habrá Mojito, playas, lindas mujeres, datas (juego) de dominó, y mucha estridencia … Sentirá en cambio algo más profundo, un “mirar”, la realidad, la nuestra, tal cual, lejos de patrañas mediáticas y politiqueras de los enemigos de la Revolución cubana.  

Si es militante de izquierda o simpatizante de la justicia, incorpore en su periplo unas horas en el Memorial de la Denuncia. Hay allí evidencias sobre las agresiones sufridas, y anécdotas de cómo las hemos sabido vencer.  Por mi parte, acá les he “dejado” algo de lo bueno: a Nicanor, a Rancaño.

De lo malo: el terrorismo yanqui y sus acólitos. Solo hay un cierre posible: Fidel. Ese imborrable suceso de nuestra memoria colectiva, el 6 de octubre de 1976, el Comandante, se, y nos reconfortó: ¡” Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.

María Victoria Valdés Rodda, desde Cuba.

Imagen principal: Sepelio de las víctimas del ataque terrorista de 1976. Fuente: cubaminrex

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