Necesitamos pasaporte para entrar en las Islas Malvinas

Necesitamos pasaporte para entrar en las Islas Malvinas

26Abr22 0 Por Liliana Costante

Las y los argentinos que quieran viajar a las Islas Malvinas deben presentar pasaporte vigente para su ingreso. El contenido del sistema de DDHH en el que se inserta el “principio de autodeterminación de los pueblos” queda reducido a la literalidad jurídica frente a prácticas coloniales y neocoloniales -inescindibles del imperialismo vigente-.

El apoyo internacional al reclamo argentino respecto al conflicto con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte por el ejercicio de la soberanía de las Islas Malvinas, sigue la misma suerte que derechos escritos cuando son confrontados con la realidad de su vulneración por los centros de poder en el capitalismo globalizado.

Descubiertas por integrantes de la expedición de Magallanes en 1520, las Islas Malvinas fueron desde ese momento cartografiadas como parte de la colonialidad española de la que nos independizamos en 1816.

 Desde 1767 a 1811, fueron 32 los gobernadores españoles en las Islas. Los gobiernos patrios de las Provincias Unidas del Río de la Plata continuaron con su administración como parte del territorio heredado de España. O sea, la sucesión de Estados según el uti possidetis juris en 1810.

 La referida cartografía bajo la soberanía española coincide con lo atestiguado en tratados como el de Madrid de 1670 entre España e Inglaterra, o el de Utrecht de 1713.

A partir de 1820 en que se tomó solemne posesión de las Islas en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, izándose por primera vez el pabellón nacional, el gobierno de aquéllas dictó normas, estableció estructuras jurídicas y administrativas que consolidaron el ejercicio pleno de soberanía, fomentando el desarrollo de actividades comerciales y estableciendo población.

Los británicos en Malvinas.

En 1829 se creó la Comandancia Política y Militar de las Malvinas y adyacentes al Cabo de Hornos. Es en esas condiciones que los ingleses ocupan ilegal e ilegítimamente las Islas el 3 de enero de 1833, expulsando a las legales y legítimas autoridades nacionales allí asentadas, llevando súbditos británicos e instaurando un régimen restrictivo de ingreso y de posible establecimiento de población argentina en las Islas y territorios aledaños.

Fue un acto de fuerza llevado a cabo contra un Estado independiente en tiempos de paz y sin que mediara comunicación alguna ni declaración previa alguna de parte de un gobierno que, al momento, se exhibía como amigo –mientras esperaba la revancha a las derrotas a su frustrada invasión a Buenos Aires en 1806 y 1807-.

El pasado 3 de enero se cumplieron 189 años de aquella ocupación ilegítima de las Islas Malvinas, lo que fue inmediatamente rechazada y protestada en el ámbito de las relaciones internacionales. Desde entonces, la Argentina ha reafirmado ininterrumpidamente sus legítimos e imprescriptibles derechos de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

La existencia de dicha disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, fue reconocida por la Asamblea General ONU en la Resolución 2065 (XX) en 1965 sin ningún voto en contra, y en el marco del objetivo de poner fin al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones.

Consagró el llamado a negociaciones bilaterales que permitieran encontrar una solución pacífica a la disputa, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las Islas. O sea, una solución pacífica de nuestra parte a la agresión violenta con la que la otra parte origina el conflicto y lo sostiene en el tiempo. ¿Sobre qué intereses y de qué habitantes se ocupó la mencionada resolución si los y las argentinos/as tenía restringido su ingreso y establecimiento en las Islas? 

Desde 1966 y durante 16 años, se llevaron a cabo negociaciones para alcanzar una solución a la disputa de soberanía. Que la gesta de Malvinas haya sido funcional a los objetivos de la dictadura cívico-militar-financiera y eclesiástica del momento, no empaña –antes bien, enaltece aún más- el valor de combatientes argentinos sometidos a una lucha de extrema desigualdad de la que, los sobrevivientes, no han tenido por parte del Estado una respuesta acorde a lo merecido.

La comunidad internacional viene reiterando la necesidad de reanudar las negociaciones bilaterales a la brevedad posible, lo que fue expresado en 10 resoluciones de la Asamblea General y en 39 resoluciones del Comité Especial de Descolonización de la ONU y en numerosas declaraciones de foros regionales y multilaterales tales como la OEA, el G77 más China, el MERCOSUR, la Cumbre Iberoamericana, la CELAC, el SICA, el PARLASUR, el PARLACEN, el Foro de Cooperación América del Sur- África (ASA) y la Cumbre Países Arabes-Sudamérica (ASPA).

Argentina sigue reiterando el pedido al Secretario General de la ONU de que renueve los esfuerzos en el cumplimiento de la misión de buenos oficios que le fuera encomendada por la Asamblea General a través de sucesivas resoluciones. Mientras, los y las argentinos/as tenemos que presentar pasaporte vigente para poder ingresar a las Islas y ticket con fecha de salida… Eso sí, nos eximen de pedir la visa turística y la comercial.

La ocupación colonial se mantiene hasta hoy.

El rechazo del gobierno británico a la invitación a retomar las negociaciones diplomáticas, es contundente. No sólo no acepta el convite sino que agudiza el conflicto con actos unilaterales de exploración y explotación de recursos naturales renovables y no renovables. Así como el incremento de su presencia militar en las Islas –que es el refuerzo material de su poderío en la región, toda vez que dicho territorio constituye una base militar estratégica para la expansión imperialista-.

Es la OTAN la que está presente en el territorio argentino -aunque esto esté en contra de la resolución 31/49 de la Asamblea General ONU, que llama a no introducir modificaciones unilaterales mientras siga la negociación entre las partes.

Así funciona el imperialismo. Así el colonialismo, que no es otra cosa que una manifestación del imperialismo. Así funciona la desigualdad real de Estados y de habitantes de territorios dentro de esos estados desiguales y desigualados en el ejercicio pleno y real de derechos.

Es inaplicable el argumento británico en cuanto a dirimir el conflicto por las Islas Malvinas utilizando el principio de autodeterminación de los pueblos a través de un referéndum, pues Gran Bretaña practica una política colonial en dicho territorio -establecido y sostenido como base militar.

 Lo que condiciona, en tales términos, la permanencia de quienes las habitan y porque, al otorgar a los/las isleños/as la ciudadanía británica restringida por la Nacionality British Act 1983 (Falkland Islands), destruyó así su propio argumento para la aplicación del referido principio.

A 189 años del acto de fuerza con el que Gran Bretaña ocupó ilegítimamente las Islas Malvinas, y a 40 años del desembarco de tropas argentinas a fin de recuperarlas, el emplazamiento geográfico estratégico en el Atlántico Sur las hace un territorio al que Gran Bretaña es obvio que se resistirá a entregar.

Esos mismos motivos son los que son fundamento para persistir en la lucha por su recuperación. Esto se integra con una profunda desactivación de la adaptación y resignación a la dominación extranjera que ha calado fuerte en el llamado “sentido común” de vastos sectores sociales.

Más aún en el actual escenario mundial que exhibe los únicos productos posibles del dominio del mercado capitalista internacional sobre países productores de materias primas privados de estructuras industriales integradas, dependientes financiera y tecnológicamente.

Gobernados por dirigencias políticas condicionadas fuertemente por la estructura de la dependencia económica y resistencias sociales inorgánicas. En la permanencia de las referidas relaciones asimétricas se manifiesta el colonialismo, cuyo indicador más claro es el endeudamiento externo toda vez que la función esencial de la deuda no es económica sino política: reemplaza, como instrumento de dominación, a las manipulaciones políticas y a las tropas de ocupación. De allí que estemos frente a un desafío político.

Liliana Costante

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