Estado, Poder y Sociedad

Estado, Poder y Sociedad

12May22 0 Por Damián Ravenna

La insatisfacción democrática desde una perspectiva de los derechos humanos

Venimos asistiendo a una disputa palaciega entre una de las facciones de nuestras clases dominantes y gobernantes, que tiene como grandes exponentes a la Vicepresidenta Cristina Fernández y al Presidente Alberto Fernández. Esto provocó una reciente disertación de Cristina Fernández al recibir el Doctor Honoris Causa por parte de la Facultad Nacional del Chaco Austral.

En esta clase magistral como se estila decir en los claustros académicos, la Vicepresidenta expuso no sólo sus diferencias con algunas de las políticas desplegadas por el Gobierno del que forma parte, con principal énfasis en algunos de sus gestores -a quienes además nombró-  sino que sobre todo desnudó varios aspectos ideológicos que conforman la praxis del panperonismo progresista.

En este sentido es que causa cierto estupor como algunas categorías y programas políticos del siglo pasado usadas por ella, pueden ser utilizadas sin causar mayor conflictividad o refutación, cuando a los sectores anticapitalistas nos tildan por usar o decir-pensar marxistamente, o sostener términos de definición de categorías sociales como burgueses, nos censuran y nos dicen anticuados, ortodoxos, infantiles, y demás sandeces. Por ello es que debemos tener claro que existe una fuerte operatoria cultural que cobra sentido como un gorilismo al revés, por parte del peronismo y el progresismo sobre la izquierda.

En este sentido el despliegue actualizado de la razón justicialista elaborado por Cristina Fernández tiene una mirada más republicana y liberal-democrática que el original, tiene con ello una comprensión capitalista de mercado ayudada por un capitalismo de Estado, que sería el que se aboca a la justicia social.

Ahora bien, bajo esta sintonía es que Cristina, como parte de una de las facciones de las clases dominantes, despliega una idea-fuerza sumamente peligrosa, por su gran predica social, para la emancipación de los sectores subalternos y oprimidos que es la supuesta falta de ideología del capital.

Nos dice Cristina: “(…) ese capitalismo que está claro que ya no es un sistema político, ni ideológico, yo creo que el capitalismo se ha independizado de la ideología. Y hoy, el capitalismo es un sistema de producción de bienes y servicios, desde proteínas hasta celulares, a escala global y el más eficiente (…)”

Podríamos refutar tal aseveración desde un montón de fuentes filosóficas, ideológicas y estadísticas, pero elegimos hacerlo desde los derechos humanos. El Estado capitalista y sus gobernantes son quienes violan los derechos humanos de los gobernados, es decir los derechos humanos están para regular el comportamiento del Estado, para regular el comportamiento social está el código civil, penal, etc. A los derechos humanos el único que los viola es el Estado, quien además los debe promover.

Naturalmente existe una intersección entre estas formas de regular, ya que los derechos humanos, siguiendo la Observación General Nº 9  del comité del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de título: La aplicación interna del Pacto, nos dice en el enunciado número 4 bajo el apartado B: En general, las normas internacionales sobre derechos humanos jurídicamente vinculantes deben operar directa e inmediatamente en el sistema jurídico interno de cada Estado Parte (…)”, es decir los derechos humanos son Estado, y el derecho interno de los Estados se debe adecuar al derecho internacional de los derechos humanos.

Dicho esto el Estado capitalista está formado por el Estado de derecho liberal (derecho clásico y el derecho internacional de los derechos humanos) en aras de fundamentar y sostener el sistema democrático liberal-capitalista delegativo, siendo estás formas y dimensiones en las que nuestras clases dominantes despliegan parte de su hegemonía. Es decir el capitalismo trabaja en simbiosis con el Estado de derecho liberal democrático, pero puede existir bajo otras formas de estatalidad.

El capitalismo por ello no es sólo un modelo económico, es un sistema civilizatorio, esto dicho desde una perspectiva antropológica, con ello lo que queremos afirmar y acentuar es que el capitalismo es una forma de civilización de la humanidad, es una forma en que la humanidad se organiza. De aquí la importancia  que adquiere el sistema  de producción con la existencia de dos bandos antagonistas por sus intereses sectoriales, ellos son el capital y el trabajo.

En el capitalismo es de resaltar la forma trabajo tiene una connotación alienante producto de las formas mercantiles de acceder a él como así por las relaciones de producción e intercambio de dinero y mercancías que genera.

Esta forma de producción de bienes y servicios que tiene el capitalismo, oculta la explotación de la clase trabajadora al presentar las mercancías ante los consumidores-sociedad por fuera de la explotación de la fuerza de trabajo y la apropiación de plusvalía del capital sobre el trabajo. Con ello es de resaltar todo lo que el capital toca lo convierte en mercancía, lo que encuadra la función y la lógica del capitalismo.

Los derechos humanos al desplegar una radicalidad democrática a través de la plena vigencia de todos y cada uno de los derechos humanos, prefiguran un nuevo sistema civilizatorio por fuera del capital, ello debido a que ya ha sido sobradamente demostrado que los Estados capitalistas no pueden cumplir con los derechos humanos desde una perspectiva integral.

Es menester por ello aclarar que el sistema civilizatorio capitalista no puede cumplir con los derechos humanos porque es dictadura en lo económico, coercitivo en lo democrático y desigualdad en lo social. De ahí es que hay una gran insatisfacción con este modelo de democracia, que además al ser delegativa encumbra una casta de gobernantes, que en el caso de Argentina como en varios otros países, generan un acuerdo tácito de gobernabilidad entre las facciones de las clases dominantes y capitalistas, para perpetuar y en otras ocasiones relanzar el ciclo de acumulación y valorización que el capitalismo requiere para pervivir.

Nuestra democracia liberal es bipartidista o bifrentista, lo que atenta seriamente con las posibilidades de cambio reales y con la participación democrática. Por ello el contrato social propuesto vía elecciones, suele ser incumplido o directamente no explicitado, para continuar con la parafernalia burguesa de disputa del poder estatal, es por ello una trifulca por el poder del Estado y no por el poder del cambio de las relaciones sociales de opresión.

Dicho esto, la justicia social al contrario de lo que la vulgata puede sostener, es una derecho humano. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), nos dice a este respecto que todas las personas tenemos necesidades básicas comunes, que se traducen, que son derechos humanos fundamentales, entonces el concepto de los derechos humanos sobre la justicia social, la enlaza con las necesidades  básicas comunes, como el derecho a alimentarse, al trabajo, el acceso al bienestar para el pleno desarrollo de la persona humana.

Entonces podríamos decir siguiendo a la ONU que la justicia social es el respeto igualitario de los derechos de cada ser humano. Debido a esta conceptualización es que no existe, ni puede existir un capitalismo con justicia social (con respeto igualitario de todos los derechos humanos) ni menos aún desprendido de la ideología, en razón de sus demostrados intereses sectoriales y de clase.

Para ser claros en términos expositivos entonces, en lo que es una realidad irrefutable: el Estado capitalista y sus gobernantes son los que violan los derechos humanos de los gobernados.

Damián Ravenna

Presidente

Asamblea Permanente por los Derechos Humanos Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires

APDH ZONA NORTE

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