Con el trigo transgénico sigue ganando el agronegocio

Con el trigo transgénico sigue ganando el agronegocio

14May22 0 Por Nora Tamagno

El trigo HB4 tolerante a sequía y resistente a glufosinato fue aprobado definitivamente en Argentina. Somos el primer país en tener esta tecnología. Se profundiza el agronegocio a espaldas de los reclamos de buena parte de la sociedad y de las evidencias del fracaso del modelo.

Finalmente, llegó la aprobación del trigo transgénico en Argentina. La Resolución 22/2022 (que puede consultarse aquí) fue firmada por el Secretario de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional del Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca (MAGyP), Luis Gustavo Contigiani, el 11 de mayo de 2022.

La resolución faculta al “Instituto de Agrobiotecnología Rosario S.A. (INDEAR S.A.) a comercializar la semilla, y a los productos y subproductos derivados de ésta, provenientes del trigo IND- ØØ412-7, y a toda la progenie derivada de los cruzamientos de este material con cualquier trigo no modificado genéticamente”. Falta solamente que se cumpla con el registro en el Instituto Nacional de Semillas (INASE), para que pueda sembrarse en el campo.

Conocido como trigo HB4, esta variedad es un organismo genéticamente modificado (OGM) con el evento IND- ØØ412-7, que le confiere tolerancia a sequía y tolerancia al glufosinato de amonio, herbicida similar al glifosato pero con mayor toxicidad. Esta tecnología significa más agricultura industrial o agronegocios, y una profundización del cambio climático y de los daños en la salud humana y ambiental.

Repasando la historia.

En octubre del 2020 este evento fue aprobado condicionalmente, la resolución decía que “deberá abstenerse de comercializar variedades de trigo con el evento IND-ØØ412-7, hasta tanto obtenga el permiso de importación en la República Federativa de Brasil”. En ese momento numerosas voces y de muchos sectores (organizaciones políticas populares, científicxs, consumidores, integrantes de diferentes sectores de la cadena comercial, etc.), se alzaron en desacuerdo. Los argumentos fueron múltiples: se profundizará el modelo del agronegocio en desmedro de las producciones familiares y agroecológicas; se aumentará el uso del herbicida glufosinato de amonio, que ya se aplica en otros cultivos como la soja (y que tiene mayor toxicidad que el glifosato); los restos de herbicidas podrán formar parte de manera directa del pan, un alimento básico y esencial en el consumo popular; podrá cultivarse en zonas marginales, con lo que se agravaría el proceso de agriculturización (y desplazamiento de otros cultivos y producciones), profundizando el deterioro y la desertificación de los suelos; y se podrá contaminar (por polinización en el cultivo o por mezcla en los procesos de comercialización) el resto de la producción de trigo no transgénico.

Nada de esto hizo retroceder al gobierno nacional en su pretensión (la de las empresas del agronegocio) de avanzar con este trigo. Por lo contrario, hizo oídos sordos a los reclamos y puso todo su esfuerzo en lograr que Brasil lo apruebe.

Finalmente, la Comisión Nacional de Bioseguridad de Brasil (CTNBio) aprobó a fines del año pasado, la comercialización de la harina de trigo OGM con la tecnología HB4 y sus derivados, tambien desoyendo a la oposición por parte de diversas organizaciones e, incluso, de sectores industriales. Algunos argumentos usados para la aprobación fueron: que la harina de trigo genéticamente modificada HB4 (registrada como evento IND-ØØ412-7) es segura para la salud humana y animal como lo es la harina producida a partir de granos de trigo convencionales y que la comercialización de la harina y sus derivados se encuentra en igualdad de condiciones con los provenientes de trigo convencional.

Se olvidan de considerar que el cultivo de esta variedad transgénica determinará un aumento del uso del glufosinato de amonio, que si bien no está prohibido en Argentina, es mucho más tóxico que el glifosato y se multiplicará el problema de contaminación y daño que generó la soja transgénica. Además restos de este agrotóxico podrían estar presentes en la harina de trigo y en todos los productos panificados, lo que demuestra que no existe tal igualdad de condiciones.

Esa decisión de Brasil habilitó la resolución de la aprobación definitiva del 11 de mayo. Tenemos el primer trigo transgénico del mundo.

Argumentos de la resolución ministerial:

La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) dice que “los riesgos derivados de la liberación de este organismo vegetal genéticamente modificado (OGM) al agroecosistema, en cultivo a gran escala, no difieren significativamente de los inherentes al cultivo de trigo no GM”. Además dice: que para consumo animal o humano son “tan seguros y no menos nutritivos que sus homólogos convencionales”. Esto es un error, porque hoy se sabe que las pruebas que se realizan son simplistas y deficientes y además, una cosa es analizar en laboratorio y otra muy diferente es lo que sucede cuando estos OGM se liberan masivamente en el ambiente (miles y millones de plantas por ha), donde se dan complejas interacciones y flujo de genes.

Un informe técnico de la Subsecretaría de Mercados Agropecuarios del MAGyP dice que: “De acuerdo al análisis productivo del evento IND-00412-7, se estima que éste proporcionará una nueva alternativa para optimizar el control de malezas en el cultivo de trigo y para aumentar los rendimientos ante situaciones de estrés hídrico”. Hay dos cuestiones a destacar, por un lado se admite que este trigo determinará el uso de crecientes cantidades de glufosinato, cosa que ha sido negada en varias opiniones. Ello provocará más contaminación de las aguas y los suelos, además del daño en la salud humana y la generación de resistencia en las malezas por el uso masivo del herbicida, tal como ya es evidente en el cultivo de la soja (generación de super malezas). Por otro lado, debe considerarse que la característica de tolerancia a sequía sólo evita en parte la caída de los rendimientos que puede ocasionar una sequía y podría promover el cultivo en zonas marginales, aumentando el riesgo ambiental.

La resolución argumenta que “el contexto internacional muestra que la tecnología del evento ha sido autorizada en otros mercados, como Australia y Nueva Zelanda”. Se presenta como auspicioso que dos países más lo hayan aprobado. En vez de festejar eso debemos preocuparnos, porque la amplia mayoría del mundo no acepta el trigo transgénico por tener reparos en introducir ese ingrediente básico en alimentación de sus pueblos. Por último dicen que “la República Popular China ha autorizado la tecnología HB4 en otro cultivo (refieriéndose a la soja), dejando ver que estas tecnologías podrían aportar mayor capacidad de resiliencia en la producción agropecuaria ante situaciones climáticas imprevistas”.  Es importante aclarar que China aprobó recientemente la importación y comercialización del grano de soja HB4 argentino, pero no podrá sembrarla, debido a que en ese país no está permitido el cultivo de organismos genéticamente modificados (OGM).

Además, decir que la decisión de China deja ver que estas tecnologías podrían aportar mayor capacidad de resiliencia, es un verdadero disparate. La capacidad de resiliencia (cualidad que permite superar estreses) sólo puede evaluarse y entenderse como un todo, en el agroecosistema. No hay dudas de que esta capacidad es seriamente dañada por el modelo industrial agropecuario, que afecta negativamente la biodiversidad, promoviendo el monocultivo y el uso de agrotóxicos. Es imposible mejorarla con más de lo mismo. El único camino para enfrentar el cambio climático  y la crisis ambiental y alimentaria actual, es cambiar definitivamente ese modelo productivo.  

Reflexión final

El caso del trigo transgénico en nuestro país es un claro ejemplo de cómo avanza el modelo de agricultura industrial, que mercantiliza la vida. Como hemos dicho en otra oportunidad en tramas (ver nota aquí), la mercantilización de la vida es una característica del capital global, pero muchas veces parece que el negocio se ha ido imponiendo de manera silenciosa, como por asalto y sorpresivamente. Pero no es así, las políticas públicas son determinantes del avance de esa mercantilización, incluso en la producción de alimentos, generando los marcos regulatorios a demanda del mercado y de las empresas. Los organismos científicos también juegan un rol central en ese avance, desde “la ciencia” que se presenta falsamente como neutral y pura, a veces mienten u omiten información (que no es lo mismo, pero es igual), ya sea por propia convicción o por presión de las empresas.

La crisis ambiental y de alimentos generada por el modelo dominante, tiene muchos otros ejemplos de tecnologías que fallaln y/o ocasionan grandes daños. Son muchas las evidencias del fracaso de la agricultura industrial. Recientemente comentamos que la soja transgénica Bt no está dando resultados y está generando resistencia en insectos plaga (ver nota aquí).

En nuestro país, desde la década del 90, señalada como clave para el desarrollo del agronegocio, han sido necesarias muchas firmas para avalar o permitir su avance. Pero aún ningún personaje de la política o de la ciencia ha pagado el costo de ser responsable del desastre ocasionado. Como siempre pasa en el capitalismo los daños los pagamos la naturaleza y el pueblo.

Foto: www.anred

Nora Tamagno

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