Algo sobre refranes y dominación

Algo sobre refranes y dominación

15May22 2 Por Liliana Costante

Hay refranes populares que, reproducidos como docencia ahistórica eficaz, legitiman la experiencia previa a la solución que aluden. El discurso progresista funcional al orden del Estado capitalista los mantiene en vigencia. La lucha cultural no para.

I.-

Refranes como el de “Más vale malo conocido que bueno por conocer” traducen una manera de resolver una problemática existencial de un grupo social en determinado momento a fin de sobrevivir -incluso, vivir- a expensas de la propia certidumbre respecto a las consecuencias nefastas para sí y para otrxs que trae la “solución” marcada a fuego de manera ejemplarizadora. La transformación del refrán en “mandato inexcusable” y su aplicación funcional en la elección de un proyecto político se produce no sólo por la aludida repetición oral ahistoricista. Necesita de condiciones y experiencias sensibles confrontativas con el poder. Éstas -sobrevinientes equiparables a las originarias por las que se gestó el refrán- coadyuvan a la vigencia práctica del criterio de evaluación del problema y de la “solución” que el refrán-mandato le asegura al grupo dominante en cuanto a neutralizar posibles resistencias, haciendo más económica la dominación. Esta nota no indaga sobre el origen histórico o de la territorialidad en la que se gestó el refrán, sino sobre su funcionalidad al orden del Estado capitalista y al discurso y práctica de los poderes en su institucionalidad.

Adelanto la trampa política del refrán aplicado: son los poderosos de turno quienes retienen el derecho a decidir “lo bueno por conocer” siempre que saquen rédito de esto o que aquello bueno por conocer no ponga en demasiado riesgo su lugar aventajado sobre el resto social.

También podría verificarse a quién sirve y para qué la hipótesis “Más vale malo conocido que bueno por conocer” en el ámbito de las relaciones conyugales con un ejercicio de crítica práctica: dar por cierto lo enunciado y aplicarlo a casos como por ejemplo el de violencia de género (dentro del hogar conyugal y fuera de él, entre partes de una pareja convivencial o que no lo fuera, incluso separados de hecho o de derecho).

¿Quién con excepción de los abusadores y femicidas puede hoy válidamente fundamentar que lo mejor que le puede pasar a la mujer abusada es que siga eligiendo mantener su relación con una pareja que la golpee, la maltrate y destrate física y verbalmente, ejerciendo sobre ella violencia psicológica, corporal o económica o las tres juntas? ¿A quiénes si no es a los abusadores les conviene que las mujeres así tratadas vivan su identidad como seres únicamente abusables sin derecho siquiera a imaginar lo bueno por conocer y, menos aún, a concretarlo?   ¿A quiénes si no es a los abusadores les conviene que las mujeres sigan eligiendo eso malo tan conocido en persona o por otros ejemplos similares del yugo de la degradación y de las secuelas que ésta deja? ¿A quién le beneficia si no es a los abusadores?

II.-

La violencia institucional juega su papel preponderante en la legitimación de la dinámica societaria necesariamente desigual en derechos, obligaciones y garantías. Para el caso, lo “malo conocido” que el refrán-mandato indica como la opción a ejercer, se reproduce bajo la experiencia vital del temor que atraviesa -también de manera desigualitaria- las clases sociales.

Lxs trabajadorxs conocen del temor a perder su fuente de ingresos provenientes del trabajo que realicen. El despido por causa de la participación gremial y /o política reivindicativa de derechos laborales -hoy, “derechos humanos”- está dentro del ideario de quienes sostienen las bondades del sistema clasista. El llamado “ejército industrial de reserva” se componía de la masa de trabajadores sin empleo que pugnaban por ingresar a uno, con lo que se disuadía a quien/es sí lo tenían, de provocar conflicto alguno a la patronal. Hoy se está reflotando el discurso del despido no indemnizable para seducir a inversores privados con menos escrúpulos éticos que pelos tenga un calvo en su cabeza. El capital tiene siempre a mano operadores extremos al modo del regreso de los muertos-vivos. Frente a ellos, los otros -moderados o más moderados por lo menos en sus expresiones de deseos- aparecen como “lo menos malo de lo malo”. 

Cuando se aplicó la ley de residencia a obreros extranjeros -socialistas, comunistas, anarquistas o con ideas afines y posible participación política en esas líneas-, ponía en las mujeres el rol disuasivo para con su pareja con el que posiblemente ya hubiera formado una familia, ya que -de ser aquél echado del país- ella y lxs hijxs quedaban aquí en un desamparo mayor.

La historia de los avances legislativos con reconocimiento de determinados derechos y garantías en el Estado capitalista muestra una lentitud pasmosa frente a las urgencias vitales padecidas por los sectores sociales vulnerados. Fue la exigencia actuada en las calles por tales sectores la que logró victorias tanto frente al poder de turno como frente a parte de aquellos sectores que, por su propia situación de clase, se comprometían con el ideario de la clase dominante. Crisis sistémicas y resistencias sectoriales tuvieron un corolario histórico en la oportuna alianza clasista por la que el capital aceptó una merma -entendida como “pérdida”- en su ganancia, mientras la clase trabajadora pagó los derechos que le fueron reconocidos con la pérdida de su ideario político revolucionario. El “Estado de Bienestar” en cualquiera de sus manifestaciones exhibe la materia de la que nace el refrán en trato en esta nota. El siguiente salvataje del sistema fue en los ‘70: la ofensiva de capital a través del terrorismo de Estado con el modelo neoliberal que se profundizó recuperada la institucionalidad democrática en 1983.

El endeudamiento público, el despojo, la soberanía desmantelada, la deslocalización de fuentes de trabajo y de mano de obra, las migraciones compulsivas, la deforestación y el envenenamiento de recursos naturales, las enfermedades y muertes evitables,  siguen siendo lo malo conocido. La mercantilización de la vida es parte de lo malo conocido por lxs desigualadxs, mientras la constitucionalización de los DDHH nos ponía expectantes de tal cambio jurídico en el marco de un modelo privatizador y ajustado a las leyes del mercado y de la arquitectura financiera internacional.  ..Las bases de una convivencia humana y no humana libre del temor y la miseria es definitivamente lo opuesto a una vida en la que nos sintamos compelidos a elegir lo malo conocido y no lo bueno por conocer. Ese criterio de selección de una opción política exhibe los niveles de frustración logrados previa y concomitante al tema y al momento de la referida elección. La frustración compulsiva aunada al imaginario de posibles aunque improbables cambios específicos beneficiosos para que los sectores populares desaventajados y desigualados dejen de serlo, compone ese territorio sobre el que se asienta el contenido del discurso y la práctica política de los grupos dominantes. Lo carismático, lo místico, así como el tema del aggiornamiento de las técnicas de dominación e ingeniería política integran las reflexiones sobre el tema en cuestión.

Decía que, obviamente, no logrado el consenso social o caído éste, es la violencia directa la encargada de seguir disuadiendo hasta las ganas de reconocer otras formas de organización social diferentes -por contrarias- a la hegemónica, de lo inoperante e ineficaz que es esa opción para la supervivencia posible…

La historia pasada, presente -y hacemos votos que la futura- se nutre de la práctica de la lucha por el empoderamiento sobre el propio cuerpo y la del cuerpo social -en lo que llamamos en pos de proyectos emancipatorios que redireccionen fuerzas frente a la que hoy es una crisis civilizatoria global en proporciones de catástrofe en la existencia planetaria. Esta es demasiado patente para seguir sosteniendo la opción por lo malo conocido como única eficiente. De allí la reivindicación y apoyo solidario a las resistencias porfiadas que se sostienen en Nuestra América a pesar y por sobre encarcelamientos, procesos judiciales y legislativos fraudulentos, golpes de Estado (“blandos”, de mercado, parlamentarios), desapariciones y asesinatos de líderes, estudiantes, gremialistas, o simplemente de personas que se manifiestan en la calle. La Argentina no es una excepción 

III.-

Emerge lo indispensable: que los y las trabajadores con empleo o sin él, los movimientos sociales, gremiales y políticos traccionen a sus referentes a definiciones políticas claras en cuanto a eludir la complacencia por beneficios sectoriales efímeros que no proveen modificación a la matriz productiva de bienes y sentidos. La preocupación por el margen de maniobra que tiene la democracia capitalista frente a la financiarización globalizada y al poder de los grupos concentrados no se resuelve con la dádiva caritativa ni reflotando idearios de supervivencia existencial acuñados en ideologías refraneras. Se necesitan espacios académicos en los que se estudie y debata desde un pensamiento crítico, el cual -por creativo, humanitario, solidario y antipatriarcal- necesariamente es anticapitalista.

Diseñemos otra historia opuesta a la actual del latrocinio, del despojo, de las prebendas, de las cínicas ficciones de igualdad y libertad, de la discriminación estigmatizante del capitalismo. Las luchas populares persisten como verdades incómodas para el poder. No necesitamos transformarlas en refrán ni en mandato, aunque puedan serlo. Aquí va una: “La verdad es una confabulación de los débiles para enfrentar sin armas a los poderosos. Los poderosos no necesitan de la verdad porque tienen armas” (de Friedrich Nietszche en “Así hablaba Zaratustra”).

Liliana Costante

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