La educación transnacional, una cuestión palaciega

La educación transnacional, una cuestión palaciega

27May22 0 Por Darío Balvidares

En la ciudad de Buenos Aires desde ayer se está llevando a cabo la III Reunión Regional de Ministros y Ministras de Educación de América Latina y el Caribe, pautada en dos jornadas, cuya finalización es hoy con la presentación de la Declaración Buenos Aires 2022.

La sede de la reunión es el palacio San Martín, emblemático ex palacio Anchorena desde que el gobierno argentino en 1936 decide comprar por 1.500.000 pesos a la familia representante cabal de la fantasía aristocrática vernácula, necesitada de fondos luego de atravesar la famosa crisis de 1930, en que sus negocios agroexportadores son golpeados por la Gran Depresión.

El hecho es el gobierno de entonces decidió poner la sede de la cancillería en los aposentos palaciegos, al que denominó palacio San Martín, donde actualmente funciona como sede de ceremonial de la cancillería, puesto que en 1993 el ministerio de relaciones exteriores tuvo un nuevo y moderno edificio.

La digresión descriptiva tiene relación semiótica con lo que sucede con la reforma educativa, en términos de analogía de dónde, quiénes y cómo.

Los ministros de educación de América Latina, vuelven a reunirse respondiendo a la organización realizada por la UNESCO, faro intelectual de la transferencia política de las decisiones nacionales al unicato global. 

Si se me permite, otra pantomima que funciona en dirección obligatoria hacia la desposesión absoluta de la educación pública, paradójica y perversamente en nombre de la educación.

La cuestión estriba en que los estados nacionales han delegado en la cofradía global, el pensamiento político sobre la educación, que sí necesita de una transformación, como lo necesita el país, una transformación que nos haga pensar otro país posible, vivible, respirable. Y esa transformación solo puede hacerse desde abajo, no desde las decisiones de palacio.

La pantomima se da cuando luego de dos días de reunión cuasi aristocrática un puñado de ministros, incluso el propio Jaime Perczyk, van a firmar una declaración que no hicieron, que no pensaron y que no escribieron. Porque en aras de la pertenencia colonial, el documento (borrador), que contiene la Declaración Buenos Aires 2022 ya está previamente confeccionado con todos los contenidos propios expresados en términos políticamente correctos, pero que merecen una lectura entrelíneas, para no ser ingenuos.

Porque el documento dice: “Agradecemos el trabajo desarrollado por UNESCO, UNICEF y CEPAL que en respuesta a las orientaciones del Comité Directivo Regional produjeron el Informe regional de monitoreo del ODS 4 – Educación 2030, un trabajo técnico riguroso que nos brinda evidencia sobre la situación educativa actual en la región”.

La UNESCO y la CEPAL  habían escrito y difundido en 1992 la “biblia” neoliberal de la “transformación educativa”, un extenso manual de la “modernización” del estado: “Educación y Conocimiento: eje para la transformación productiva con equidad”, ese documento profundizó y agudizó la carrera en el proceso de endoprivatización educativa y la entrada en escena de ong’s y fundaciones empresariales habilitadas por otro documento de  la UNESCO, “La educación encierra un tesoro”, también conocido como “Informe Delors” (1996). Son la misma UNESCO y la misma CEPAL.

El objeto de este artículo es mostrar cómo el avance de la reforma nos ha llevado a naturalizar que en el país haya 24 sistemas educativos, como reconoció el ministro Perczyk, y que la desnacionalización nos haya llevado a una dependencia absoluta de las decisiones de los organismos globales, tanto que estas reuniones son simplemente una mascarada de lo que ya está decidido previamente y sin discusión.

Lo que resulta innegable es que se convirtió en una política de estado, donde no existen, ni siquiera debates partidarios, en el caso argentino entre la coalición del Frente de Todos (FdT) que se define como nacional y popular y Juntos por el Cambio (JxC), la derecha que gobernó de 2015 a 2019 y, me atrevería a decir, muy poco debate al interior de los sindicatos, salvo los más combativos que exponen la desposesión de derechos laborales, vinculada al proceso reformista.

La reunión en el palacio San Martín, es una muestra más de los niveles de dependencia política, en el que ministros y ministras no son más que lenguaraces del “gran hermano” que toma las decisiones.

Decisiones que tienen como meta los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, sobre todo el 4, que es el relacionado con la educación y por el cual se comprometen, según la Declaración a “reducir la desigualdad social y educativa considerando que la educación es un Derecho Humano Universal  y un bien público social” para dar cumplimiento y asegurar “una educación inclusiva, equitativa  de calidad”, y “promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida y para todas las personas”, según se aspira en el ODS 4 de la agenda 2030.

Podríamos preguntarnos qué aprendizajes y la respuesta será, aquellos que permeabilicen “el desarrollo de las habilidades del siglo XXI”; entelequia emanada de la OCDE y sus recomendaciones, acordes a los intereses de las corporaciones empresariales.

Por supuesto que también quedó destacado el impacto de la pandemia y sus efectos como la desvinculación escolar, la visualización de la desigualdad social; aunque nada dijeron de la escasa inversión gubernamental en conectividad que también quedó de manifiesto en el efecto pandémico.

Temáticas que durante dos largos años afrontó el conjunto de la docencia, permanentemente criticado desde el  poder político, cierto espectro intelectual  y mediático, por sus reclamos por condiciones salariales y laborales.

Los mundos irreconciliables, una clase política dependiente de las decisiones de los organismos internacionales, por un lado y el trabajo en la base docente, por otro; la que sostiene el sistema para que la desigualdad no termine de desbarrancar a las generaciones presentes.

Las fantasías del futuro las escuchamos siempre, o acaso los ODS 2030, no son la reformulación de los Objetivos 2015 que a la vez son la reformulación de los Objetivos del Milenio; el tema es aquí y ahora, sin destacadas reuniones en palacios lujosos, que dan muestra de ostentación de un país que solo es vivible para unos pocos, con un 52% de niñxs y adolescentes por debajo de la línea de la pobreza.

En su participación en la reunión, el presidente Alberto Fernández, citó a la presidenta de Etiopía, “la educación es un servicio público que debe garantizar el estado”, esa noción de servicio público, es exactamente la misma que proponía la polémica Ley Federal de Educación que fue derogada y reemplazada por la Ley de Educación Nacional, en la que se pasó a hablar de bien público y posteriormente de derecho humano, sin embargo el concepto de servicio, sigue predominando porque es la concepción primigenia que plantea la mercantilización de la educación y de los sistemas educativos.

El estado pasó de impartir la educación a ser garante, por lo que de alguna manera  transfiere la acción educativa y aparece la idea de servicio; al igual que las empresas estatales, luego privatizadas, es decir que el estado garantiza la energía, pero no la provee, permite que una empresa privada tome rentabilidad de un servicio básico y entonces el gas y la luz se transforman en mercancía. Lo mismo sucede con la educación.

Sin embargo dice el presidente que “las sociedades más ricas son las que han desarrollado el conocimiento, la ciencia y la tecnología” y agrega que el desarrollo de la educación, la ciencia y la tecnología es fundamental para “tener sociedades capaces de integrarse en un mundo globalizado que compite por el conocimiento  (…) porque para promover las mejores cabezas, las mejores inteligencias, no podemos dejar esto en manos del mercado, no es un problema de mérito, el mérito aparece entre personas que tienen las mismas condiciones (…) igualar para aprender…”.

Es cierto que hay que “igualar para aprender”, sucede que la escuela es el vector que expone más la desigualdad social, pero no es la encargada de solucionar un tema que va más allá de las acciones escolares y que con las habilidades del siglo XXI, lejos de solucionarse se profundiza, porque no se puede hacer un discurso sobre la “igualdad”, como un objetivo futuro. Es el aquí y ahora y no justamente con las herramientas y dispositivos que ofrecen los organismos del gobierno global, las políticas focalizadas.

Es de mucha importancia la ciencia y tecnología, pero para qué, porque tal como los medios de producción y de la comunicación, está al servicio del capital. Entonces, no sería importante, también, reformular su uso para dejar de ser un país primario.

Por último, el presidente dice “…no podemos dejar esto en manos del mercado…”.

Señor presidente, la educación es otro mercado, cotiza en bolsa, tiene grupos de inversión, privados y globales como el Banco Mundial, la fundación Bill y Melinda Gates, aliado de la propia UNESCO;  la editora Pearson PLC y sus negocios millonarios con las pruebas PISA.

Inicia Educación es un fondo de inversión, que forma parte de la Coalición Latinoamericana para la Excelencia Docente, la red de más de 14 países que reúne académicos, gestores de políticas públicas, docentes y directivos de fundaciones gracias a la iniciativa de El Diálogo Interamericano  y la Fundación Varkey con el apoyo de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). Apenas un pequeño ejemplo del mercado educativo y su funcionamiento.

No se puede, con todo respeto, Sr. Presidente, pretender transformaciones que apuntalen y deconstruyan la educación pública, sin igualdad social, tercerizando las políticas públicas en organizaciones de derecho privado, de la mano de los obsoletos organismos internacionales de mediados del siglo XX y sus políticas coloniales, sin lxs docentes y por sobre todo, no hay transformación posible si esa transformación sigue la lógica del neoliberalismo en particular y del capitalismo en general.

La prueba más fehaciente de la colonialidad del poder es firmar una Declaración final de la reunión, que ya está elaborada antes de las intervenciones ministeriales, otra farsa palaciega.

Darío Balvidares

Foto destacada: Presidencia

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