Acerca de judíos laicos y no sionistas

Acerca de judíos laicos y no sionistas

7Jun22 0 Por Daniel Campione

Un libro sobre las escuelas sostenidas por una federación de entidades culturales judías que va más allá, con consideraciones generales sobre los judíos de izquierda y se detiene en un estudio particular acerca de una de las muchas instituciones que supieron construir.

Nerina Visakovsky

Argentinos, judíos y camaradas: tras la utopía socialista.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Biblos 2015

306 páginas.

Esta obra remite a un entramado de historias: La de la colectividadj judía en Argentina, la del partido comunista, la de ciertas persecuciones anticomunistas y antisemitas. Pero se detiene en un punto en particular: La historia del ICUF (Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina), entidad que existe hasta el día de hoy y supo albergar a miembros de la colectividad que se autodefinían como “progresistas”.

Sostenían una orientación laica, crítica de la sociedad capitalista, vinculada a la defensa de la Unión Soviética y a las perspectivas políticas del partido comunista en nuestro país. A esta mirada general se sumaba la defensa y el cultivo de la lengua idish. Se entendía a ese idioma como basamento de toda una cultura traída por migrantes europeos y destinada a arraigar en estas tierras. Y como sustento de una identidad que complementara la raigambre judía con la pertenencia al país en el que desenvolvían sus vidas.

El Partido Comunista supo tener en su mira el trabajo con la colectividad, que incluyó la conformación de órganos específicos para la tarea en su seno, como la “comisión israelita”. Uno de sus responsables, Rubén Sinay, tiene amplias menciones en el transcurso del libro. Muchxs de esos militantes combinaban el trabajo constructivo en el movimiento social con ciertas estrecheces dogmáticas. Otrxs supieron incorporar miradas más amplias, y atentas a los cambios que experimentaba la sociedad argentina y los representantes de las nuevas generaciones.

Se toma registro en el libro de ciertas discrepancias en las tomas de posición entre los militantes del ICUF y la línea comunista oficial. Por ejemplo respecto al peronismo, acerca del cual sostienen una mirada más severa que la partidaria. Y con especiales críticas hacia los sectores de la comunidad judía que se sumaron a la causa justicialista o pretendieron una mirada neutral, como las grandes instituciones del tipo de la AMIA y la DAIA.

La mirada historiográfica que sostiene al texto posee asimismo asiento en una reivindicación: La historia de los llamados “judíos progresistas” quedó relegada a menudo frente al hegemónico sionismo, lo que redujo su tratamiento en las obras históricas a referencias breves e incidentales. La recuperación de sus modos de vivir y de pensar, y en particular de su manera de entender la utopía socialista que realzaba sus recorridos es un objetivo central de la obra.

El libro nos trae una mirada de rescate de aquellos sectores de la comunidad judía que se formaron en la disidencia franca respecto a las posiciones sionistas primero, y a la crítica firme a las políticas del Estado de Israel después. Una información que puede llegar a sorprender es que durante un buen tiempo las instituciones judías no sionistas, tanto las de alineación con el comunismo como las socialistas del Bund, tuvieron más influencia y afiliados que aquéllas.

Una enseñanza diferente y sus dificultades.

Dentro de la trayectoria de las numerosas entidades que adhirieron al ICUF, la investigadora da prelación a las actividades pedagógicas, expresadas sobre todo en un sistema de escolaridad que no se pretende desarrollar en contraposición a la escuela pública, sin dejar de aportar un enfoque a veces confluyente, crítico en otras ocasiones, frente a los conocimientos impartidos en la educación oficial.

Lo que no impide que dé una mirada al variado espectro de iniciativas, desplegada en realizaciones periodísticas, teatro, publicación de libros y una amplia gama de actividades culturales.

Las escuelas idish procuraron desarrollar una enseñanza de avanzada. Por sus contenidos, diversos y aún contrarios a los de la educación estatal, y enaltecedores de los comportamientos solidarios y de los ideales socialistas. Y en sus métodos, reacios a las disciplinas más rígidas. Y facilitadores de la participación activa de padres y alumnos en la vida escolar.

Tallaba en ese punto la influencia de una cultura europea de izquierda que los migrantes trajeron consigo al país. Que se entrelazaba con las tradiciones pedagógicas argentinas, en una secuencia que partía del normalismo del siglo XIX, exaltaba la figura de Domingo Faustino Sarmiento y se actualizaba con el pensamiento marxista con ecos positivistas de Aníbal Ponce.

La organización de escuelas a contraturno, “complementarias” de la enseñanza en las escuelas públicas, cuya defensa se asumía en plenitud y a las que se propiciaba que sus alumnxs concurrieran, fue la modalidad educativa elegida. Esas escuelas fueron también reservorios del idish, si bien progresivamente incluyeron y luego adoptaron el castellano en su enseñanza.

De cualquier manera el idish formó parte de la diferenciación y las actitudes de combate frente al sionismo, al oponerse al hebreo moderno que se convirtió en la lengua oficial del estado israelí.

Los debates en torno al Estado de Israel y el auge renovado de las corrientes sionistas, colocó a los judíos agrupados en el ICUF ante un imperativo de creciente urgencia: La defensa de la tradición internacionalista frente al nacionalismo en avance.  Y la contraposición de una cultura laica frente a las corrientes que pretendían asociar por completo la identidad judía a la fidelidad al estado sionista, al seguimiento de los preceptos religiosos, o mejor, a la suma de ambos.

La autora fundamenta la idea de que supieron defender sus convicciones, pese a la desigualdad flagrante en materia de protecciones poderosas y disponibilidad de recursos. Los icufistas trataban de contrapesar ese poderío con trabajosas colectas y actividades sociales “a beneficio” de las escuelas y de los demás emprendimientos que llevaban adelante. Y así lograron sostenerlos mucho tiempo. El ICUF supo tener su propia organización femenina y una agrupación específica para los jóvenes, extensiones de su actividad que les dieron más herramientas para enfrentar las circunstancias hostiles.

Mujeres del ICUF, en una marcha reciente.

Las autoridades estatales argentinas, sobre todo en los períodos más reaccionarios, hicieron sentir su peso sobre las escuelas “progresistas”, al condicionar sus acciones educativas y propiciar su desprestigio, acusándolas por la orientación comunista de sus acciones. Supieron también prodigar el amplio repertorio de obstáculos que las diversas burocracias estatales suelen oponer al paso de iniciativas cuestionadoras.

Y los ataques por parte de agrupaciones “nacionalistas” que asociaban su anticomunismo al antisemitismo furibundo, hicieron blanco más de una vez en sus instituciones.

El acaecer del genocidio plasmado por los nazis había constituido un enorme revulsivo, que le dio un nuevo significado a la defensa de la cultura judía y sus portadores, que emergían ahora como sobrevivientes de la masacre. La posterior fundación del Estado israelí agregó por su parte una nueva complejidad, sobre todo en la medida en que dicha entidad política se colocó del lado del “mundo libre” en la guerra fría, con definidas posiciones antisoviéticas.

El devenir de la URSS en los últimos tiempos de Stalin constituyó otro dilema para los icufistas, que debieron lidiar, entre negaciones y perplejidades, con el hecho de que muchxs judíos sufrieran represión en la “patria del socialismo” y en las recientes “democracias populares”, en particular en Checoslovaquia.

Los icufistas fueron excluidos de los organismos de la colectividad en 1952 y debieron desenvolverse sin amparos suprainstitucionales ni subsidios. Su distanciamiento del estado israelí y la persistencia de su apoyo a la URSS fueron cuentas que les hicieron pagar.

No dejaron por eso de empujar con fuerza el desarrollo de sus escuelas, lo que incluyó incorporar otros niveles de enseñanza, como los jardines de infantes y la formación de sus propios maestros.

Villa  Lynch y el Peretz: La pequeña historia bajo grandes impulsos.

En la última parte de su investigación la autora se proyecta al plano de la historia local.  Antes de ingresar en su objeto más específico de interés brinda un útil pantallazo sobre la comunidad judía de Villa Lynch, configurada en torno a la industria textil. Llegada a este punto Visacovsky trasmite una cercanía no sólo intelectual sino afectiva hacia su objeto de estudio. Esa localidad del municipio de San Martín es para ella un ámbito de procedencia e identificación a cuyo rescate ha partido a través de un estudio minucioso, centrado sobre todo en el rastreo de fuentes primarias y entrevistas.

 Describe a Villa Lynch como un hervidero de diferentes tendencias de la comunidad judía, en torno a las cualess sostenían y organizaban su vida, en una coexistencia no exenta de antagonismos.

Señala un proceso de ascenso social que convirtió en pequeños o medianos patrones a quienes se iniciaron como obreros del ramo. En muchos casos esos recientes empresarios no renunciaron a su pertenencia al ICUF ni a su militancia comunista. Quedó allí planteada la contradicción, que se referencia en el libro, de una sección de un partido de vocación obrera en gran medida conformado no por trabajadores sino por empleadores de trabajo asalariado.

Aborda dentro de ese ámbito a una de las instituciones más significativas en la trayectoria del ICUF, el centro cultural y deportivo “Isaac León Peretz” de Villa Lynch. Se centra en la actividad educativa que se desenvolvió en su seno, en la escuela del mismo nombre. Lo que va acompañado por referencias a sus otras actividades culturales y deportivas, encuadradas en un importante club en cuya recuperación supo estar empeñada la autora del libro hace unos años.

Sigue la evolución de su proyecto educativo, que recorre un derrotero evolucionista, que poco a poco va reemplazando la escuela idishista por una formación progresivamente más informal, asentada sobre la recreación, los talleres artísticos y los deportes. Recogían así los intereses y anhelos de una generación ya nacida en Argentina, con mayor nivel de integración en el país.

Se fueron desenvolviendo actividades básicamente en castellano, que tenían en el kinder club y en el jardín de infantes sus centros de irradiación. Los que atraían un número mayor de familias. Las que tenían la posibilidad de discutir en reuniones y asambleas los problemas de la escuela.

En este libro hay muchos nombres de personas, a modo de recordación de protagonistas de la construcción y la defensa del “judaísmo progresista”. Dedica espacio en particular a la trayectoria de la pareja formada por Tzalel Blitz, presidente del ICUF durante más de una década y director de la escuela Peretz; y su esposa Leike Kogan, maestra, activista de la organización femenina, y directora de la colonia Zumerland, una institución no escolar, formativa y recreativa para los jóvenes.

Son muchxs otrxs los mencionados, en particular maestrxs que supieron entregar parte de sus vidas a la causa de esa peculiar modalidad educativa. E intelectuales que transitaron entre el idish y el castellano, cuyas actividades fueron desde el dictado de conferencias a traducciones que comenzaron yendo del castellano al idish para luego seguir el camino inverso.

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El trabajo de Nerina Visacovsky plasmado en este libro ha sido una tarea de muchos años. Se nota en el transcurso del texto la conjugación entre la investigación rigurosa y la implicación personal con el objeto de estudio. Es difícil tomar distancia cuando se elabora una materia que está cruzada por afectos y recuerdos. Cuando se consigue hacerlo, el compromiso íntimo se torna un activo más para dar profundidad y precisión al trabajo. Toda la obra es un reflejo de ese logro.

Terminada la lectura sobreviene la sensación de que se ha aprendido mucho. Acerca de los argentinos de ascendencia judía y sobre la cultura política de lxs comunistas de nuestro país. Y a propósito de una experiencia que, con los claroscuros que acarrean todas ellas, nos habla del sueño persistente en formar a niñxs y jóvenes para una sociedad diferente, no basada en la desigualdad y la explotación.

Daniel Campione en Facebook.

@DanielCampione5 en Twitter.

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