El falso paroxismo educativo

El falso paroxismo educativo

10Jun22 1 Por Darío Balvidares

Frente a las múltiples y complejas coyunturas en educación y a su fragmentación en 24 sistemas, según reconoce el propio ministro nacional, Jaime Perczyk, es hora de pensar  la deconstrucción sistémica y pedagógica que desplace a la endoprivatización creciente.

El acuciante  marco socio-económico actual, no es muy distinto del que estamos acostumbrados en un sistema regido por los cánones de la economía al servicio de las corporaciones empresariales que traman nuestro destino.

La conflictividad social no deja de ser una constante, producto de la alta inflación, de la remarcación de precios que la fomenta y de la precarización laboral y/o la falta de trabajo y de un gobierno nacional que tiene a la derecha como enemigo en el discurso pero sigue lógicas similares.

Las protestas de los movimientos sociales son la clara y distintiva señal de que el anunciado “crecimiento” de la economía es un espejismo para lxs trabajadorxs, cuanto más para lxs desocupadxs, que además sufren la represión, como sucedió ayer en el  emblemático puente Pueyrredón, por parte de la policía de la Ciudad, que responde al gobierno de Juntos por el Cambio, y la prefectura naval, que maneja el ministro de seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, (Frente de Todos) que  en lugar de hacer su trabajo en el contralor fluvial y marítimo para perseguir el contrabando y el saqueo pesquero, reprime desocupados y trabajadores precarizados.

Es el contexto en el que sabemos que más del 37% de la población está por debajo de la línea de la pobreza, según el INDEC, y si pasamos al desagregado de niñxs y adolescentes, el número trepa a más del 51%.

Ese es el marco más o menos sostenido desde hace años, donde la falta de expectativas se convierte en moneda corriente y en reclamos permanentes al  gobierno nacional y a los provinciales, que en la mayoría de los casos responde con represión y discursos de disciplinamiento donde la grieta política no existe, como acabamos de describir.

En estos últimos días, sólo para ejemplificar en lo que nos toca en esta nota sobre la naturalizada fragmentación sistémica de la educación, la noticia con la llegada de los fríos más intensos, fue que en la provincia de Buenos Aires, más de 350 escuelas continúan sin gas, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires alrededor de 200 edificios escolares tiene problemas de gas, entre la falta de infraestructura necesaria o los mantenimientos deficientes, producto de la desinversión creciente a la que el gobierno de la Ciudad nos tiene acostumbrados cuando de educación pública se trata.

A esto podríamos sumar las protestas sindicales por la depreciación salarial permanente así como por los actos reformistas que van desde despidos masivos de docentes interinos y suplentes, como sucede en la provincia de Corrientes con miles de cesantías por una resolución del consejo general de educación que dejó sin efecto designaciones en interinatos y suplencias que se realizó entre el 2020 y 2021.

Al mismo tiempo que el propio Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Corrientes (Suteco), también denuncia la maniobra que se propone con un proyecto de ley que pretende un concurso cerrado para cargos jerárquicos, de manera que lleguen a la titularización directiva, docentes afines al gobierno. Algo que también se intenta en CABA, que ya reformó el estatuto contra la voluntad de lxs trabajadores de la educación.

El fuerte debate en Neuquén por la reforma de la escuela secundaria, que parece no rosar a la educación privada, lo que manifiesta el sesgo de desigualdad que profundiza la escuela en cuanto a saberes y contenidos es otro de los focos de conflicto.

El panorama se agranda con los paros por mejoras salariales que se realizan o realizaron en las provincias de San Juan, La Rioja y Chubut, recientemente, donde los sueldos continúan anclados por debajo de la línea de la pobreza, como en el resto de las jurisdicciones que conforman los 24 sistemas educativos que funcionan en Argentina.

Solo unas muestras para ilustrar la “importancia” que releva la educación de la que funcionarios de todo color político parecen preocuparse con sus discursos públicos rayanos con el paroxismo.

La distancia entre la dirigencia política y lxs trabajadxres de la educación se expone de manera semiótica como cuando se realizó la reunión del Consejo Federal de Educación en Ushuaia para realizar otro “Acuerdo ”, además de anunciar la propuesta de 1 hora más de clase y firmar una declaración que no pasa de un papel burocrático. Esa actividad interministerial se realiza en el marco de un paisaje imponente y habitaciones de más de más de 20.000 pesos por noche en el hotel La Hayas, seguramente muy bien calefaccionadas, como lo dijéramos en una nota anterior en este portal.

Sería importante transparentar el dispendio que significan esas reuniones que bien podrían realizarse a través de una plataforma y con esos dineros públicos asegurar la infraestructura necesaria para un mínimo confort en las aulas.

El ministerio nacional publicita los millones que invierte en un convenio con “Familia Grande Hogar de Cristo” con  una inversión de $42.027.956 para una nueva iniciativa que busca la revinculación para estudiantes que se hayan desvinculado de la escuela, ese convenio se enmarca en el programa “Volvé a la Escuela”, al que ya le destinaron  5.000 millones de pesos y lograron que se revincularan 302.000 estudiantes, según el ministro Perczyk.

¿Por qué el ministerio de educación terceriza su trabajo en organizaciones no gubernamentales o en fundaciones? En este caso vinculada a la iglesia católica. Poco más de 42 millones de pesos que salen de los dineros públicos, seguramente de créditos internacionales como lo venimos mostrando, a una entidad privada, en lugar de generar los dispositivos directamente en las escuelas.

No solo no hay desvinculación de las políticas coloniales de educación reafirmadas durante décadas con los obsoletos y conservadores organismos internacionales, sino que los dineros que ingresan vía créditos se reparten en convenios con ong y fundaciones  empresariales o religiosas, que además se relacionan con otras entidades como bancos o universidades privadas.  

A pesar de estas transferencias millonarias en convenios que se realizan desde los ministerios de educación buscando “soluciones” que nunca darán resultado, la evidencia es que además del abandono escolar, producto de la exclusión social, (pandemia mediante o no), el otro problema es la promoción en el secundario que se reduce al 50% de los que empezaron primer año y en algunas jurisdicciones a poco más del 30%. Eso es la desvinculación, las necesidades de salir a buscar el sustento para ayudar a la familia.

Pibes y pibas montados en una bicicleta y una caja en la espalda con comida que no van a comer, con ilusiones que van desapareciendo detrás de cada pedaleada; mientras el CFE se junta en un hotel de Ushuaia y la reunión con ministrxs latinoamericanos se hace en un palacete de la Ciudad de Buenos Aires para firmar un documento que ya estaba elaborado previamente en consonancia con lo políticamente correcto para la mirada del poder colonial.

La políticas reformistas han tercerizado la educación, la vaciaron de sentido, responsabilizan a la escuela y sus docentes de la propia crisis que han creado con la fragmentación en 24 sistemas educativos que no responden ni a las mínimas demandas de condiciones laborales, ni salariales. Que hasta en el distrito más rico (CABA) falta gas  y mantenimiento de infraestructura, además de creación de escuelas por la falta de vacantes, que a esta altura de las cosas es una constante histórica.

El sistema es un despojo de fragmentos, las políticas son eficientes para la endoprivatización en progreso permanente. La exclusión social no la puede encubrir la escolarización porque eso es más perverso aun y ni siquiera funciona, porque lxs pibxs no están en la escuela.

El paroxismo educativo es directamente proporcional al paroxismo político, fingen una monumental preocupación social y económica, pero las políticas de desposesión se afianzan, parece ser más importante transferir dineros a entidades privadas con intereses muy marcados, que disponerlos donde se necesita con los dispositivos adecuados.

La deconstrucción sistémica se transforma en un imperativo que debe pensarse en la acción de un amplio congreso pedagógico que tenga como punto de partida la renacionalización de la educación en un sistema plural gobernado por un consejo federal de educación que surja desde las bases docentes, por escuelas, por distrito, y por jurisdicción. Sería el principio de democratización de sistemas autoritarios, verticalistas y por supuesto, obsoletos y el reemplazo del mercado educativo por una nueva organización social, política y pedagógica.

Darío Balvidares

Imagen destacada: Izquierda Diario

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