¿Adelante, radicales?

¿Adelante, radicales?

12Jun22 0 Por Daniel Campione

En los últimos días se asistió a una reyerta entre Mauricio Macri y el gobernador de Jujuy Gerardo Morales, a propósito de declaraciones del primero, críticas hacia la figura de Hipólito Yrigoyen.

Macri afirmó en un encuentro de fuerzas liberales que había que “luchar contra el populismo en forma global” y precisó que esa corriente “se originó en Latinoamérica y tal vez en Argentina es donde arrancóprimero con (Hipólito) Yrigoyen y después con (Juan) Perón y Evita (Duarte de Perón).

El presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), Gerardo Morales, se enfadó con el expresidente por haber tildado de “populista” a quien fuera durante décadas líder indiscutido del partido, y el primer radical en llegar a la presidencia de la nación.

En la carta abierta que le dirigió a Macri declaró: Yrigoyen fue quien inauguró la democracia en la República ArgentinaFue también el primer presidente democrático derrocado por el primero de muchos golpes de Estado que sufrió nuestro país el siglo pasado, hecho histórico indiscutible que, supongo, vos y yo repudiamos”

Lo acusó de además de”…sucumbir a la tentación de subirse a modas efímeras que solo acarrean más destrucción”, y lo desafió a expresar concretamente si su intención es romper Juntos por el Cambio (JxC) para buscar un acuerdo con sectores de la extrema derecha antidemocrática.

No es esta la oportunidad de discutir en detalle la épica de Yrigoyen como gran demócrata. Sí la de recordar que durante su primer período de gobierno tuvieron lugar dos de las peores masacres contra el movimiento obrero, consumadas por fuerzas dependientes de las autoridades nacionales.

Macri no es un dirigente preocupado por la historia ni por las tradiciones. Es probable que sus declaraciones antiyrigoyenistas se relacionen más con la voluntad de tomar distancia creciente de la UCR que con el propósito de hacer una lectura histórica.

De todos modos, con mayor o menor grado de conciencia ha repetido un leitmotiv de la derecha más rancia de nuestro país: La entronización del “orden conservador” que imperó hasta 1916 como la época del “gran país”, una sociedad próspera y en avance que se habría difuminado luego bajo los embates de la “demagogia” y el “estatismo”, iniciados luego del acceso del radicalismo al gobierno.

El actual avatar del expresidente se asienta en la creencia de que ha llegado la hora de la derecha pura y dura, y que él puede cabalgar mejor que nadie sobre esa tendencia. Hasta el momento lo que ha conseguido es volver al centro de la escena mediática, mejorar sus resultados en las siempre dudosas encuestas y hasta poner en circulación la factibilidad de una nueva postulación presidencial de su parte.

Es legítimo conjeturar que entre sus deseos esté el de modificar la política de alianzas, de modo de disminuir la ligazón con el radicalismo y reunir a todas las derechas. El partido centenario debería resignarse a seguir en un segundo nivel, sin posibilidades de disputar con éxito la hegemonía al interior de la alianza.

Sin duda a todo eso quiso aludir el dirigente radical al emplazarlo a sincerar su propensión a entenderse con la ultraderecha. Los “libertarios” son hoy la piedra del escándalo más que nunca antes.  Javier Milei alimenta sus rasgos disruptivos con su defensa de la portación de armas y hasta del tráfico de órganos como “un mercado más”. Macri ha dicho hace poco que sus ideas son las del diputado. Y es probable que allí haya más franqueza y reencuentro consigo mismo que oportunismo electoralista.

En los cálculos del fundador de Cambiemos anida la convicción de que hay sólo dos formas de encarar con éxito el fenómeno “libertario”. Sumarlo a una entente de más definida vocación derechista que la actual de JxC, o bien competirle con un discurso ultraliberal en economía y de “mano dura” en materia de represión a los movimientos sociales y “combate contra el delito”.


Gozos y padecimientos en el interior de JxC.

La UCR ha ratificado hace poco su pertenencia a la coalición de derecha porque “en la confluencia de partidos democráticos y republicanos es donde radica la posibilidad de darle un mejor futuro al país. Somos un Partido cuyo despliegue territorial garantizará una nueva alternativa de cambio y de transformación”.

Allí radica una falla fundamental. PRO no puede considerarse un partido “democrático y republicano” ya que funciona como una correa de trasmisión de los intereses de los sectores empresarios más concentrados. Y asimismo como un vocero de las creencias más retrógradas en el seno de la sociedad. Esto último amenazado ahora por las insuperables profesiones de fe reaccionarias del diputado por “La libertad avanza”.

Tanto Mauricio Macri como la presidenta de PRO Patricia Bullrich, se acercan a Milei por dos órdenes de razones. La primera, poner un tope al avance del economista y legislador nacional. La segunda, la íntima comunidad de ideas con el “ultraliberalismo”, que los coloca más cerca de esa corriente que del aliado radical.

Impulsados a proclamar “desarrollismo” y respeto a un rol activo del Estado para ganar las elecciones presidenciales de 2015, esa máscara se fue cayendo durante el transcurso del gobierno de Cambiemos.

Y ahora es arrojada bien lejos, con el cálculo de que la sociedad ha girado a la derecha y que hay sustento de sobra para dar rienda suelta al deseo de privatizarlo todo y a la aversión hacia lxs pobres, vistos como partidarios sempiternos del “populismo” y por tanto peligrosos.

La UCR por su parte cree vivir un momento de recuperación, de reasunción de identidad. Concretamente, de posibilidades ciertas de disputar con éxito una interna de JxC.  Los radicales pretenden dejar de ser “furgón de cola” de sus aliados neoliberales y generar una propuesta robusta, que los acerque al caudal de votos que sabían conseguir antes del derrumbe del gobierno de Fernando de la Rúa.

A sabiendas de que le faltan títulos para “correr por derecha” a Macri, Patricia Bullrich o Miguel Ángel Pichetto, su propuesta no puede ser sino “centrista”. Incluso con el rescate de la filiación socialdemócrata impresa al partido en el largo período de liderazgo de Raúl Alfonsín.

Hoy parte de sus integrantes han contribuido a “inventar” un candidato sin mayores puntos de contacto con la escalada derechista. Facundo Manes da un perfil de hombre venido de fuera de la política, que es crítico de la coalición opositora desde un enfoque moderado. Y además cuestiona el papel de la UCR en su seno, entre otras cosas por no haber parido una coalición de gobierno auténtica sino un gobierno de PRO con su apoyo sobre todo parlamentario.

La imagen de Manes es “consensualista” y apunta a la ampliación de la alianza hacia el “centro” cerca de la línea que, con decreciente grado de convicción, sigue Horacio Rodríguez Larreta en PRO.

Discrepancia y consenso.

En su momento la coalición con el macrismo le sirvió a lxs radicales para mejorar su cosecha de cargos (objetivo siempre central para el centenario partido) y retomar con algo más de bríos su presencia en la escena pública. No le dio réditos en cuanto a coherencia y prestigio. Y no le fue permitida una presencia en la gestión de gobierno que le facilitara reverdecer laureles en el rol de partido gobernante.

Como explicamos más arriba, una parte de PRO se siente cómoda con la presunta ola de derecha que estiman les permitirá proyectarse como salvadores tras lo que prevén será un cercano descalabro de la gestión del Frente de Todos. Aprecian poco el entendimiento con los radicales.

Otra, la alineada sobre todo con Rodríguez Larreta, ve en peligro su discurso de amplitud, acompañado con la proclamada intención de gobernar con el apoyo del 70% de la ciudadanía. De ocurrir un alejamiento del radicalismo, su propuesta podría quedar más debilitada.

En lo que sí hay consenso, tácito o expreso, entre radicales y en el interior de PRO, es en situarse a la derecha del “populismo” que aborrecen. Y en la necesidad de reformas orientadas al “mercado” por más que discrepen sobre la velocidad y los ajustes de detalle para las mismas.

Mientras tanto se cierne sobre la sociedad argentina la oscura perspectiva de un nuevo turno derechista a partir de 2023. Lo seguro es que el gobierno actual, que con los matices del caso, aspira asimismo a congraciarse con el poder económico, no está calificado para detener la ola conservadora.

Daniel Campione en Facebook.

@DanielCampione5 en Twitter.

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